Partimos de Linz sin pena ni gloria toda vez que por la mañana continuaba lloviendo y aunque hubiésemos querido conocer aunque solo un poco de esta ciudad era imposible. La carretera hasta la frontera con Hungría era toda autovía pero en continuas obras que dejaban un solo carril por sentido y encima estrecho, menos mal que dejó de llover un poco antes de la frontera y se quedó una mañana realmente espléndida.

Ya en elpuesto fronterizo la caravana de coches era bastante importante, por un lado antes tenías que dejar el coche aparcado, dirigirte a una caseta donde te venden a un precio bastante asequible, la VIÑETA que no es otra cosa que una pegatina para el cristal que te habilita poder utilizar las autopistas sin pagar. Una vez obtenida y puesta tienes que volver a la cola para que la policia te revise la documentación tanto de las personas como la del coche, generalmente suelen extenderse más en este menester con los coches de la europa del este y con los italianos, hago este comentario porque en las cuatro veces que hemos pasado la fontera húngara hemos observado lo citado, mientras que a nosotros con solo eneseñar el DNI era suficiente.