Según algunos historiadores, la palabra Corpa proviene de la palabra árabe qurb que significa vecino próximo. Sin embargo, mayoritariamente se sitúa el origen del nombre en otra palabra árabe al-qarw que significa Abrevadero.
Gentilicio : Corpeños/as

Las prospecciones arqueológicas realizadas en 1984 confirmaron que el término de Corpa estuvo habitado desde la Edad del Bronce. Se han encontrado materiales dispersos y algunos indicios de pequeños núcleos junto a la vega del arroyo Pantueña, lo que revela un temprano aprovechamiento de los manantiales y zonas fértiles.
No se han localizado restos arqueológicos de época romana o islámica que permitan asegurar un poblamiento estable antes de la Reconquista, aunque la hipótesis tradicional vincula el nombre Corpa al árabe al-qarw, “abrevadero”, lo que encajaría con su emplazamiento junto a la Fuente Grande.
Un posible antecedente del asentamiento es el despoblado medieval de Valdemolinos, ubicado al sur del casco actual y citado en documentos del siglo XVI.
En el Siglo XI, tras la toma de Toledo por Alfonso VI en 1085, la zona se integró en los territorios repoblados del Henares. El núcleo primitivo de Corpa debió de levantarse en torno al manantial que más tarde se canalizaría como Fuente Grande, formado por pocas casas dispersas.
En el Siglo XII, entre 1118 y 1129, tras la conquista definitiva de Alcalá por las tropas del arzobispo Bernardo de Sedirac, Corpa quedó integrada dentro de los amplios territorios del castillo y tierra de Alcalá, donados en 1129 por Alfonso VII al arzobispado de Toledo.
En 1135 el arzobispo Raimundo otorgó el Fuero Viejo de Toledo a Alcalá y sus aldeas, marco legal que también rigió a Corpa. La comarca se organizó como “comunidad de villa y tierra”, con autonomía interna para cada aldea en sus asuntos civiles menores.
A lo largo del Siglo XIII, se consolidó la organización en cuartos dentro de la tierra de Alcalá. Corpa aparece adscrita al Cuarto de Pezuela junto a Olmeda, Villar y Orusco. En 1223 el arzobispo Ximénez de Rada renovó el fuero del común de la tierra, mientras que la villa de Alcalá recibió un fuero específico en ese mismo año. Estos textos legales serían la base del gobierno de la comarca durante siglos.
Durante el Siglo XIV, aunque la documentación es escasa, Corpa continuó como una pequeña aldea dependiente de Alcalá, con autoridades propias (alcaldes, regidores, procuradores) pero sometida a los justicias designados desde la villa cabeza del común. Los límites municipales y dehesas comunales aparecen citados desde finales del siglo XIV, lo que muestra un poblamiento ya estable y con una estructura agrícola definida.
En el Siglo XV, aparecen las primeras menciones documentales de Corpa. En 1421, el vecino Pedro Fernández Gordo figura como procurador del común de la tierra de Alcalá, y en 1424 Corpa aparece citada en un acuerdo sobre la financiación de la cerca de la villa de Alcalá.
La población rondaría los 150 vecinos, según Hernando Colón (c. 1520), dedicados al cultivo de cereales, viñas y olivos.
El Siglo XVI es un siglo decisivo en la historia institucional del pueblo. Corpa intentó eximirse de la jurisdicción de Alcalá y pasar a realengo en 1554, pero la votación vecinal lo rechazó. Hubo un segundo intento en 1564, también frustrado.
Finalmente, gracias al Breve pontificio de Gregorio XIII (1574), Felipe II obtuvo autorización para vender aldeas de señorío eclesiástico. En 1578 Corpa fue tasada y puesta en venta, pasando fugazmente a manos de Nicolás de Grimaldi. El concejo ejerció su derecho de recompra, y el 15 de septiembre de 1578 Corpa obtuvo el privilegio de villazgo, quedando incorporada definitivamente a la Corona.
Ese mismo año se renovó la mojonera del término, quedando detallado un plano excepcional conservado en Simancas. El núcleo urbano se articulaba ya en torno a la calle Mayor, la plaza de la Constitución, la iglesia de Santo Domingo y las instalaciones comunales (carnicería, tahona, hospital).
En el Siglo XVII, el endeudamiento generado por la compra del villazgo provocó una grave crisis. En los primeros años del siglo una fuerte caída demográfica redujo la población prácticamente a la mitad. La deuda obligó a pedir permiso al rey para vender la jurisdicción, que finalmente fue adquirida en 1606 por Pedro Franqueza, conde de Villalonga.
Tras su caída en desgracia, el señorío pasó por varias manos, incluido el marquesado de Mondéjar. En 1683, Carlos II creó el marquesado de Corpa, vinculado a los Ibáñez de Segovia.
En el Siglo XVIII, el Catastro de Ensenada (1753) describe un pueblo de unos 100 vecinos dedicado a la agricultura (cereal, olivo, vid) y con notable presencia de jornaleros. Existían dos almazaras, molinos de zumaque, hospital, taberna, tienda y el pósito.
El plano urbano de 1797 muestra la consolidación del arrabal de San Roque, la continuidad de la plaza como centro representativo y el crecimiento hacia el este. Las ermitas de San Roque, San Sebastián y la Concepción/Santísimo Cristo estaban en activo, aunque varias requerían reparaciones.
Durante el Siglo XIX, la Guerra de la Independencia (1808-1814) causó un fuerte saqueo, pérdidas económicas y daños en la iglesia. Tras la abolición de los señoríos en 1812, el marquesado mantuvo propiedades pero perdió su jurisdicción señorial.
A mediados de siglo, durante las Desamortizaciones de Mendizábal y Madoz, salieron a subasta numerosas tierras del clero y de los propios municipales, lo que provocó el abandono del hospital y una fuerte transformación de la propiedad rural.
En la reforma de Javier de Burgos de 1833, Corpa quedó integrada en la provincia de Madrid y pasó a depender del partido judicial de Alcalá de Henares. Madoz (1848) describe un pueblo agrícola de unas 115 casas y algo más de 400 habitantes. En 1897 se alcanzó el máximo demográfico histórico: alrededor de 650 habitantes.
En el Siglo XX, durante la Guerra Civil (1936-1939) se destruyó la iglesia parroquial de Santo Domingo, cuyos restos permanecieron en la plaza hasta 1943. En los años 40 se construyeron el grupo escolar y la Plaza de España, y en 1953 la nave-almacén de la Hermandad Sindical del Campo. La electrificación se desarrolló entre 1920 y 1960; en 1959 se instaló la red de abastecimiento de agua y tres fuentes públicas.
La fotografía aérea de 1956 muestra un pueblo fuertemente rural, con eras integradas en el casco. La segunda mitad del siglo vio un fuerte descenso demográfico por la emigración al corredor del Henares. En 1971 se inauguró el parque del Grupo Escolar y en 1975 COPLACO definió los futuros polígonos de crecimiento. En 1988 se trasladó el frontón desde la plaza a las Eras de San Roque. Las Normas Subsidiarias de 1991-1997 establecieron las zonas de desarrollo al norte del cementerio.
Desde comienzos del Siglo XXI, Corpa ha recuperado población, alcanzando de nuevo los 500 habitantes. Se construyó un nuevo colegio (1992), el centro sanitario y el paseo del Mirador (2004), mejorando los accesos peatonales entre la parte baja y la plaza. El caserío conserva en gran medida su estructura histórica, destacando la plaza de la Constitución, la Fuente Grande, la ermita del Cristo y los restos de la arquitectura rural tradicional.

Empezamos nuestra visita a Corpa por su Plaza de la Constitución, lugar donde se encuentran la mayoría de los rincones que se tienen que visitar, entre los mismos empezaremos por el Palacio del Marqués Mondéjar, referente de las construcciones civiles del pueblo.
Levantado entre los siglos XVII y XVIII, formó parte del señorío de los Mondéjar, propietarios del título y del municipio durante buena parte de la Edad Moderna. Su presencia monumental marcaba el orden y la jerarquía del antiguo núcleo urbano: a un lado, la iglesia de Santo Domingo; justo enfrente, este palacio que simbolizaba el poder señorial.
El edificio responde a la arquitectura típica de la Campiña de Madrid, con una interesante combinación de ladrillo visto y mampostería caliza, reforzada en esquinas y vanos por sillería cuidadosamente labrada. El edificio se articula en torno a un volumen rectangular de dos plantas, flanqueado por dos torres laterales ligeramente adelantadas, que otorgan un aire casi defensivo a la fachada principal. El amplio zócalo de sillería y la portada dórica, rematada por dos columnas y un balcón central, recuerdan la presencia flexible pero firme de la nobleza rural del Antiguo Régimen.
A lo largo del siglo XVIII y durante el XIX el edificio mantuvo su condición de residencia señorial, aunque la documentación revela que también albergó dependencias vinculadas a la administración local. El declive llegó con la desaparición del régimen señorial, la división interna del inmueble y la pérdida progresiva de unidad arquitectónica. Pese a ello, su fachada principal se conserva íntegra, mostrando aún los materiales originales que las últimas reformas han preferido recuperar antes que cubrir con nuevos enfoscados, respetando así su textura histórica.
Hoy el palacio es un edificio privado, aunque sigue siendo uno de los elementos más característicos de Corpa. El contraste entre las fábricas de ladrillo, la sillería y el ritmo vertical de las torres laterales conserva intacto el aire austero de una arquitectura que quiso ser representativa sin caer en la ostentación. Su presencia continúa dando forma a la plaza y recordando la larga historia señorial del municipio.
La Casa Consistorial de Corpa se alza en uno de los laterales de la Plaza de la Constitución, formando parte del conjunto de edificios que definen el centro administrativo del municipio. Se trata de un inmueble de trazado sencillo, construido en la segunda mitad del siglo XX y remodelado posteriormente, que cumple las funciones de sede del Ayuntamiento. Su fachada blanca y su balcón corrido mantienen la estética característica de la plaza, convirtiéndolo en un punto de referencia para el visitante.
El edificio del antiguo Pósito ocupa su ubicación actual desde el siglo XVI, desempeñando entonces una función fundamental dentro de la organización económica del pueblo. Situado junto al Ayuntamiento, es un inmueble que podría pasar desapercibido, confundido con un pajar o almacén agrícola.
Se trata de una construcción rectangular con muros de mampostería, encajados entre machones y verdugadas de ladrillo, y reforzada en sus esquinas con sillería. Todo el edificio se asienta sobre un zócalo elevado, también de mampostería, y se cubre con una techumbre de madera a cuatro aguas y teja árabe. En la parte superior de la fachada se observan tres pequeños vanos que servían para ventilar las cámaras donde se almacenaba el cereal.
Para comprender la importancia de estos edificios hay que remontarse a tiempos de los Reyes Católicos, cuando la Corona de Castilla, en 1480, promulgó leyes que obligaban a los pueblos a disponer de lugares destinados a guardar el pan y los abastos esenciales. Estos pósitos funcionaban como graneros municipales que almacenaban principalmente trigo, con el fin de abastecer a la población en épocas de carestía y prestar grano a los labradores para la siembra.
Los concejos municipales eran los encargados de custodiar y administrar estos fondos, por lo que era habitual que el edificio se ubicara próximo a las Casas Consistoriales, donde se reunía el Concejo. Los escribanos registraban los movimientos de grano y tenían también la responsabilidad de custodiar los depósitos monetarios, para lo cual se utilizaba un arca con tres llaves, que solo podían abrir de forma conjunta tres miembros del concejo.
Casi enfrente del edificio del Ayuntamiento, al otro lado de la Plaza de la Constitución, se encuentra la Iglesia Parroquial de Santo Domingo de Silos.
En este mismo lugar, según la tradición, existió ya en el siglo XII una pequeña iglesia románica dedicada a Santo Domingo de Silos, que habría mantenido su aspecto hasta mediados del siglo XVII. Con la llegada al señorío de los Marqueses de Mondéjar, el templo fue profundamente remodelado: se ampliaron las naves y se elevó la torre-campanario.
El edificio presenta planta rectangular con una única nave dividida en cuatro tramos, marcados por los arcos fajones de la bóveda de yesería de medio punto que hoy la cubre, recreación de la bóveda barroca desaparecida. Estos arcos se apoyan en pilastras adosadas a los muros, siendo el lado sur donde dos arcos de medio punto albergan una pequeña capilla y la sala de acceso a la torre. El acceso principal se realiza a través de una portada protegida por un pórtico sostenido por cuatro pilastras de mampostería.
La torre-campanario, situada al sur del templo, es de planta cuadrada y muros de mampostería. Su cuerpo superior, donde se alojan las campanas, se levantó con posterioridad y se accede a él mediante una escalera de caracol.
Durante la Guerra Civil el templo quedó gravemente dañado, lo que obligó a llevar a cabo una profunda restauración tras el conflicto. En estas obras se redujo el tamaño de la nave, se recogió el coro y se rehizo por completo el pórtico de entrada, adaptando el conjunto a las posibilidades del momento. Pese a estas transformaciones, la iglesia conserva su carácter original y continúa siendo uno de los edificios más representativos de Corpa.
En la parte superior de la Plaza de la Constitución y en el medio de la misma, se encuentra esta fuente ornamental. La misma se alza sobre una plataforma escalonada de planta aproximadamente circular o poligonal, compuesta por tres gradas concéntricas revestidas en piedra. Este basamento elevado no solo cumple una función compositiva, sino también simbólica, otorgando al conjunto un carácter central dentro del espacio urbano.
El cuerpo principal presenta un aparejo mixto de mampostería irregular, con piezas de distinto tamaño trabadas con mortero, lo que sugiere una construcción relativamente moderna que busca integrarse visualmente con la arquitectura tradicional del entorno. La terminación superior está rematada por un elemento pétreo escultórico de carácter ornamental, que actúa como eje vertical y punto focal del conjunto.
El caño, actualmente simple y funcional, se inserta en el cuerpo central sin excesiva ornamentación, reforzando la idea de que se trata más de una fuente urbana de representación que de una infraestructura hidráulica histórica de abastecimiento primitivo.
Por su configuración formal y su relación con la plaza pavimentada, es probable que su ejecución corresponda a una intervención de finales del siglo XX o principios del XXI, concebida para ordenar y embellecer el espacio público más que para responder a una necesidad tradicional de suministro de agua.
Desde la Plaza de la Constitución nos dirigimos a la Calle del Agua para bajar por la misma hasta la M-225. Metros antes de encontrarnos con la mencionada carretera, giraremos a mano derecha, para bajar por un camino con firme bastante bueno, hasta encontrarnos con la Fuente Nueva o Fuente Pequeña.
Se encuentra compuesta por un muro de mampostería, recrecido recientemente, del cual emerge un caño que surte de agua a la primera parte del conjunto, un pilón rectangular dedicado a abrevadero, el cual comunica con otro pilón bastante mayor e igualmente rectangular, que hasta no hace mucho servía como lavadero. Este conjunto ya aparece reseñado en un plano del siglo XVIII.
Por desgracia y al estar en paralelo a carretera M-225, estrecha y sin arcenes, el tomar una fotografía frontal, se convierte en riesgo de accidente por atropellamiento. La mencionada carretera no tiene excesiva circulación, lo cual no implica que algún vehículo circule en el momento menos oportuno.
Dejamos atrás la fuente mencionada anteriormente caminando por la M-225 de nuevo hacia la Calle del Agua, tras cruzarla llegaremos a la Calle las Cruces, donde cruzaremos la M-225 para continuar por esta calle y llegar a la Fuente Grande.
La Fuente Grande de Corpa forma un conjunto hidráulico tradicional datado en 1897, según la placa conmemorativa empotrada en el muro, donde se indica su construcción por Francisco y Vicente, siendo alcalde Wenceslao García. La obra responde a las mejoras de abastecimiento y salubridad que muchos municipios acometieron a finales del siglo XIX.
El frente principal se resuelve mediante un muro de mampostería rematado por albardillas, en el que se abren tres caños metálicos de generosas dimensiones. Estos vierten el agua a un pilón longitudinal de piedra situado al pie del paramento, concebido tanto para el abastecimiento como para el uso ganadero.
A un lado del conjunto se dispone el lavadero–abrevadero, configurado como un gran vaso rectangular, construido con posterioridad a la fuente. En origen fue concebido como lavadero público, función que mantuvo hasta la llegada del agua corriente a las viviendas. Desde entonces quedó relegado principalmente a uso de abrevadero. Su alimentación procede del agua acumulada en el pilón de la fuente, que se conduce hacia el lavadero por rebose o derivación, manteniendo un circuito continuo antes de evacuar al exterior. Aunque el vaso presenta un revestimiento moderno fruto de restauraciones posteriores, su funcionamiento conserva el esquema tradicional: captación en fuente → pilón → lavadero/abrevadero → desagüe.
En conjunto, se trata de una infraestructura pública de notable interés etnográfico, tanto por su fecha documentada como por la claridad con la que mantiene la relación funcional entre fuente, pilón y lavadero.
Unos metros detrás de la Fuente Grande y excavada en un muro de mampostería, se abre una pequeña hornacina en arco de piedra, protegida por una reja de hierro y rematada por una cruz. En su interior parece conservarse una estampa religiosa, acompañada de flores.
No se ha localizado información documental sobre su origen, aunque todo apunta a una sencilla manifestación de devoción popular vinculada al entorno rural.
Dejamos atrás el conjunto de la fuente–lavadero para cruzar de nuevo la carretera M-225 y comenzar a caminar por la Calle del Agua, pasando por la Plaza de la Constitución hasta llegar a la Calle Alcalá, donde giraremos a la izquierda para continuar por la misma hasta encontrarnos, también a nuestra izquierda, con el Camino del Cementerio. Tras recorrer unos ciento cincuenta metros, alcanzamos la Ermita del Santísimo Cristo de la Piedad.
Se tiene constancia de una antigua ermita del siglo XVIII, conocida como de la Concepción, que posteriormente adoptó la advocación actual. No obstante, no se encuentra documentado si su emplazamiento coincidía con el actual. La ermita presente fue construida en 1922 en sustitución de la anterior dedicada al Cristo, siendo destruida durante la Guerra Civil y reconstruida nuevamente hace algunas décadas.
El edificio, de planta rectangular, está levantado en sillarejo con refuerzos de sillar en las esquinas y se cubre con tejado a dos aguas. El recinto se encuentra vallado mediante reja metálica, delimitando un pequeño espacio donde, días antes de las fiestas patronales, los vecinos se reúnen en acto religioso para proceder a la tradicional bajada del Cristo en procesión hasta la iglesia parroquial, dando así inicio a las celebraciones en su honor.

Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento,COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
