El nombre de Campo Real procede del latín campus, que significa “llanura” o terreno abierto. Durante la época islámica, el lugar aparece como Campo de Almoacid o Campo de Almiraeg, este último probablemente de origen árabe, con el significado de “lugar de descanso”.
El nombre actual se adoptó en 1580, cuando la entonces Aldea del Campo pasó a depender directamente de la Corona tras obtener el título de villa, incorporando el término “Real” por su vinculación con el rey.
Gentilicio : Campeños/as

El término de Campo Real presenta una ocupación humana antigua, aunque poco documentada debido a la ausencia de grandes cursos fluviales. Los primeros indicios se localizan en torno al cerro donde hoy se alza la iglesia de Santa María del Castillo y en las proximidades de antiguos puntos de agua.
No existen restos paleolíticos conocidos, pero sí evidencias del Neolítico, como hachas de piedra halladas a comienzos del siglo XX. La abundancia de sílex favoreció la existencia de talleres de superficie, posiblemente activos también durante la Edad de los Metales, donde convivieron útiles de piedra y metal.
Durante la Edad del Bronce final y la segunda Edad del Hierro (desde el siglo IV a. C.), se documentan asentamientos en altura, lo que sugiere que el cerro de la actual iglesia pudo albergar un poblado fortificado con funciones defensivas y de control del territorio.
En época romana, el territorio parece haber sido más bien zona de tránsito que de asentamiento estable, aunque por él discurría una importante vía, la calzada conocida como “la Galeana”, que conectaba Complutum (Alcalá de Henares) con Toletum (Toledo).
Durante la dominación visigoda y, sobre todo, islámica, se desarrollaron actividades alfareras vinculadas a la abundancia de arcillas. Bajo dominio musulmán, el territorio se organizaba en pequeñas alquerías dispersas, recibiendo el nombre de Almoacid.
Tras la conquista cristiana, el territorio fue definitivamente incorporado por Alfonso VI en el Siglo XI. En 1078 se inicia su repoblación, vinculada inicialmente a la Orden del Temple, que habría tenido presencia en la zona, especialmente en torno a la ermita de San Juan.
En el XII, concretamente en 1118, con la consolidación del poder cristiano en Alcalá, el lugar pasa a formar parte del señorío eclesiástico del arzobispo de Toledo, bajo el nombre de Aldea del Campo, integrándose en la Tierra de Alcalá.
Durante el siglo XIII, tras la victoria de las Navas de Tolosa (1212), el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada impulsa la repoblación definitiva. Los nuevos pobladores procedían de León, Castilla y Galicia, organizándose el territorio en unidades administrativas llamadas “cuartos”. Es en este periodo cuando comienza a levantarse la iglesia de Santa María del Castillo, posiblemente sobre una estructura anterior de carácter defensivo o religioso.
El Siglo XIV estuvo marcado por crisis demográficas, como la Peste Negra de 1348, que provocó la despoblación de núcleos cercanos como Valtierra y Vilches. Parte de sus habitantes se trasladaron a Campo Real, generando conflictos territoriales con Arganda que se prolongarían durante siglos.
En el Siglo XV, en un contexto de tensiones políticas entre monarquía y nobleza, el concejo de la localidad denunció abusos señoriales ante los Reyes Católicos, reflejo de una sociedad en conflicto pero ya estructurada.
A comienzos del Siglo XVI, Campo Real era una de las principales aldeas de la Tierra de Alcalá. La población creció de forma notable, pasando de unos 250 vecinos a mediados de siglo a más de 300 en pocas décadas. Este crecimiento se vio favorecido por varios factores:
La expansión agrícola, especialmente cereal y viñedo, la cercanía a Madrid, convertida en capital en 1561 y la llegada de población morisca tras 1571. En 1578, Felipe II incorpora la localidad a la Corona, y en 1580 obtiene el título de villa, pasando a denominarse oficialmente Campo Real. Este cambio supuso la independencia jurisdiccional respecto a Alcalá. La economía se basaba en la agricultura, el ganado y la producción de vino, destacando el denominado “Tinto de Vilches”.
Durante el Siglo XVII, Campo Real deja de ser villa de realengo al ser adquirida por el conde de Oñate en 1646, integrándose en un señorío nobiliario, produciéndose importantes transformaciones. Construcción del palacio de los condes de Oñate (1654-1658), reconstrucción de la iglesia parroquial tras su derrumbe en 1647, asi como la persistencia de conflictos rurales y presencia de bandolerismo. A finales del siglo, la villa mantiene una economía agraria y una estructura social basada en campesinos y jornaleros.
Siglo XVIII, muestra una imagen bastante completa gracias al Catastro de Ensenada (1752). Campo Real era entonces una villa de señorío, dependiente del conde de Oñate, con una economía basada en los cultivos de cereal, viñedo y olivar, la ganadería lanar y una importante actividad alfarera, que contaba con numerosos talleres en la localidad. La población oscilaba entre 1.000 y 1.200 habitantes, organizada en torno al trabajo agrícola y artesanal. A finales de siglo, según las descripciones de Antonio Ponz, el territorio mostraba signos de crisis agraria, con reducción del ganado de labor y necesidad de mejorar los cultivos.
Siglo XIX supuso importantes transformaciones en la historia de Campo Real. La Guerra de la Independencia provocó saqueos y la destrucción de parte del patrimonio, mientras que la abolición de los señoríos por las Cortes de Cádiz en 1812, efectiva en 1820, devolvió la jurisdicción al municipio. A ello se sumó la reforma territorial de Javier de Burgos de 1833, por la cual Campo Real pasó a formar parte de la provincia de Madrid, dentro del partido judicial de Alcalá de Henares.
El Siglo XX trajo profundas transformaciones en Campo Real. A comienzos de la centuria se produjo la instalación del alumbrado público (1904), a lo que se sumó un progresivo desarrollo de infraestructuras y servicios. Sin embargo, también fue un periodo de cambios económicos importantes, con una crisis agraria que afectó al mundo rural y la desaparición paulatina de la alfarería tradicional, que había tenido gran importancia en la localidad.
Durante la Guerra Civil, Campo Real adquirió cierta relevancia estratégica, con la existencia de un aeródromo militar en su término y el paso del llamado “ferrocarril de los cuarenta días”. Este periodo trajo consigo episodios de colectivización agraria y daños en el patrimonio religioso. Finalizado el conflicto, la posguerra supuso una lenta reestructuración económica, marcada por la emigración hacia Madrid y un proceso gradual de modernización.
A partir de la década de 1960, el municipio experimentó un crecimiento demográfico vinculado al desarrollo industrial de localidades cercanas como Alcalá de Henares y Arganda del Rey. Se impulsaron nuevos polígonos industriales y se consolidó la industria de la aceituna de Campo Real, que alcanzó una notable relevancia y se convirtió en uno de los principales referentes económicos de la villa.
En el Siglo XXI, Campo Real combina su tradición agrícola con el desarrollo industrial y residencial. El municipio ha mejorado sus infraestructuras y equipamientos educativos, sanitarios y culturales, al tiempo que ha reforzado su identidad en torno a productos como la aceituna, sin olvidar los vestigios de su pasado alfarero.
En las últimas décadas, ha experimentado un crecimiento sostenido, integrándose plenamente en el área de influencia de Madrid, aunque manteniendo en gran medida su carácter histórico y rural.

Comenzamos nuestra visita a Campo Real en la Plaza Mayor, una espaciosa plaza donde se ubica el edificio del ayuntamiento, y con espacio para estacionar el vehículo mediante el correspondiente pago, al tratarse de zona azul. El tiempo para lo mismo es de dos horas como máximo.
El actual Ayuntamiento de Campo Real responde a una construcción relativamente reciente, vinculada al desarrollo administrativo moderno del municipio, sin que las fuentes consultadas permitan precisar con exactitud su fecha de edificación o las posibles reformas posteriores.
Desde aquí, y teniendo bastante tiempo con esas dos horas que proporciona de margen el parquímetro, nos dirigimos a visitar la Iglesia Parroquial de Santa María del Castillo, situada en la parte más alta del pueblo, apenas a unos 300 metros, pero con una exigencia para las piernas que puede ser mayor o menor según la condición física de cada persona, debido a la pendiente a salvar.
Desde la mencionada plaza, saldremos por la Calle Santa Bárbara, para girar a la izquierda por la Calle del Pez, desviarnos por la Calle del V Centenario y salir a la Calle de Santa Ana. Una vez en esta calle, se tienen dos opciones para alcanzar la iglesia. La primera subir por unas escalinatas existentes a la izquierda con esculturas de apóstoles, o continuar andando hasta llegar por donde suben los vehículos autorizados hasta la iglesia, opción que se escogió en esta ocasión.
El templo presenta planta rectangular y dos fases constructivas bien diferenciadas. La parte más antigua, de estilo gótico tardío (cabecera, crucero y sacristía), emplea sillares de granito en los elementos estructurales, mientras que el resto se resuelve con mampostería, visible en el exterior y en parte del interior.
La ampliación posterior, de estilo herreriano (naves, torres y pórtico), utiliza piedra caliza en los elementos principales, con paramentos interiores enfoscados y pintados.
La cubierta, de estructura tradicional de madera, presenta un sistema sencillo sin canalización de aguas, lo que ha provocado problemas de humedad en las fachadas.
Nada más subir a la plataforma donde se encuentra la iglesia, llama la atención la fachada principal, llamada también Puerta del Sol, con sus dos poderosas torres gemelas de cantería, de estilo herreriano, que presentan planta cuadrada y tres cuerpos separados por impostas bastante marcadas. En los dos primeros se abren ventanas abocinadas, mientras que el tercero, correspondiente al campanario, presenta un vano de medio punto por cada lado. En la torre del lado izquierdo destaca la existencia de una pequeña espadaña de un solo vano.
En medio de las dos torres, se abre una de las portadas de acceso al templo, de estilo toscano renacentista con arco de medio punto, sostenida por pilastras. En la parte superior de la misma existe una hornacina, entre dobles pilastras que sujetan a su vez un frontón triangular. En el interior de la hornacina, se puede ver una imagen de Nuestra Señora del Castillo. En la parte inferior de la hornacina, se encuentra el escudo del pueblo y la inscripción "Turris Davidica" (Torres de David).
En el lado de la Epístola, se encuentra un pórtico clasicista que se encuentra apoyado en seis pilastras toscanas y huecos de medio punto, con rejas de forja. Este pórtico cubre otra de las portadas, esta vez adintelada bordeada por una moldura acanalada y con un frontón curvo en su parte superior.
Dentro del pórtico, apoyada en el muro, se encuentra una lápida muy erosionada, que conserva parcialmente una inscripción en la que puede leerse la fecha de 1603 y la fórmula habitual de enterramiento, indicando que el difunto fue sepultado el día 13 de un mes que no resulta ya legible. Existe igualmente otra portada en el lado del evangelio, que en esta ocasión se encuentra tapiada. Se trata de una portada clásica bordeada por unas molduras y frontón curvo en su parte superior.
El interior presenta planta rectangular, con nave central y dos laterales más bajas, comunicadas por arcos de medio punto apoyados en pilares renacentistas, así como pilastras toscanas intermedias que alcanzan la altura de la nave.
El crucero está formado por cuatro grandes arcos con capiteles adornados. Las naves, tanto la central como las laterales, se encuentran cubiertas por bóvedas de cañón. Tanto la capilla mayor, el crucero y la sacristía, se encuentra cubiertos por bóvedas de crucería con terceletes. El coro en alto se encuentra a los pies de la nave, protegido por una balaustrada de madera torneada.
A la bajada de la Iglesia y solo por curiosidad, podemos torcer a la izquierda por la Calle de Santa Ana, hasta llegar a la Plaza del Palacio, donde se encuentran las Ruinas del Palacio de los Condes de Oñate.
Se trataba de una construcción de mediados del siglo XVII la cual poseía, cuadras, pajar y demás habitáculos necesarios para las faenas agrícolas. Tras el fallecimiento del Conde de Oñate, Diego Gaspar Vélez, en 1725, y al no dejar descendencia, la propiedad y el señorío pasaron a su hermana Melchora Vélez. Sin embargo, tomó posesión en su nombre su esposo, Sebastián de Guzmán, Marqués de Montealegre.
Posteriormente, ya en el siglo XIX, tras la abolición de los señoríos (iniciada en 1812 y efectiva en décadas posteriores), el entonces Conde de Oñate vendió este palacio y otras propiedades del municipio a Juan de Miangolarra, quien lo parceló y vendió por partes a mediados del siglo XX. Posteriormente los sucesivos propietarios lo fueron dejando en desuso, hasta llegar al estado en que se encuentra en la actualidad.
Como ya se ha indicado, su visita responde más a la curiosidad que a su valor monumental, ya que en la actualidad apenas se conserva un muro parcialmente derruido.
Salimos de la Plaza del Mercado por la Travesía de Palacio hasta llegar a la Calle del Mercado, donde giraremos a la derecha para alcanzar la Plaza Chica, y continuar por la Travesía de las Plazas hasta la Plaza Mayor. Una vez allí, saldremos por la Calle de las Escuelas para encontrarnos con la Ermita del Santo Cristo de la Peña.
Fue construida en 1717 por iniciativa de Diego Isidro de Guzmán y la Cerda, a la sazón XV conde de Oñate y segundo señor de la villa. Según la tradición, el mencionado conde ordenó su construcción tras la aparición de un Cristo crucificado a un pastor.
El templo se compone de dos cuerpos: el de la cabecera, de mayor tamaño, cubierto por una cúpula encamonada con pechinas y linterna, y el de los pies, con cornisa volada y estructura de madera entarimada. Los muros están levantados en mampostería sobre un zócalo recubierto de cemento para salvar el desnivel existente. Los sillares se emplean en las esquinas como refuerzo, así como en los recercados de puertas y óculos.
El acceso se realiza mediante una portada adintelada, sobre la que se abre un óculo circular y una espadaña de piedra con un solo arco de medio punto donde se aloja la campana. Existe otro acceso en el lado del evangelio, actualmente cegado, en cuya parte superior se dispone otro óculo circular.
Durante la Guerra Civil, esta ermita fue empleada como cuartel de intendencia, sufriendo apenas daños, salvo la destrucción del retablo y la desaparición de la imagen del Cristo.
Todos los años, el 14 de septiembre, la imagen del Cristo sale en procesión durante la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz.
Desde el punto anterior, nos dirigimos a la Calle de San Isidro hasta llegar a la Calle Morata donde giraremos a la izquierda para caminar unos 170 metros y encontrarnos con la Ermita de la Virgen de las Angustias.
Esta ermita es la más antigua de Campo Real, encontrándose datada en siglo XVI.
No obstante, en este lugar existió anteriormente un humilladero, pequeño lugar de devoción situado a la entrada o salida de los pueblos. Estos espacios, habituales en distintos puntos de la geografía española, servían para que caminantes y peregrinos dispusieran de un lugar donde orar, señalándose generalmente con una cruz, lo que explica que su primera advocación fuese la de la Vera Cruz.
De planta rectangular, sus muros son de mampostería con sillería en las esquinas como refuerzo y cubierta a cuatro aguas culminada con una cruz de forja. El acceso se efectúa por una portada de piedra caliza, con doble vano de medio punto y medallón en las enjutas, encontrándose en el medio de la parte superior de la misma una hornacina en la actualidad vacía. Esta portada se encuentra cobijada bajo un pórtico sujeto con tres postes de hierro, que sustituyen a las columnas de piedra destruidas en la Guerra Civil, aunque se conservan sus basas. Este pórtico cuenta con una cubierta a tres aguas con tejas.
.Desde la ermita anterior retornamos a la Plaza Mayor, y en este punto se presenta el dilema de cómo llegar hasta el Parque la Fuente en la parte más baja del pueblo, donde se encuentra una fuente, un abrevadero, un lavadero descubierto y otro cubierto.
La primera opción es caminando, siendo el recorrido más corto, de unos 600 metros. Como segunda alternativa, se puede acceder en coche, lo que aumenta la distancia hasta aproximadamente 1,5 kilómetros. Particularmente escogí esta segunda opción, aunque la distancia fuese mayor, ya que me evitaba la exigente subida de regreso, además de contar con la comodidad de un pequeño aparcamiento, desde el cual también parten diversas sendas para caminar.
Este lugar viene citado en las Relaciones Topográficas de Felipe II (1580), en las mismas se puede leer: "...esta villa es abundosa en agua, en una sola fuente que tiene siete caños de agua que por cada uno sale un real de a cuarto de agua furiosamente, y de otro sale un caño como la pierna...".
El conjunto se encuentra resguardado por dos de sus lados por muros de mampostería bastante tosca, siendo el más alto el que resguarda a la propia fuente alimentada por las aguas de un manantial que fluyen a través de un grueso caño y una hendidura existente a su lado, que alimentan una pila rectangular muy alargada, que haría las veces de abrevadero. En la parte del muro alto, se pueden observar unas hendiduras que pudieran ser las que albergasen los siete caños descritos con anterioridad.
Las aguas procedentes de la pila alargada anterior, se depositan en un gran pilón que se usaba como lavadero. En el lado izquierdo de este gran pilón, se encuentra otro gran pilón cubierto en 1901, el cual aparte de servir de lavadero, el agua sobrante, se utilizaba mediante bombas que subían el agua hasta depósitos habilitados al efecto en la parte alta del pueblo.
En la actualidad, tras la llegada del agua corriente a las casas mediante las conducciones del Canal de Isabel II, este conjunto ha quedado relegado a usos secundarios, empleándose sus aguas para el riego de la vega próxima.
Como curiosidad, en estos pilones se lavaban las aceitunas destinadas al aliño. Para ello, la Corporación de aceituneros acordó permitir el uso de la fuente durante la noche, entre las ocho y las cinco de la mañana, dejando siempre un caño libre y con la obligación de que quienes realizasen esta labor dejasen limpio el arroyo.
Localización: Calle de la Fuente 22 en su confluencia con el Camino de la Colada
Coordenadas: 40°20'31"N 3°23'02"W
Para terminar la visita a Campo Real, desde el punto anterior me dirigí en coche hacia la salida del pueblo por la carretera de Arganda del Rey, deteniéndome en el número 70 de la Calle Vilches para contemplar la Ermita de la Virgen de los Remedios.
Se trata de una construcción del siglo XVI aunque remodelada en el siglo XVIII, dejándole su aspecto actual. El muro de la fachada principal se encuentra levantado en sillería en su totalidad, mientras los laterales presentan igualmente sillería pero con planchas de mampostería.
La puerta de acceso presenta arco de medio punto con jambas y dovelas de piedra blanca, la misma se encuentra resguardada bajo un pórtico cubierto a tres aguas. apoyado en columnas de hierro que sustituyen a las columnas seguramente perdidas durante la Guerra Civil, y de las cuales solo se conservan las basas. El interior presenta planta rectangular de una única nave cubierta por una bóveda vaída sobre pechinas.
El día 8 de septiembre tiene lugar la procesión de esta virgen, siendo una de las fiestas principales de Campo Real, convirtiendo la Calle Vilches en una verdadera verbena.
Como colofón decir que a aproximadamente kilómetro y medio del casco urbano, en dirección a las carreteras de Ambite y Pozuelo del Rey, se localizan los conocidos como Paredones de San Juan, restos de lo que fue la antigua ermita de San Juan Bautista, de origen medieval.
A pesar de su interés histórico, no se trata de un enclave fácilmente identificable ni señalizado, y su localización exacta no resulta sencilla sin referencias previas, lo que explica que incluso entre los propios vecinos no sea un lugar especialmente conocido en la actualidad.
Hoy en día únicamente se conservan algunos muros dispersos, testimonio de un antiguo enclave vinculado, según diversas fuentes, a la presencia de órdenes militares en la zona.

Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento,COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
