Como se ha dicho anteriormente tomamos la E-10 hasta Överkali para desde allí continuar por la 392 dirección a Pajala. Sabíamos que estábamos próximos a atravesar la línea imaginaria del Círculo Polar Ártico, cosa que sucedió a los 20 ó 25 kms. de Överkali.

A diferencia de otros sitios que hemos estado, donde se atraviesa esta línea y en los se ha montado un verdadero circo de tiendas de regalo, este punto se encuentra totalmente abandonado. La soledad es inmensa y el silencio absoluto, solamente existen unas cuantas cabañas en estado de semiruina y una pequeña granja. La sensación que tuvimos fue de una enorme alegría, habiamos llegado hasta este punto por nuestros propios medios.

Unos kilómetros antes de llegar al punto anterior, era hora de comer algo pues ya serían las dos de la tarde paramos en un lugar cuyo entorno era paradisiáco, en medio de un gran bosque y por la carretera ni un sólo coche, el cielo limpio de un azul intenso y sin apenas nubes. Tan sólo un coche ocupaba una de las plazas del gran aparcamiento. La apariencia era un poco inusual para un restaurante pero como teníamos hambre decidimos entrar. El conjunto del sitio lo constituía unas tres cabañas, en la principal colgaban de sus paredes algunos objetos de souvenirs y las otras dos, una era una cabaña de pescadores y otra una pequeña capilla. En ambas estaban en el porche barcas y artilugios antiguos que representaban épocas pasadas.

En cuanto al restaurante en sí, aún me acuerdo que a la derecha nada más entrar estaba una pequeña barra donde tenías la pequeñísima carta que ofrecían. Constaba solamente de hamburguesas, perritos y pizzas de las que te venden en los supermecados. En estos momentos piensas que más vale poco que nada así que nos adentramos en el pequeño comedor. Mesas con manteles de plástico a cuadros y bancos de madera era todo el lujo que podías obtener.

El marco era algo digno de ver, lo de comer ya pasó a segundo plano. Los objetos antiguos de colección para su venta en una habitación contigua junto con algunos animales disecados y el café en una cafetera de las antiguas te hacían olvidar el apetito que pudiéramos tener.

Teniendo en cuenta esto y auqnuem no se pretenda comer, este lugar de verdad merece una visita especial y si un día tenéis la oportunidad de viajar por estas tierras, no dudéis en parar pues merece la pena. Contemplar estos sitios es una de las ventajas de viajar en coche y perderte.

Por fin llegamos al complejo de RCI que teníamos asignado "Holliday Club Ylläs". Como de costumbre fuimos a la recepción a coger las llaves y nos dirigimos a la cabaña que nos habían asignado. Como era sábado por la tarde el supermecado existente estaba cerrado y nos tuvimos que conformar para la cena con un poco de pan congelado y embutido comprado en el "Kioski" existente a la entrada del pueblo. Se trata de una pequeña tienda en la que se pueden conseguir algunos alimentos y bebidas no alcohólicas a un precio bastante elevado. Pero menos es nada.

La cabaña en cuestión era una sola dividida por la mitad. En la planta baja se encuentra el dormitorio principal, el WC, la sauna, el salón con chimenea y televisión, la cocina y el habitáculo de la impresionante secadora y en la planta superior una especie de otro salón abuhardillado, con televisión, un tresillo y unas colchonetas a tipo de camas.

Tan solo un inconveniente, en lugar de la sauna que no dudamos de su utilidad, hubiesemos preferido otro WC para un caso de apuro. Es incompresible que la ducha situada frente al innodoro no tenga mampara, es decir que si alguien se está duchando y otro quiere orinar es misión imposible ya que terminaría empapado por el agua de la ducha.

Sin duda alguna la iglesia de este pueblo constituye una de las construcciones eclesiásticas más extrañas o singulares de las que hemos visto hasta el momento, poseyendo además la singularidad respecto a otras vistas en Finlandia que no tiene adosado a uno de los laterales la torre pareciendo un silo.

Del interior nada se puede decir toda vez que en los días que estuvimos nunca la vimos abierta.

Durante los 11 días que estuvimos aquí tuvimos la visita diaria de nuestros amigos las ardillas y los renos, sobre todo las primeras a las que acostumbramos a dejarlas en la terraza comida, pan, pistachos y galletas redondas Fontaneda.

Es digno de ver como con estas galletas se las apañaban para girarlas con sus pequeñas patas hasta encontrar el borde y empezarlas a comer.

En los renos es curioso el observar su desgarbado caminar y su inmensa tranquilidad. Su parsimonia llega a límites exagerados. Te puedes encontrar en el medio de la carretera con un solitario o con un pequeño rebaño, que de cualquier manera no se quitaran hasta que no lo consideren oportuno. Puedes hacer sonar la bocina, hacer ruidos o lo que se quiera que no se irán, excepto los más jóvenes que al no estar acostumbrados a los vehículos salen corriendo.

El pueblo como el complejo se encuentran situados a orillas de un precioso lago. Uno más de los 184.000 que tiene Finlandia. En el mismo se puede pescar (con permiso), pasear con una canoa o bordearlo andando por una senda bien señalada. Quizás los momentos mas bonitos del viaje a excepción del día de Nordkapp, los pasamos en sus orillas viendo atardecer siendo casi la una de la madrugada.

En los días que no nos fuimos a ver algun otro lugar, que fueron pocos, nos dedicamos a dar espléndidos paseos, bien por el lago o sino hasta el pueblo para hacer a compra o tomar algo en el único pub-bar-restaurante que había.