Habíamos terminado nuestra estancia en el camping de Angoulins y nos tocaba regresar a Madrid. Sin embargo, alguien nos había recomendado visitar una pequeña localidad con dos iglesias fuera de lo común, situada en el interior de Nueva Aquitania, cuyo nombre es Aubeterre-sur-Dronne.
Se trata de una pequeña localidad situada en el sur del departamento de Charente, junto al río Dronne y muy próxima al límite con el Périgord. Su origen se remonta a la Edad Media, desarrollándose alrededor de una fortaleza levantada sobre un promontorio rocoso que dominaba el valle y controlaba un importante lugar de paso entre Angoumois, Saintonge y Périgord.
Durante la Edad Media, Aubeterre adquirió también importancia como etapa de una de las rutas utilizadas por los peregrinos que se dirigían hacia Santiago de Compostela. Su situación estratégica hizo que la localidad cambiara varias veces de manos durante la Guerra de los Cien Años, especialmente entre franceses e ingleses.
A partir de los Siglos XVI y XVII la población conoció una nueva etapa de desarrollo, ligada a la reconstrucción del castillo y a la fundación de distintos establecimientos religiosos. De su rico pasado se conservan todavía numerosos testimonios, entre ellos restos del antiguo castillo, conventos y dos de sus monumentos más destacados: la iglesia monolítica de Saint-Jean, excavada en la roca, y la Iglesia de Saint-Jacques, conocida especialmente por su magnífica portada románica.
En la actualidad, Aubeterre-sur-Dronne conserva buena parte de su aspecto histórico, con estrechas calles en pendiente, casas tradicionales y pequeñas plazas adaptadas a la ladera sobre la que se asienta. Desde 1993 forma parte de la asociación Les Plus Beaux Villages de France.
Aunque al partir introdujimos en el GPS la dirección de la Iglesia de Saint-Jean, a nuestra llegada a Aubeterre nos encontramos con varias calles cortadas por obras, lo que hizo que el GPS se volviera loco y no supiera qué rumbo tomar. Finalmente vimos una indicación de aparcamiento y, después de descender por varias calles en pendiente, llegamos al situado en la Pl. du Champ de Foire, donde también se encuentra la Oficina de Turismo. Como cerraba a las 13 h, cuando llegamos ya la encontramos cerrada. El aparcamiento, aunque con capacidad suficiente para unos cuantos coches, estaba bastante ocupado debido a una concentración de moteros, por lo que, al no conocer el pueblo, preferimos esperar hasta que se marcharon y quedaron algunas plazas libres.
Realmente no sabíamos dónde nos encontrábamos en relación con el centro de la villa, por lo que descendimos por la calle situada a la derecha del aparcamiento hasta llegar a la Place Ludovic Trarieux, donde se encontraban el ayuntamiento y dos o tres restaurantes con terraza al aire libre, decidiendo comer en uno de ellos.
Una vez terminada la faena de saciar el estómago, vimos en la misma plaza un cartel indicativo que nos conduciría, en poco más de 150 metros, hasta la entrada de la iglesia subterránea monolítica de Saint-Jean.
Comenzamos la visita por la Iglesia subterránea de Saint-Jean, uno de los monumentos más singulares de Aubeterre-sur-Dronne. Excavada directamente en la roca caliza, su acceso exterior apenas permite imaginar las dimensiones del espacio que se abre en su interior.
El interior sorprende desde el primer momento por sus enormes dimensiones. La iglesia, excavada completamente en la roca caliza, presenta planta basilical rectangular, sin crucero, y alcanza en algunos puntos más de 17 metros de altura. La gran sala se encuentra dividida mediante enormes pilares también tallados directamente en la roca, dando lugar a un espacio cuya amplitud resulta difícil de imaginar desde el exterior. Una primera vista del interior permite apreciar tanto las dimensiones del recinto como algunas de las sepulturas excavadas en el suelo y, al fondo, el gran relicario de piedra.
La excavación del templo se realizó siguiendo una técnica utilizada también en otras construcciones rupestres, comenzando desde la parte superior y descendiendo progresivamente. De esta manera se podía retirar la piedra al mismo tiempo que se iban formando los espacios interiores. Los grandes pilares y galerías superiores permiten hacerse una idea de la magnitud de los trabajos realizados para vaciar la roca.
La iglesia tuvo una importante función religiosa y funeraria. En ella se custodiaban reliquias que atraían a fieles y peregrinos, mientras que diferentes elementos distribuidos por el recinto recordaban episodios de la Pasión de Cristo. Entre ellos destaca especialmente un gran relicario de piedra, de unos seis metros de altura, situado bajo una bóveda y concebido a semejanza del Santo Sepulcro de Jerusalén. Su parte inferior fue igualmente excavada en la roca.
El templo fue utilizado también durante siglos como lugar de enterramiento. La necrópolis conserva numerosas tumbas antropomorfas excavadas directamente en el suelo, muchas de ellas orientadas de este a oeste y otras dispuestas en dirección al monumento que representaba la tumba de Cristo. Según la documentación facilitada durante la visita, en el conjunto se han identificado alrededor de 170 sepulturas.
Otro de los espacios más singulares es la cripta, una capilla subterránea de unos 16 metros de longitud descubierta en 1961 de forma accidental, después de que las maniobras de un camión en la plaza provocaran un derrumbe. En sus laterales todavía pueden verse los bancos corridos donde se sentaban los canónigos durante las ceremonias. Las excavaciones arqueológicas realizadas posteriormente permitieron también localizar un antiguo altar fechado en el Siglo XII.
Antes de abandonar el recinto se atraviesa todavía una zona en la que pueden contemplarse otras sepulturas excavadas en la roca, recordando nuevamente la importante función funeraria que tuvo este extraordinario conjunto durante siglos.
Una vez visitada la iglesia anterior, regresamos a la plaza del ayuntamiento para, desde allí, dirigirnos por la empinada Rue Saint-Jacques hasta encontrarnos con la Iglesia de Saint-Jacques y el eterno monumento a los caídos, presente en prácticamente cualquier pueblo francés, dedicado a los habitantes de la villa fallecidos en las guerras del Siglo XX.
El templo fue consagrado en 1171 como colegiata y frecuentado por los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela. En 1562 sufrió importantes daños durante las Guerras de Religión, conservándose de la iglesia románica su magnífica fachada, que veremos más adelante. El edificio fue posteriormente reconstruido, mientras que el campanario pertenece a una etapa mucho más reciente. Su sobrio interior, de planta rectangular, presenta tres naves separadas mediante grandes arcos y cubiertas por techumbre de madera.
En su interior se conserva un altar del Siglo XVIII, acompañado por dos figuras de ángeles adoradores de la misma época; un órgano construido hacia 1900, de transmisión mecánica y trasladado a su emplazamiento actual hacia 1966-1967 por Henri Deliancourt; así como una de las antiguas campana fechada en 1600.
La salida del templo la efectuamos por un lateral, un poco confusos al no haber visto hasta aquel momento la famosa fachada románica. No obstante, y como solemos hacer en este tipo de visitas, procedimos a dar una vuelta completa al templo hasta que, finalmente, apareció ante nuestra vista la impresionante fachada.
La monumental fachada románica constituye el elemento más importante conservado de la iglesia medieval. Fue realizada hacia 1150-1160 y sobrevivió a los graves daños sufridos por el templo durante las Guerras de Religión del Siglo XVI. Su composición y riqueza escultórica la convierten en uno de los ejemplos más destacados del románico de esta zona de Francia. La fachada fue declarada Monumento Histórico en 1862.
El conjunto se organiza en varios niveles mediante grandes arcadas y grupos de columnas. En el nivel inferior destaca el portal central, rodeado por numerosas arquivoltas profusamente decoradas con motivos geométricos, vegetales y figurativos. El arco interior presenta una característica forma polilobulada, relacionada con influencias hispano-moriscas que también recuerdan el carácter de Aubeterre como lugar de paso hacia Santiago de Compostela.
A ambos lados del portal central se abren dos grandes arcadas ciegas, mientras que la parte superior está recorrida por una sucesión de arcadas sostenidas por esbeltas columnas. Sus capiteles y arcos presentan una abundante decoración escultórica formada por motivos vegetales, animales, seres fantásticos y figuras humanas.
Entre estas representaciones destaca la existente en uno de los capiteles, donde aparece un centauro disparando una flecha hacia un ciervo. Según el panel informativo situado junto a la iglesia, la escena posee un significado simbólico: el centauro representa el mal, mientras que el ciervo se identifica con Cristo y el cristianismo. A pesar de buscarlo durante nuestra visita junto con otros visitantes, no conseguimos localizarlo entre la abundante decoración de la fachada.
Desde distintos puntos de la localidad pueden contemplarse los restos del antiguo Castillo de Aubeterre, documentado por primera vez en el año 1004. Su estratégica posición, dominando el valle del Dronne y situada entre los territorios históricos de Angoumois, Saintonge y Périgord, hizo que fuera escenario de numerosos enfrentamientos durante la Guerra de los Cien Años.
Tras una etapa de reconstrucción y prosperidad, el castillo quedó deshabitado durante el Siglo XVIII. En 1817 buena parte de su cuerpo residencial fue demolido para aprovechar sus materiales. Del antiguo conjunto fortificado se conservan actualmente algunos restos, entre ellos el cuerpo de entrada, sectores de la muralla y una antigua torre transformada en capilla.
![]() Aubeterre-sur-dronne Pais: Francia Región: Nueva Aquitania Departamento: Charente Distrito: Angoulême Superficie: 2,39 km² Moneda: Euro Coordenadas GPS : Latitud: 45°16′21″N Longitud: 0°10′16″E Google Maps: 45.272500, 0.171111 Oficina de TurismoPl. du Champ de FoireTfno. : +33 545 98 57 18 Aubeterre-sur-Dronne |
