Su nombre más antiguo, Pozuelo, procede del latín puteolus, evocando la imagen humilde de un pequeño pozo, identificado tradicionalmente con el de La Rejona, en torno al cual se habrían asentado los primeros pobladores. Con el paso de los siglos, el enclave adquirió cierta relevancia y comenzó a ser conocido como Pozuelo de Torres, por su vinculación con Torres de la Alameda. Finalmente, ya en la Edad Moderna, el pueblo adoptó su nombre actual, Pozuelo del Rey, reflejo de su incorporación al realengo y su dependencia directa de la Corona. Así, en su nombre perduran la huella del agua, la memoria de su antigua vinculación territorial y la autoridad del rey.
Gentilicio : Pozueleros/as - Pozoleros/as

El término de Pozuelo del Rey, caracterizado por su relieve homogéneo y la práctica ausencia de cursos fluviales permanentes, no resultó especialmente propicio para los primeros asentamientos humanos. A diferencia de otras zonas de la Alcarria madrileña, donde sí se han documentado restos prehistóricos, aquí apenas existen evidencias de ocupación estable.
Tampoco se han localizado vestigios de la cultura carpetana, previa a la romanización. No obstante, la cercanía de Complutum (Alcalá de Henares), integrada en la red de comunicaciones romana, permite suponer cierta actividad en el entorno, aunque no haya quedado reflejada arqueológicamente en el municipio.
Durante la época visigoda, la proximidad de centros importantes como Toledo o Recópolis no dejó huellas destacadas en Pozuelo, más allá de referencias documentales. Tras la invasión musulmana del año 714, el territorio quedó bajo dominio islámico durante varios siglos, momento en el que probablemente tuvo su origen el núcleo primitivo, entonces conocido como Pozuelo de Torres.
Durante el Siglo XI, tras la conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI, el territorio en el que se sitúa Pozuelo del Rey quedó en una zona fronteriza inestable entre los reinos cristianos y musulmanes. Durante varias décadas, estas tierras sufrieron incursiones y cambios de dominio, lo que dificultó su consolidación como núcleo estable.
Durante el Siglo XII, en el año 1118 se produjo la toma definitiva de Alcalá de Henares y su territorio por el arzobispo Bernardo de Agen, iniciándose un proceso de repoblación mediante la concesión de fueros y privilegios a nuevos pobladores.
En este contexto se encuadra el desarrollo de Pozuelo, que pasó a integrarse en la Tierra de Alcalá, dentro de la organización territorial dependiente del arzobispado de Toledo. El asentamiento se estructuró como una pequeña aldea agrícola, favorecida por la existencia de fuentes, tierras de cultivo y su ubicación en un cruce de caminos.
Durante el Siglo XIII, Pozuelo mantuvo su vinculación a la Tierra de Alcalá, aunque el territorio experimentó diversas reorganizaciones. Tras la victoria cristiana en las Navas de Tolosa en 1212, se consolidó definitivamente el dominio cristiano en la zona.
A lo largo de este periodo se estabilizó la población y se configuró la estructura territorial que, con pocas variaciones, perduraría durante siglos.
El Siglo XIV, estuvo marcado por la crisis demográfica provocada por la Peste Negra, que afectó gravemente a la comarca. En el término de Pozuelo se documenta la desaparición de la aldea de El Quejo, cuyo emplazamiento exacto no ha podido determinarse con precisión.
En el Siglo XV, a finales de la Edad Media, Pozuelo de Torres formaba parte del sistema administrativo del alfoz de Alcalá, organizado en divisiones territoriales conocidas como “quartos”. En este contexto, la aldea quedó integrada en el cuarto de Arganda.
La economía seguía siendo fundamentalmente agrícola y ganadera, con una estructura rural consolidada.
Durante el Siglo XVI, Pozuelo aparece de forma constante en censos y documentos, lo que refleja una notable estabilidad. En las Relaciones Topográficas de Felipe II (1576) se describe como una aldea dependiente de Alcalá de Henares, bajo señorío del arzobispado de Toledo, con una economía basada en el cultivo de cereal, olivo y la ganadería.
El núcleo contaba con unas 180 casas y más de 200 vecinos, construidas mayoritariamente con materiales tradicionales como tierra, yeso y teja. En este siglo se acometieron importantes reformas en la iglesia parroquial de Santo Domingo, ampliándose su estructura, lo que indica cierta prosperidad económica.
A finales del siglo XVI y comienzos del XVII, Pozuelo obtuvo el villazgo y pasó a denominarse progresivamente Pozuelo del Rey, al convertirse en villa de realengo tras su desvinculación del arzobispado.
El Siglo XVII estuvo marcado por una fuerte crisis demográfica y económica, reduciéndose considerablemente la población. En 1630 la villa fue vendida, pasando a depender del conde de Oñate, iniciándose una etapa de señorío nobiliario. A pesar de las dificultades, se llevaron a cabo algunas obras relevantes, como la construcción de la Capilla del Rosario y reformas en el Ayuntamiento.
El siglo XVIII supuso una etapa de recuperación y crecimiento. El Catastro de Ensenada (1753) refleja una población en aumento y una economía basada principalmente en la agricultura y la ganadería, complementada por pequeños oficios artesanales. Destaca la importancia del pozo de nieve, vinculado a la producción y almacenamiento de hielo, así como la construcción de la ermita de Nuestra Señora de la Cabeza, finalizada en 1791 gracias al esfuerzo de los vecinos.
La cercanía de Nuevo Baztán y su desarrollo industrial contribuyeron indirectamente al crecimiento del municipio.
El Siglo XIX, estuvo marcado por importantes cambios políticos y administrativos. Las Cortes de Cádiz abolieron los señoríos en 1812, aunque esta medida no se aplicó plenamente hasta 1837. Por su parte, la reforma territorial de Javier de Burgos de 1833 integró definitivamente a Pozuelo del Rey en la provincia de Madrid, dentro del partido judicial de Alcalá de Henares.
La economía continuó siendo fundamentalmente agraria, aunque se aprecia el declive de algunos cultivos tradicionales como la vid. Se consolidó la estructura urbana del municipio y se mejoraron progresivamente las comunicaciones.
Durante el Siglo XX, Pozuelo del Rey experimentó diversas transformaciones. La Guerra Civil dejó huella en el municipio, destacando la construcción del ferrocarril de los cuarenta días, que atravesaba su término. Posteriormente, se desarrollaron infraestructuras como la estación radiotelegráfica de Radio Madrid y se mejoraron servicios básicos como la educación, la sanidad y el abastecimiento de agua. Sin embargo, el municipio sufrió un progresivo descenso de población, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo, ligado al éxodo rural.
En las últimas décadas del Siglo XXI, Pozuelo del Rey ha experimentado un nuevo crecimiento ligado al desarrollo urbanístico y a su transformación en municipio residencial. La aprobación del Plan General impulsó la expansión del núcleo urbano y la construcción de nuevas viviendas, atrayendo población y modificando parcialmente su fisonomía, aunque manteniendo su carácter tranquilo y rural.

Comenzamos la visita a Pozuelo del Rey, estacionando el coche en un solar de tierra habilitado para aparcamiento, a espaldas de la Iglesia Parroquial de Santo Domingo de Silos. Desde aquí, subiendo una escalinata, nos situamos en la barbacana existente en el lado oeste del templo.
El templo se levantó durante el siglo XVI, interviniendo en su construcción diversos profesionales, lo que dio lugar a una interesante mezcla de estilos, desde la estructura renacentista hasta elementos decorativos de tradición gótica. Los muros de la fachada oeste y el tramo que enmarca la portada sur se encuentran realizados en sillería, mientras que el resto del conjunto presenta mampostería.
Vamos a comenzar la visita por el exterior de la iglesia, recorriendo la barbacana del lado occidental. Lo primero será acercarnos a la pilastra central de la misma, donde, en el cuerpo piramidal que la remata, podemos observar dos inscripciones labradas en la piedra:
En el frontal se puede leer: CURA DOCTO / RODRÍGUEZ / AÑO DE 1773, y en su lado derecho, MAYORDOMO / PEDRO PABLO / DÍAZ.
Girando sobre nosotros mismos, podemos contemplar una de las portadas del templo. Se compone de un arco de medio punto con molduras planas, enmarcado por dos contrafuertes bien marcados, que absorben los empujes de los arcos formeros de las naves laterales. En la parte superior, separada por una moldura, se sitúa una pequeña hornacina, sobre la que se abre una ventana enrejada. La fachada se remata con bolas herrerianas en los extremos y en la línea de cubierta a dos aguas.
Continuamos hacia la fachada sur, donde se encuentra la otra portada de acceso. Presenta también arco de medio punto, aunque en este caso la hornacina aparece enmarcada por un pequeño templete con decoración de carácter plateresco. En esta fachada, junto a la sacristía, se sitúa un reloj de sol, ligeramente sobresaliente del muro para aprovechar mejor la orientación sur.
Seguimos el recorrido hasta situarnos en la fachada este, donde se encuentra el ábside semicircular, reforzado de forma singular por dos cuerpos cilíndricos a modo de contrafuertes. Adosada a este se levanta la torre-campanario de dos cuerpos: el inferior construido con cajones de mampostería entre hiladas de ladrillo, y el superior, destinado a campanario, íntegramente en ladrillo, con vanos de medio punto, uno por cada cara.
Adosada a la torre se encuentra la capilla del Rosario, levantada en el siglo XVII, con muros de mampostería caliza dispuestos en cajones y reforzados con sillares en las esquinas.
Del interior, al que no pude acceder, me remito brevemente a lo recogido en el archivo del COAM. La planta es rectangular, con tres naves separadas por columnas de orden toscano sobre las que apoyan arcos de medio punto. La nave central, de mayor altura y anchura, se cubre con artesonado de madera, mientras que el presbiterio y el crucero presentan bóvedas de terceletes y combados. A los pies se sitúa el coro alto, con barandilla de madera torneada.
A escasos metros de la fachada oeste de la iglesia parroquial se encuentra el edificio del actual ayuntamiento, levantado sobre otro anterior, del cual se conservan dos columnas reaprovechadas de una construcción del siglo XVII.
En ellas pueden leerse las inscripciones AÑO DE 1669 y MARIA, acompañadas en ambos casos por una pequeña roseta de seis pétalos, símbolo tradicional de carácter protector muy habitual en la arquitectura popular.
Salimos por el sur de la Plaza de la Constitución caminando escasos metros hasta llegar a la Plaza de Carlos Ruiz, donde se encuentran las antiguas escuelas, construidas en la década de 1940, y que responden a una arquitectura funcional propia de la posguerra, con una disposición longitudinal y una clara organización de los espacios.
Presenta muros encalados, cubierta a dos aguas de teja cerámica y una sucesión regular de huecos protegidos con rejería, elementos que reflejan su carácter práctico y austero. Los accesos, diferenciados en los extremos, responden a la organización tradicional de este tipo de centros, con accesos diferenciados para niñas y niños, mientras que el conjunto mantiene una imagen sencilla y equilibrada.
En la actualidad, el edificio ha sido adaptado como casa de niños, conservando en gran medida su aspecto exterior original.
Salimos de la Plaza de Carlos Ruiz por la Calle de Peñuelas para bajar hasta la Calle Nueva y cruzar la M-219 o Calle Real, donde se sitúa, en el cruce de esta última con la M-224, el conjunto de fuente con abrevadero y lavadero.
El conjunto, levantado en piedra caliza en 1908, comprende dos estanques rectangulares unidos por un caz. El primero dedicado a fuente-abrevadero, es un poco más pequeño que el segundo o lavadero. Se compone de una pilastra rematada por una pieza piramidal, y situada en el lado más corto orientado al norte, de cuyos laterales emergen dos caños más modernos de bronce. En esta pilastra, se encuentra grabado: "CONSTRUIDO / EN 1908 / SIENDO ALCALDE / D. TELESFORO / DIAZ".
Las aguas sobrantes de la fuente-abrevadero se depositan en una pila pequeña situada a los pies de la misma, que por gravedad son conducidas por un caz, en principio cubierto y luego al descubierto, hasta el lavadero, elevado sobre el suelo, constando de una pila única con muros de piedra de distinta longitud, con sección inclinada para facilitar el apoyo de las tablas de lavar.
Desde el anterior punto, giramos a la derecha por la M-224 para caminar unos cien metros y desviarnos a nuestra derecha por una pista de tierra, en la bifurcación existente, tomamos el camino de la derecha. Desde aquí, y tras recorrer unos doscientos metros, se encuentran las ruinas del antiguo apeadero ferroviario.
Este apeadero estuvo vinculado al conocido como “tren de los cuarenta días”, una línea ferroviaria construida por el bando republicano durante la Guerra Civil Española con el objetivo de establecer una conexión alternativa entre Madrid y Valencia, evitando las zonas más próximas al frente. El trazado, de unos 91 kilómetros de longitud, fue levantado en un tiempo muy reducido, aunque su construcción se prolongó más de lo inicialmente previsto.
De carácter provisional y estratégico, la línea fue perdiendo su utilidad tras el final del conflicto, desapareciendo en gran parte de su recorrido. En la actualidad, algunos vestigios como este apeadero permiten recordar su existencia, mientras que otros tramos han sido acondicionados como la Vía Verde entre Carabaña y Estremera.
Retrocedemos hasta el conjunto de la fuente-abrevadero para caminar unos 250 metros por la Calle del Real o M-244, y encontrarnos con el paseo que nos llevará hasta la Ermita de Nuestra Señora de la Cabeza.
La ermita, situada a las afueras del núcleo urbano sobre un pequeño promontorio entre las carreteras de Loeches y Torres de la Alameda, constituye un destacado hito paisajístico visible desde buena parte del entorno. Aunque las referencias sobre su origen son imprecisas, su construcción se sitúa entre los siglos XVI y XVII, si bien su desarrollo fue lento y prolongado en el tiempo.
Las primeras noticias documentales aparecen en el Catastro del Marqués de la Ensenada (1753), donde ya se menciona la existencia de la ermita, probablemente vinculada en sus inicios a una congregación vecinal. Diversos documentos posteriores permiten conocer que su construcción, impulsada por los propios habitantes del pueblo mediante donativos y trabajo colectivo, sufrió interrupciones por falta de recursos, no quedando concluida hasta finales del siglo XVIII. En 1793 se documentan además diversos pleitos relacionados con la administración de los fondos destinados a su finalización.
Desde el punto de vista arquitectónico, presenta una planta de cruz latina con una nave de notable altura, dividida en varios tramos mediante pilastras adosadas. El crucero se cubre con una cúpula semiesférica sobre pechinas, decorada con pinturas, mientras que la nave lo hace con bóveda de medio cañón con lunetos, siguiendo un esquema sencillo pero proporcionado.
Al exterior, el edificio combina muros de mampostería con refuerzos de sillería en esquinas y vanos, empleándose piedra caliza del propio entorno. La fachada principal, orientada hacia el pueblo, se organiza en torno a una portada de arco de medio punto, rematada por un frontón curvo con hornacina que alberga una imagen de la Virgen, y coronada por una espadaña flanqueada por pináculos. El conjunto se cubre con teja árabe, destacando sobre el volumen la linterna octogonal de la cúpula.
Del interior, al que no pude acceder, me remito al archivo del COAM. De gran sobriedad, destaca el camarín de la Virgen, espacio de especial devoción popular donde se conservan numerosos exvotos. La imagen actual es una reproducción de la original, destruida durante la Guerra Civil. A pesar de algunas transformaciones y reparaciones posteriores, la ermita mantiene en líneas generales su configuración tradicional, siendo hoy el principal centro de las celebraciones en honor a la Virgen de la Cabeza, cuya festividad tiene lugar el cuarto domingo de septiembre.
Desde la ermita anterior, regreso al lugar donde se encontraba aparcado el coche para ir a visitar el Pozo de la Rejona, que según la tradición, fue en este lugar, y en su entorno inmediato, donde la tradición sitúa el origen de la localidad.
Se trata de una pequeña construcción de planta heptagonal, con muros de ladrillo y en algunas esquinas con refuerzos de piedra. Desde este pozo, el agua por gravedad llegaba hasta el pueblo y bombeada posteriormente por el aguacil. Por desgracia, el estado de esta construcción es verdaderamente lamentable y difícil de entender dada su relevancia histórica.
Para llegar hasta el mismo, se tiene que tomar la carretera M-219 dirección Nuevo Baztán hasta las coordenadas 40º22'03"N 3º18'32"W, desde donde parte una pista de tierra, en la cual se puede estacionar y tomar las fotografías oportunas. Como referencia, decir que se encuentra frente al cartel que indica el término urbano de Pozuelo del Rey.
Para terminar la visita a Pozuelo del Rey, me traslado por la M-209 en dirección a Villar del Olmo hasta llegar a las ruinas de una casa de peones camineros.
Estas casas formaban parte de la red de mantenimiento de las carreteras creada en España durante el siglo XIX. En ellas residían los llamados peones camineros, trabajadores encargados de conservar en buen estado un determinado tramo de carretera, reparando baches, limpiando cunetas o retirando obstáculos que pudieran dificultar el paso. Cada peón tenía asignados varios kilómetros de vía y debía recorrerlos con frecuencia para vigilar su estado.
Arquitectónicamente eran construcciones muy sencillas, generalmente de planta rectangular y una sola altura, levantadas con mampostería y cubiertas con tejado a dos aguas. Solían disponer de dos o tres estancias y pequeños huecos en fachada, combinando su función de vivienda con la de pequeño almacén para las herramientas utilizadas en el mantenimiento del camino.
Hoy esta antigua casa se encuentra muy deteriorada, aunque todavía permite reconocer con claridad el tipo de edificio que durante más de un siglo estuvo ligado al cuidado de las carreteras tradicionales.
Coordenadas: 40º20'33"N 3º17'55"W, a pocos metros de la Instalación de Vialidad Invernal.

Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento,COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
