Durante la época romana, la actual Isla de Ré no formaba una única masa de tierra, sino un pequeño archipiélago compuesto por tres islas. Con el paso del tiempo, los espacios existentes entre ellas fueron colmatándose progresivamente por la sedimentación natural y por la acción humana, especialmente mediante la creación de campos de sal ganados al mar.
Su posición frente a La Rochelle le otorgó una notable importancia estratégica. En 1627, durante el sitio de aquella ciudad, una fuerza inglesa dirigida por George Villiers, duque de Buckingham, desembarcó en la isla con la intención de auxiliar a los sitiados. Después de varios meses de combates, los ingleses fueron derrotados y tuvieron que retirarse.
A finales del Siglo XVII, el principal puerto de la isla, Saint-Martin-de-Ré, fue fortificado por Vauban. Estas defensas reforzaron considerablemente el valor militar de la localidad, que más tarde también sería utilizada como lugar de reclusión y punto de partida hacia colonias penitenciarias francesas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, las playas de la isla fueron nuevamente fortificadas, esta vez por las tropas alemanas, que construyeron numerosos búnkeres integrados en el llamado Muro Atlántico. Muchos de ellos todavía pueden verse hoy en diferentes puntos de la costa.
En la actualidad, la Isla de Ré es un importante destino turístico, conocido por sus largas playas de arena, sus numerosos carriles para bicicletas, sus puertos y su ambiente tranquilo. La población aumenta notablemente durante el verano, cuando la isla recibe un gran número de visitantes. La pesca, las ostras, los mercados locales y la actividad comercial continúan formando parte de su vida cotidiana.
Después de cruzar el puente de 2,9 kilómetros de longitud, construido en 1988, y pagar el correspondiente peaje, pusimos rumbo al Faro de las Ballenas, primer punto que teníamos previsto visitar en la isla.
En un principio fuimos siguiendo las instrucciones del GPS del coche y los pocos paneles indicativos que encontrábamos, hasta que, llegado un momento, el GPS se volvió loco y las indicaciones desaparecieron. Ante esta situación decidimos seguir a unos cuantos coches que nos precedían, pensando que, debido al poco tráfico existente, también se dirigirían al citado faro. Craso error: los coches fueron desapareciendo poco a poco y nosotros continuamos conduciendo por carreteras y calles de urbanizaciones particulares, sin tener muy claro si estaba permitido el paso a vehículos ajenos a las propiedades.
Después de dar infinitas vueltas, llegamos al final de una calle que desembocaba en una pequeña playa, donde un cartel prohibía el paso salvo a vehículos autorizados. Intrigados por saber dónde nos encontrábamos, continuamos a pie hasta un lugar en el que, afortunadamente, había un banco donde pudimos sentarnos.
Desde este punto fuimos testigos de cómo unas pequeñas furgonetas llegaban hasta la orilla del mar y descargaban numerosas bolsas de malla. Otras personas las transportaban hasta unas embarcaciones de fondo plano, que posteriormente se dirigían hacia las zonas de cultivo donde eran colocadas.
En un principio, aquellas maniobras nos dejaron un poco confusos; sin embargo, después de permanecer un tiempo observándolas, comprendimos que estábamos contemplando a unos ostricultores en plena faena.
A pesar del tiempo empleado entre idas y venidas, y de la hora o quizás más que permanecimos allí observando el trabajo de los ostricultores, la experiencia resultó muy gratificante. Sin embargo, aquel tiempo nos impidió posteriormente visitar Saint-Martin-de-Ré, considerada de hecho la principal localidad y capital histórica de la isla.
Coordenadas: 46°13'43"N 1°28'53"W
46.228611, -1.481389
Después de pasar un buen rato observando cómo los ostricultores descargaban de las camionetas las bolsas de malla con ostras y las transportaban hasta las embarcaciones, regresamos al coche con la intención de llegar, por fin, al Faro de las Ballenas. El problema era que la carretera por la que habíamos llegado hasta allí era de sentido prohibido para regresar, lo que volvió a provocarnos cierta desorientación. Después de dar unas cuantas vueltas, encontramos finalmente una indicación que nos condujo hasta el faro.
Por fin llegamos al dichoso faro. Dejamos el coche en un aparcamiento de pago situado a unos 500 metros y continuamos a pie por una pista hasta alcanzar el recinto. La gran cantidad de visitantes contrastaba con la tranquilidad que habíamos encontrado anteriormente en otras zonas de la isla. En los alrededores había numerosas tiendas de recuerdos, establecimientos de bebidas, restaurantes y varios paneles explicativos sobre la historia y las diferentes etapas de construcción del faro.
El actual Faro de las Ballenas sustituyó a la antigua torre levantada en 1682, conocida como Tour Vauban y vinculada al ingeniero Sébastien Le Prestre de Vauban, que había quedado insuficiente para las necesidades de la navegación. Las obras del nuevo faro comenzaron en 1849 y finalizaron en 1854, año en el que entró en servicio su aparato lenticular.
La torre, de planta octogonal, está construida principalmente con piedra caliza de Crazannes. El zócalo y diversos elementos arquitectónicos, como encuadres, molduras, cornisas, balaustradas y peldaños, fueron realizados con granito de Kersanton, procedente de Bretaña.
El faro comenzó funcionando con combustible y un sistema óptico basado en lentes de Fresnel. Fue electrificado en 1882 y su instalación óptica fue renovada por completo en 1904. Con el paso del tiempo, los sistemas de iluminación y control fueron modernizándose hasta alcanzar su automatización a comienzos del Siglo XXI.
El Faro de las Ballenas alcanza una altura aproximada de 57 metros y dispone de una escalera de caracol de 257 peldaños. Su luz tiene un alcance cercano a los 50 kilómetros y emite una secuencia de cuatro destellos blancos cada quince segundos. El conjunto está rodeado por pequeños jardines y por los antiguos edificios vinculados al servicio del faro.
Coordenadas: 46°14'39"N 1°33'40"W
46.244167, -1.561111
Junto al faro actual se conserva la antigua Torre de las Ballenas, conocida también como Tour Vauban. Fue construida entre 1669 y 1682 con la finalidad de advertir a los navegantes de los peligrosos bajos y rocas existentes frente a esta parte de la costa, además de contribuir a la protección de las rutas marítimas que conducían hacia el arsenal de Rochefort.
La torre, de planta cilíndrica y unos 29 metros de altura, está levantada en piedra caliza de sillería. En uno de sus lados se adosa una pequeña torrecilla semicilíndrica que contiene la escalera de caracol que comunica sus diferentes niveles. El cuerpo principal está rematado por un voladizo sostenido mediante modillones y una balaustrada de piedra.
Su primera luz se encendió en 1682 y funcionaba inicialmente mediante aceite de pescado. A lo largo de los Siglos XVIII y XIX el sistema de iluminación fue objeto de diversas mejoras, aunque la escasa altura de la torre terminó resultando insuficiente para las necesidades de la navegación. En 1854 dejó definitivamente de prestar servicio al entrar en funcionamiento el actual Faro de las Ballenas.
La antigua torre fue declarada Monumento Histórico en 1904 y actualmente forma parte del conjunto monumental del Faro de las Ballenas. Adosado a la antigua torre se encuentra un pequeño edificio que en la actualidad alberga un museo y una tienda de recuerdos.
Dejamos atrás el faro y la torre de las Ballenas, para dirigirnos a un pueblo llamado Ars-en-Ré, que nos habían recomendado únicamente por el campanario de la Iglesia de Saint-Etienne.
La Iglesia de Saint-Etienne de Ars-en-Ré tiene su origen en un antiguo priorato dependiente de la abadía de Saint-Michel-en-l'Herm, establecido a comienzos del Siglo XI. Durante el Siglo XII, en una época de prosperidad, el templo fue ampliado y embellecido, correspondiendo a este periodo su destacada portada románica y buena parte de la antigua nave.
El crecimiento de la población, relacionado principalmente con el desarrollo de las salinas, hizo necesaria una nueva ampliación del edificio. Entre finales de la Edad Media y los Siglos XVI y XVII se prolongó hacia el este mediante una amplia estructura de tres naves, incorporándose también diferentes capillas laterales. En una de las naves laterales puede apreciarse, al fondo, la capilla situada en su cabecera. El resultado es un edificio en el que se superponen y enlazan elementos románicos y góticos, claramente apreciables en su interior.
Uno de los elementos más característicos del templo es su campanario octogonal, construido en el Siglo XV y rematado por una elevada aguja gótica decorada con ganchos, que alcanza más de 40 metros de altura. La aguja, visible desde gran distancia, fue posteriormente pintada en blanco y negro para servir como punto de referencia a los navegantes, convirtiéndose con el tiempo en uno de los símbolos de Ars-en-Ré y de la propia isla. Bajo el mismo, se conserva una bóveda de planta circular, decorada con un sencillo motivo geométrico.
Durante las Guerras de Religión el edificio sufrió importantes daños y posteriores reconstrucciones. Tras la Revolución Francesa fue utilizado como Templo de la Reunión y llegó a albergar un depósito de pólvora. En 1903 fue declarado Monumento Histórico y, entre 2018 y 2020, una importante campaña de restauración permitió recuperar el edificio y sacar a la luz diferentes restos de decoración pictórica.
Después de la visita a la iglesia, de nuevo al coche para dirigirnos ya al continente. Sin embargo, antes de llegar al inicio del puente vimos un aparcamiento desde el que se podía acceder a una de las playas de la zona y, como todavía faltaba algo de tiempo para la puesta de sol, nos dirigimos hacia ella. No fue solo por ver la playa, sino sobre todo por la posibilidad de contemplar el puente desde su parte inferior y apreciar su imponente curvatura.
El puente de la isla de Ré fue construido durante la segunda mitad de la década de 1980 con el objetivo de establecer una comunicación permanente entre la isla y el continente, sustituyendo al antiguo servicio de transbordadores. Las obras comenzaron en 1987 y el puente fue abierto al tráfico el 19 de mayo de 1988. Une las proximidades de La Rochelle con Rivedoux-Plage, en el extremo oriental de la isla.
Con una longitud de 2.926,5 metros, el puente está realizado en hormigón pretensado y se apoya sobre 28 pilares, de los cuales 23 se encuentran en el mar. Su tablero fue construido mediante 796 dovelas prefabricadas, ensambladas entre sí mediante cables de pretensado. Las cimentaciones de los pilares penetran aproximadamente doce metros en el terreno calizo del fondo marino.
Su trazado ligeramente curvado y la sucesión regular de pilares proporcionan al conjunto una característica silueta que buscó integrarse en el paisaje marítimo. El puente dispone de calzada de doble sentido, además de una pista ciclista y un paso para peatones. Cuatro de sus vanos permiten la navegación, ofreciendo al menos 30 metros de altura libre sobre el agua. El acceso a la isla en vehículo está sujeto al pago de un peaje, cuya tarifa incluye el trayecto de ida y vuelta, por lo que no es necesario volver a pagar al abandonar la isla.
Aprovechando que el sol estaba ya decayendo en el horizonte, no pude resistirme a una de mis aficiones fotográficas: las puestas de sol. Quizás ya no sea una afición, sino pleitesía a uno de los momentos más bonitos del día.
![]() Ars en Ré Pais: Francia Región: Nueva Aquitania Departamento: Charente-Maritime Distrito: La Rochelle Superficie de la isla: 175 km² Moneda: Euro Coordenadas GPS : Latitud: 46°12'30"N Longitud: 1°30'56"W Google Maps: 46.208333, -1.515556 Oficina de Turismo25 Pl. CarnotTfno. : +33 546 09 00 55 17590 Ars-en-Ré |
