El nombre de Anchuelo se ha vinculado tradicionalmente con el arroyo del mismo nombre, que atraviesa su término municipal. Todo apunta a que deriva del adjetivo “ancho” acompañado del sufijo diminutivo “-uelo”, aludiendo probablemente a la amplitud del pequeño valle por el que discurre el curso de agua.
Gentilicio : Coritos/as - Anchueleros/as

Aunque no se citan hallazgos prehistóricos concretos en el texto, el entorno de cerros y vegas y la presencia de yacimientos y estructuras antiguas en las proximidades sugieren un territorio aprovechado desde épocas tempranas. La primera gran pista arqueológica llega con el paraje del “Cementerio de los Moros”, a unos 1 km al sureste del casco urbano, junto a Peñuelas, donde ya en el siglo XVIII se hablaba de cimientos antiguos, restos de teja y ladrillo y una localización elevada con posible función de atalaya.
Siglos VI–VII (época visigoda), las excavaciones retomadas en los años 70 del siglo XX localizaron tumbas cubiertas con lajas (hasta quince), sin ajuar, atribuidas a época visigoda. Esto encaja con la hipótesis de que en el entorno existiera antes una villa o fortificación romana reutilizada por pobladores posteriores, aunque el COAM deja claro que no hay pruebas concluyentes sin excavaciones más sistemáticas.
Durante el Siglo XI, en el contexto de la frontera y la reconquista, la zona queda marcada por las campañas en torno a Toledo y Alcalá. El control cristiano fue inestable durante décadas, lo que explica que la consolidación poblacional de la comarca no se plantee como un hecho “cerrado” hasta bien entrado el siglo XII.
En el Siglo XII, la población actual se interpreta como fundación o consolidación de repoblación de este periodo. Tras la recuperación definitiva del área por la autoridad eclesiástica toledana, el territorio entre Henares y Tajuña se repuebla (el COAM cita un marco aproximado entre 1118 y 1157). Por su etimología latina o castellana, Anchuelo podría nacer en este ciclo de organización del alfoz alcalaíno, integrado en la Tierra de Alcalá.
Durante el Siglo XIII, en el marco de los reajustes de jurisdicción, el COAM menciona el episodio de las “19 aldeas” concedidas a Segovia (1190) y su devolución posterior, pero Anchuelo no aparece entre los lugares listados. Ya en 1223 se citan los Fueros otorgados por Rodrigo Ximénez de Rada para la nueva Alcalá del llano y sus aldeas, con la Tierra organizada en “Cuartos”. Anchuelo quedaría incluido en el ámbito de Villalbilla junto a Torrejón, Camarma, Valverde, Los Hueros, etc., y su peso político era reducido (poca representación en el gobierno comarcal).
En los Siglos XIV–XV, los textos no desarrollan acontecimientos específicos, pero la trayectoria que se dibuja es la de un pueblo de base agraria, dependiente del marco jurisdiccional complutense y arzobispal, con crecimiento y retrocesos ligados a economía y demografía.
En el Siglo XVI, aparece ya con claridad en la documentación: Fernando Colón la cita como aldea del arzobispo de Toledo, y los recuentos muestran un crecimiento notable a lo largo de la centuria. A la vez, el COAM retrata un pueblo con pobreza estructural y problemas por la explotación de baldíos y roturaciones, dentro de procesos de “perpetuación” de tierras que afectaron a muchas localidades.
Las Relaciones Topográficas (1576) dibujan un lugar de casas de tapial, con una iglesia dedicada a Santa María Magdalena, y ermitas como Nuestra Señora de la Oliva (muy devota) y Santo Domingo (que después desaparecerá). Se menciona un molino de aceite, un pequeño hospital para pobres forasteros y la dependencia judicial respecto a Alcalá.
Un punto clave llega en 1581–1582: Anchuelo es extraída de la Mesa Arzobispal y vendida, pero los vecinos ejercen el tanteo y obtienen el privilegio de villa, liberándose de la justicia de Alcalá (aunque continúa vinculada a la Comunidad de Villa y Tierra en un régimen particular de villas exentas).
Durante el Siglo XVII, se afianzan devociones y elementos comunitarios: tras la peste de 1599 se eligen patronos (San Sebastián y Santa Ana) y se multiplican altares y cofradías. En 1627 se crea capilla del Rosario, con relación a la familia Tejero.
En 1640 se termina la fuente llamada del Arzobispo, pensada como mejora sanitaria y de abastecimiento, y aparece también la figura cultural de Andrés Llorente, músico nacido en Anchuelo (1624) y vinculado a la Universidad e Iglesia Magistral de Alcalá.
Con el cambio dinástico y la Guerra de Sucesión en el Siglo XVIII, el COAM menciona una batalla en 1707 en las cercanías y el enterramiento de soldados “con signos de cristianos”, además del ocultamiento de plata de cofradías por temor a tropas.
El gran retrato económico llega con el Catastro de Ensenada (1753): una villa centrada en cereal (trigo, cebada, centeno, avena), viñas y olivos, con algo de regadío (cebada, cáñamo y nabos), ganadería notable (ovejas y animales de labor), y una industria mínima (molino de aceite, panadero, herrería), además de la taberna/mesón/tienda municipal y un hospital con rentas escasas.
A finales del siglo, las Respuestas a Lorenzana (1786) aportan una visión muy viva: producción agraria, yeso y canteras, y también problemas higiénicos por el arroyo que atraviesa el casco y los lodazales invernales, además de la descripción de varias fuentes con fama de saludables. Se cita el robledal de la Cuesta, hoy convertido en el Parque Forestal de la Dehesa (repoblado con pinos).
En el Siglo XIX, Anchuelo se ve afectado por los profundos cambios políticos y administrativos que transforman el país. Tras la abolición de los señoríos en 1812 y la posterior reorganización territorial culminada con la reforma de Javier de Burgos en 1833, el municipio queda integrado en la provincia de Madrid y en el Partido Judicial de Alcalá de Henares, dentro de un nuevo marco institucional más estable.
Pese al impacto de la Guerra de la Independencia y a los episodios derivados de la Primera Guerra Carlista —con presencia de tropas en 1837 en su término— la economía continúa sustentándose en el cereal, la vid y el olivo, con una estructura agraria tradicional y escasa actividad industrial más allá de los molinos de aceite y los servicios básicos.
Las desamortizaciones marcaron profundamente el siglo. Tanto la impulsada por Mendizábal como la de Madoz en 1855 provocaron la venta de bienes eclesiásticos y municipales, alterando la propiedad de la tierra y favoreciendo su concentración en manos particulares. Al mismo tiempo, el casco urbano fue definiendo su fisonomía moderna, con mejoras como la instalación de nuevas fuentes, la presencia de la Guardia Civil desde 1858 y una organización más clara de sus calles y plazas, tal como reflejan los planos de la segunda mitad de la centuria.
En el Siglo XX, Anchuelo mantiene dinámica demográfica moderada. Cantó Téllez recoge la construcción de la ermita de San Isidro vinculada a la Hermandad (1909) y fija en el imaginario local la Cruz de Pero Chivo como lugar de leyenda.
La Guerra Civil destruye retablos e imágenes y afecta a la ermita, que se reconstruye en 1957, con fuerte financiación institucional y aportación vecinal. El periodo central del siglo describe un pueblo agrícola con mejoras progresivas: escuelas, servicios, comercio básico, y obras públicas (abastecimiento de agua, casa cuartel, electrificación, clínica rural, etc.).
Ya en la segunda mitad del siglo, se ve el paso hacia un modelo con segunda residencia y cambio sectorial del empleo (menos agricultura, más construcción y servicios). En 1987 se construye el nuevo ayuntamiento (posmoderno, simétrico, con torre-reloj), y en 1990 se aprueban Normas urbanísticas para ordenar crecimiento.
En las primeras décadas del Siglo XXI, el municipio combina lo agrario residual con el tirón residencial por cercanía a Alcalá. Se consolidan dotaciones: centro cultural, edificio multiusos, ampliaciones deportivas, y actuaciones urbanas como el acondicionamiento de plazas y espacios de convivencia. También se recalca el papel del Parque Forestal de la Dehesa como entorno recreativo y paisajístico que hoy forma parte de la imagen del pueblo.

Empezamos nuestra visita a Anchuelo con la visita a la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena, situada apenas a 200 metros del ayuntamiento, subiendo por la Calle del Agua, en la Plaza de Santa María Magdalena.
Este templo es uno de los mejores ejemplos de arquitectura religiosa popular de la Comunidad de Madrid. Su origen puede situarse, por razones estilísticas, entre mediados y finales del siglo XV, aunque el edificio experimentó importantes reformas y ampliaciones en siglos posteriores. Se alza en la parte más alta del pueblo y conserva la orientación canónica tradicional, con la cabecera hacia oriente.
Al exterior presenta un aspecto sobrio, levantado principalmente en mampostería de piedra caliza, con elementos de ladrillo y aparejo toledano en la cabecera y en la torre. El templo tiene planta rectangular y cuenta con la capilla de San Pedro Mártir de Verona y la torre campanario, uno de sus elementos más característicos. Esta torre combina un cuerpo inferior de mampostería con refuerzos de sillería y un cuerpo superior de ladrillo, rematado por cubierta a cuatro aguas. En la misma se conserva además una campana fundida en 1794 con la inscripción “Sta. María Magdalena Ora pro nobis”.
El interior se organiza en tres naves, separadas por pilares y arcos, y conserva como uno de sus mayores valores una armadura mudéjar de par y tirante en la nave principal, recuperada en la restauración de 2000. La capilla mayor, de planta cuadrada y remate semicircular, se cubre con una cúpula ochavada sobre pechinas, iluminada por linterna.
En el apartado artístico sobresale el retablo mayor barroco del siglo XVIII, de madera tallada y dorada, con un vistoso tabernáculo en forma de templete. También tiene especial interés la capilla de San Pedro Mártir de Verona, cubierta con cúpula sobre pechinas y presidida por un retablo con imagen del santo de escuela madrileña del siglo XVIII. Completan el conjunto piezas como la pila bautismal monolítica de piedra caliza, probablemente del siglo XVI o anterior, la cajonería barroca de la sacristía y diversos lienzos y elementos litúrgicos conservados.
En el escalón de la portada septentrional se conserva una curiosa lápida funeraria con la inscripción “Aquí jaze (…) J. Cortes cura de esta iglesia. 1633”, recuerdo de uno de los antiguos párrocos del templo.
Así, pese a las pérdidas sufridas durante la Guerra Civil y a las numerosas intervenciones posteriores, la iglesia mantiene un notable valor histórico, arquitectónico y artístico dentro del patrimonio de Anchuelo.
Desde la iglesia Parroquial nos dirigimos por la Calle Mayor, oblicua a la Calle del Agua, hasta la Fuente de la Plaza del Olmo, ubicada en la plaza del mismo nombre.
Se trata de una fuente levantada alrededor de 1955, seguramente por la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones. El conjunto responde a un modelo de fuente pública de diseño sencillo y funcional, muy característico de las actuaciones urbanas realizadas en muchos pueblos españoles durante la posguerra.
La fuente se articula mediante un pilar central de sección cuadrada construido principalmente en ladrillo visto, asentado sobre una sólida base de piedra. En lados opuestos del pedestal se sitúan dos surtidores, lo que permitía su utilización simultánea por varios vecinos. A ambos lados se disponen también dos poyetes de piedra enfrentados, elementos muy habituales en este tipo de fuentes, que servían tanto de asiento como de apoyo para cántaros, cubos u otros recipientes destinados al transporte del agua.
Estos mencionados poyetes, muy habituales en las fuentes tradicionales, servían tanto de asiento como de apoyo para cántaros, palanganas u otros recipientes mientras se llenaban de agua, convirtiendo además la fuente en un pequeño lugar de encuentro para los vecinos.
En cuanto a los materiales empleados, el conjunto combina piedra en la basa, los poyetes y parte de la estructura inferior, con ladrillo macizo visto en el cuerpo principal del pilar. El remate superior presenta un cuerpo troncopiramidal sobre el que se dispone un pequeño templete acristalado de estructura metálica y cubierta piramidal.
En el interior de este farol se conserva un pequeño grupo escultórico de carácter devocional, protegido por los paneles de vidrio. La luminaria se situaba en la parte superior del templete, permitiendo iluminar la plaza al tiempo que destacaba la pequeña escena situada en su interior.
La fuente forma un pequeño conjunto con la plaza y el olmo que le da nombre, constituyendo un ejemplo sencillo pero representativo del mobiliario urbano instalado en muchos pueblos madrileños durante la segunda mitad del siglo XX.
Dejamos atrás la Plaza del Olmo para dirigirnos por la Travesía del Olmo hasta la Plaza del Medio Celemín, de la cual saldremos de frente por la Calle del Lavadero. Caminando por ella llegamos a la conocida Fuente del Arzobispo, situada en la parte baja de una pequeña pendiente.
Se trata de una fuente de sencilla factura construida en mampostería irregular de piedra caliza, formando un frente longitudinal rematado en su parte central por un pequeño cuerpo semicircular donde originalmente se situaba el caño. En la parte inferior se dispone una pequeña pila o zona de recogida del agua, mientras que los extremos del conjunto presentan plataformas escalonadas que facilitan el acceso.
El origen del nombre de la fuente se relaciona con una tradición local según la cual en este lugar habría bebido agua el cardenal Cisneros durante alguno de sus desplazamientos entre Alcalá de Henares y los territorios dependientes del arzobispado de Toledo. Aunque no se conserva documentación que confirme este hecho, el topónimo podría estar vinculado a la antigua dependencia del pueblo respecto a dicha institución eclesiástica.
Por encima de la fuente existió antiguamente un lavadero público cubierto, hoy desaparecido pero con su solar urbanizado, que aprovechaba el mismo manantial. Este tipo de instalaciones eran habituales en los pueblos de la Campiña del Henares y solían situarse en la parte superior del sistema hidráulico para utilizar primero el agua en el lavado de la ropa.
El agua descendía posteriormente hasta la fuente situada en la parte inferior, desde donde los vecinos podían recogerla para su uso doméstico. De esta manera se formaba un pequeño sistema hidráulico tradicional compuesto por manantial, lavadero y fuente, muy común en los pueblos antes de la generalización del agua corriente en las viviendas durante la segunda mitad del siglo XX.
Estos espacios, además de su función práctica, constituyeron durante décadas lugares habituales de encuentro y de vida cotidiana para los vecinos del municipio.
Después de esta visita, retrocedemos hasta la Plaza Mayor con su confluencia con la M-213 por la que giramos a nuestra derecha, hasta encontrarnos con la antigua Fuente pública.
La fuente pública de Anchuelo fue construida en 1855, según se indica tanto en la inscripción grabada en el propio fuste como en el panel informativo colocado junto a ella. Su ejecución fue ajustada en 7.890 reales a Agustín Domínguez, bajo el mandato municipal de Claudio Anchuelo.
En las villas, la fuente pública cumplía una función esencial: abastecer de agua a los vecinos, servir de abrevadero para los animales y actuar también como lugar de encuentro. En un municipio como Anchuelo, donde el agua era abundante, este tipo de elementos formaba parte de la vida cotidiana y del espacio común.
Inicialmente estuvo situada frente a la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena, en el que entonces era el principal espacio del pueblo. Sin embargo, en 1863 fue trasladada al lugar conocido como el juego de bolos, actual Plaza Mayor, al parecer porque el ambiente y el vocabulario de los arrieros que llevaban allí a sus animales no se consideraban los más apropiados para la dignidad del entorno de la iglesia.
La fuente permaneció en ese emplazamiento durante casi siglo y medio, compartiendo espacio con un abrevadero y con la sombra del olmo que desapareció a comienzos de los años ochenta del siglo XX a causa de la grafiosis. Posteriormente, tras una remodelación reciente de la plaza, pasó a ocupar su ubicación actual.
La pieza, de hierro fundido y porte vertical, presenta una imagen sobria pero elegante, con remate superior moldurado y decoración en relieve. Más allá de su valor funcional, constituye un interesante testimonio del mobiliario urbano tradicional de Anchuelo y de la importancia que tuvo el agua en la vida diaria del municipio.
Terminada la visita al núcleo urbano de Anchuelo, nos trasladamos hasta donde está aparcado el coche, para dirigirnos a la Ermita de San Isidro.
La mencionada ermita se encuentra en el paraje conocido como Parque Forestal de la Dehesa, aproximadamente a un kilómetro de la Plaza Mayor, por la carretera M-213 en dirección a Santorcaz y enfrente al Polideportivo municipal.
Se trata de una sencilla construcción de planta rectangular, muros encalados y zócalo de mampostería, para proteger de la humedad existente en el pinar donde se ubica. Tiene cubierta a dos aguas y una pequeña cruz que culmina el templo.
La primera referencia que se tiene de la misma aparece en el texto de Canto Téllez de 1928, en el cual se indica que fue construida por la Hermandad correspondiente en 1909. Durante la Guerra Civil quedó bastante deteriorada, siendo reconstruida en 1957 junto a los restos de la anterior.
Para llegar hasta la misma y, máxime en tiempo de lluvias, es preferible dejar el vehículo a la entrada del camino que conduce hasta la misma, toda vez que los barrizales que se organizan pueden hacer que te quedes estancado en ellos.
Coordenadas donde dejar el coche: 40º28'13"N 3º15'34"W y caminar unos doscientos metros.
Terminada la anterior visita a la ermita de San Isidro, nos dirigimos de nuevo con el coche hacia el cementerio municipal, a cuyo recinto se encuentra adosada la Ermita de la Virgen de la Oliva.
Se trata de una construcción de principios del siglo XVI, y cuya primera referencia se encuentra en las Relaciones Topográficas de Felipe II de 1576, donde se cita "una ermita, que se dice Nuestra Señora de la Oliva, que está junto con el camino que va de Santorcaz a la villa de Alcalá, de mucha devoción".
El templo presenta planta rectangular, con la cabecera dirigida a Oriente y los pies hacia Occidente. El interior presenta una única nave rectangular, cubierta por cielorraso plano, con arco toral de medio punto que la separa de la capilla principal, la cual tiene planta cuadrada, cubierta con una cúpula ciega sobre pechinas, dividida en ocho gajos mediante otros tantos nervios radiales.
Del exterior destacan los contrafuertes que refuerzan la capilla mayor, y el pórtico adintelado que protege la puerta de acceso, presentando cuatro columnas toscanas de piedra caliza. A este atrio elevado se accede por una pequeña escalinata de cuatro escalones, teniendo a su vez en la actualidad una rampa para facilitar el acceso a personas con alguna discapacidad.
Según la tradición, su nombre proviene de un milagro en el que la Virgen se apareció sobre un olivo. Cada 8 de septiembre se organiza una romería dirigida por la Hermandad de la Virgen de la Oliva que está compuesta únicamente por mujeres.
Durante la Guerra Civil perdió algunos ornamentos e imágenes, entre las que se encontraba la de la titular. Ha sufrido algún tipo de restauración en los años 1961 y 2004.
Localización junto al cementerio municipal. Coordenadas: 40º28'17"N 3º15'57"W.
Dejamos atrás la Ermita de Nuestra Señora de la Oliva para continuar por M-213 en dirección a Alcalá de Henares, con objeto de tratar de encontrar la Cruz de Pedro Chivo, lo que supone casi una misión imposible a pesar de llevar las coordenadas que en teoría se tomaron de Google Maps. Fueron necesarias 6 pasadas de ida y vuelta, hasta que se pudo medio ver entre árboles y matorrales. Debido al tráfico existente en la mencionada carretera que no tiene arcén alguno, solo se pudo parar unos segundos y tomar la foto que se muestra.
En la actualidad, según se desprende de la fotografía tomada, solo se conserva un cipo o pedestal formado por una base monolítica octogonal sobre la que se eleva un fuste cilíndrico también monolítico, restos que probablemente sostuvieron en otro tiempo una cruz hoy desaparecida.
La tradición popular relaciona este lugar con la conocida leyenda de Pedro Chivo. Según el relato transmitido en la localidad, Pedro era un joven que viajaba con frecuencia entre Alcalá de Henares y la cercana localidad de Pioz, donde residía su prometida. Tras una fuerte discusión entre ambos acerca de su futuro matrimonio y del lugar donde fijar su residencia, la joven le lanzó una maldición deseando que muriese en el camino.
De regreso hacia Alcalá, una tormenta sorprendió al joven y un rayo asustó al caballo que montaba, provocando su caída y muerte en este paraje. La tradición afirma que, como recuerdo de aquel suceso, se levantó en este punto una cruz que con el paso del tiempo dio nombre al lugar.
Localización aproximada: carretera M-213, kilómetro 5,60. Coordenadas: 40º28'16"N 3º17'14"W.
Apenas 500 metros más adelante de la cruz mencionada, frente a los Viveros La Casilla, en cuya entrada se puede aparcar sin problemas, se encuentra una antigua casa de peones camineros.
Estas casas formaban parte de la red de mantenimiento de las carreteras creada en España durante el siglo XIX. En ellas residían los llamados peones camineros, trabajadores encargados de conservar en buen estado un determinado tramo de carretera, reparando baches, limpiando cunetas o retirando obstáculos que pudieran dificultar el paso. Cada peón tenía asignados varios kilómetros de vía y debía recorrerlos con frecuencia para vigilar su estado.
Arquitectónicamente eran construcciones muy sencillas, generalmente de planta rectangular y una sola altura, levantadas con mampostería y cubiertas con tejado a dos aguas. Solían disponer de dos o tres estancias y pequeños huecos en fachada, combinando su función de vivienda con la de pequeño almacén para las herramientas utilizadas en el mantenimiento del camino.
Hoy esta antigua casa se encuentra muy deteriorada, aunque todavía permite reconocer el tipo de edificio que durante más de un siglo estuvo ligado al cuidado de las carreteras tradicionales.
Con esta última visita damos por terminada nuestra pequeña estancia en Anchuelo.

Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento,COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
