Rivas-Vaciamadrid es un municipio situado al sureste de la Comunidad de Madrid, en un territorio marcado por los valles de los ríos Jarama y Manzanares y por los paisajes característicos del sureste madrileño. Buena parte de su término municipal se encuentra vinculada al Parque Regional del Sureste, donde se combinan vegas fluviales, cortados yesíferos, lagunas y terrenos de carácter agrícola. El clima es de tipo mediterráneo continentalizado, con inviernos fríos, veranos calurosos y secos y precipitaciones escasas e irregulares, concentradas principalmente en primavera y otoño.
Entre los principales elementos de interés histórico y cultural del municipio destacan la Ermita del Cristo de Rivas, situada en un entorno aislado junto al río Jarama, y distintos testimonios relacionados con los antiguos núcleos de Rivas del Jarama y Vaciamadrid. El paisaje natural constituye igualmente uno de sus principales atractivos, especialmente las zonas protegidas integradas en el Parque Regional del Sureste.
Durante siglos, Rivas y Vaciamadrid fueron pequeños núcleos de carácter fundamentalmente rural, ligados a la agricultura y a las vías de comunicación del valle del Jarama. Tras su unión administrativa en el Siglo XIX y los importantes daños sufridos durante la Guerra Civil, el municipio experimentó una profunda transformación a partir de las últimas décadas del Siglo XX, convirtiéndose progresivamente en una de las localidades de mayor crecimiento del área metropolitana de Madrid.
El nombre de Rivas-Vaciamadrid procede de la unión de dos antiguos núcleos de población: Rivas del Jarama y Vaciamadrid. El topónimo Rivas ha sido relacionado con el latín ripa, que significa orilla o margen de un río, aunque el propio Ayuntamiento recoge también la tradición que lo vincula con el capitán Guillermo Rivas, quien habría establecido un enclave cristiano en la zona durante el Siglo XI, por orden de Alfonso VI.
Por su parte, Vaciamadrid tiene origen árabe. En documentos del Siglo XV aparece relacionado con formas como Mazalmadrit o Manzil Mayrit, expresión que puede traducirse como «parador de Madrid», en referencia a un lugar de descanso situado en el camino hacia la ciudad. Con el paso del tiempo, el nombre fue castellanizándose hasta dar lugar a la forma actual. No procede, por tanto, ni de que el río Manzanares «vacíe» en el Jarama ni de la expresión «va hacia Madrid», interpretaciones populares surgidas posteriormente.
En 1845 los núcleos de Rivas del Jarama y Vaciamadrid quedaron unidos administrativamente, origen del actual municipio de Rivas-Vaciamadrid.
Gentilicio: Ripenses

El territorio de la actual Rivas-Vaciamadrid estuvo ocupado desde épocas muy remotas. En el entorno de Vaciamadrid se han localizado yacimientos del Paleolítico, Edad del Bronce, Edad del Hierro, época romana, visigoda y medieval. Destacan lugares como el cerro de El Pronunciado, con restos de un castro celtibérico y construcciones de época romana, y el yacimiento del Congosto, donde aparecieron fósiles, restos de mamuts, instrumentos de piedra y enterramientos. En Rivas del Jarama también se ha propuesto la existencia de un asentamiento romano identificado tradicionalmente con la denominada Ripia Carpetana.
En Rivas existió una fortificación o castillo, hoy prácticamente irreconocible, cuya ocupación islámica está atestiguada por cerámica encontrada en la zona. El nivel de vida de sus habitantes ha sido comparado con el de algunas alcazabas andalusíes. Vaciamadrid, por su parte, aparece durante la dominación árabe como una dehesa concejil vinculada posteriormente a la tierra de Madrid y al Sexmo de Vallecas.
En el Siglo XI tras la conquista cristiana, Alfonso VI arrebató Rivas a los musulmanes y encargó a Gonscelmo de Ribas la construcción de una nueva aldea, cuyas obras concluyeron en 1093. El monarca se reservó inicialmente el señorío.
Durante el Siglo XII, en 1154, Alfonso VII donó el pueblo y el castillo de Rivas al arzobispo de Toledo. Posteriormente, en 1192, Alfonso VIII lo reincorporó a la Corona, integrándolo en la Tierra de Madrid y dentro del Sexmo de Vallecas.
Durante los Siglos XIII y XIV, Rivas continuó integrada en la Tierra de Madrid, dentro del Sexmo de Vallecas. La documentación conservada aporta pocos datos concretos sobre la evolución del núcleo durante estas centurias.
En el Siglo XV, Vaciamadrid adquirió mayor relevancia gracias a la construcción de un parador situado en un punto estratégico de comunicaciones.
Durante el Siglo XVI, hacia 1576, Rivas era un lugar de realengo dependiente de la jurisdicción de Madrid. Contaba con unos 25 vecinos, todos instalados en tierras propiedad de señores madrileños. Ya se mencionaban entonces las ruinas del antiguo castillo y el despoblado de Torres de Pedrosa. Las viviendas se construían principalmente con canto, barro, madera y teja.
En el Siglo XVII, en 1603, comenzó a construirse, sobre la antigua ermita de Santa Cecilia, el convento de los Mercedarios Descalzos, actual Ermita del Cristo de Rivas o Cristo de los Afligidos. Poco después, el señorío de Rivas pasó a manos de Joseph Saavedra Ramírez, cuyos descendientes recibirían posteriormente el título de marqueses de Rivas.
Vaciamadrid alcanzó también cierta importancia en este siglo. En 1605 se construyó un palacio real próximo al antiguo parador, destinado al descanso durante las jornadas de caza. En 1618 obtuvo el título de villa y en 1627 contaba con 24 vecinos y una Casa de Campo del Rey.
Durante el Siglo XVIII, Rivas sufrió un fuerte proceso de despoblación. En 1736 quedó despoblado el Soto de Rivas y, cuando el señorío fue adquirido por un nuevo propietario en 1766, apenas constaba la existencia de un vecino. A finales de siglo solo había cuatro o cinco vecinos, frente a los aproximadamente cincuenta que había tenido décadas antes. La agricultura había disminuido considerablemente y los hornos de cal constituían una de las pocas actividades económicas.
Vaciamadrid también se encontraba muy despoblado: en 1753 tenía solo cuatro vecinos. Persistían algunas casas de labor, cultivos de trigo, cebada, centeno y vid, así como una fábrica de baldosas y ladrillos próxima a la confluencia de los ríos Jarama y Manzanares.
Durante el Siglo XIX, en 1845, Rivas del Jarama y Vaciamadrid quedaron unidos administrativamente formando un solo Ayuntamiento. Poco después, Rivas había descendido a la categoría de lugar y apenas contaba con 48 habitantes repartidos entre siete casas y varios caseríos. El término mantenía un marcado carácter agropecuario, con cultivos de trigo, cebada y patata, además de ganadería y caza.
En Vaciamadrid subsistían antiguas construcciones como el palacio de los condes de Altamira y restos del palacio de Felipe IV. Existían también Ayuntamiento, cárcel y posada. El término poseía canteras de piedra y yeso, mientras los sotos y dehesas se destinaban al ganado. Entre las principales obras públicas del siglo destacaron el Canal del Manzanares y el puente colgante de hierro sobre el Jarama, construido en 1843.
A partir de 1880, el proyecto ferroviario que unía Vaciamadrid con Madrid y posteriormente con Arganda favoreció la industria extractiva, transportándose piedra, cal y otros materiales. En 1888 Rivas contaba ya con 347 habitantes y 110 casas. La agricultura ocupaba más del 80 % del territorio, mientras que la industria se reducía a la elaboración de pan, vino, aceite y cerámica.
Durante el primer tercio del Siglo XX, las riberas del Jarama comenzaron a adquirir importancia como espacio de ocio para la población madrileña. Las propuestas del GATEPAC contemplaban la creación de zonas de baño y recreo vinculadas al río, ideas que posteriormente influyeron en otros planes regionales.
Vaciamadrid quedó prácticamente destruido durante la Guerra Civil y fue incluido entre los llamados “pueblos adoptados” para su reconstrucción. Los proyectos de Regiones Devastadas plantearon un nuevo núcleo urbano organizado en torno a la iglesia, el Ayuntamiento y las escuelas, con trazado ortogonal y viviendas de carácter rural. Las obras se dieron por concluidas en 1959.
En esos años aumentaron el regadío, la ganadería y también la explotación de canteras de yeso y arena, junto con las industrias asociadas. En 1959 el término tenía unos 930 habitantes, aunque muchos vivían en caseríos dispersos como El Porcal. Desde 1954, Vaciamadrid pasó a ser la sede municipal.
A partir de 1960, Rivas quedó integrada en los grandes planes metropolitanos de Madrid. El Plan General del Área Metropolitana de 1963 incluyó el sureste madrileño dentro de una zona de expansión industrial. En 1979 se aprobó un Plan General muy desarrollista, posteriormente revisado para reducir el suelo urbanizable y proteger mejor el medio físico. Durante los años 80 comenzaron a consolidarse grandes desarrollos residenciales como Covibar y la Cooperativa Pablo Iglesias. La revisión urbanística culminó en el Plan General de 1985, cuyos criterios incluían la protección de sotos, zonas de ribera, cortados, cultivos de regadío y elementos paisajísticos como la Ermita del Cristo de Rivas, además de limitar el crecimiento urbano descontrolado.
Durante el Siglo XXI, Rivas-Vaciamadrid ha continuado experimentando un fuerte crecimiento demográfico y urbano. La población, que en 2001 era de 35.742 habitantes, superó los 101.000 a finales de 2023, consolidando al municipio como una de las ciudades de mayor expansión del entorno metropolitano madrileño. Este crecimiento ha ido acompañado del desarrollo de nuevos barrios, equipamientos y servicios, al tiempo que se ha mantenido una especial atención a la protección de su entorno natural, buena parte del cual se encuentra integrado en el Parque Regional del Sureste.

Comenzamos la visita a Rivas-Vaciamadrid en la Plaza de la Constitución, para fotografiar el edificio del nuevo Ayuntamiento. Una vez concluida esta tarea, nos dirigimos a la Ermita del Cristo de Rivas, también conocida como Santuario del Santísimo Cristo de los Afligidos, que forma parte de un antiguo conjunto conventual de los mercedarios descalzos, cuyos orígenes se remontan a comienzos del Siglo XVII. Además de la iglesia, el conjunto cuenta con el antiguo convento, la biblioteca y una casa edificada a escasa distancia, destinada a vivienda del guarda.
Los orígenes del santuario se remontan a mediados del Siglo XII, cuando se levantó una ermita bajo la advocación de Santa Cecilia, en el lugar donde, según la tradición, un pastor había encontrado una imagen de la santa. Los numerosos milagros atribuidos a la imagen convirtieron este lugar en un importante centro de devoción de la zona. .
Posteriormente, en 1603, Beatriz Ramírez de Mendoza, condesa de Castellar, cedió su casa de campo, construida junto a la ermita, a la Orden de la Merced Descalza, con el fin de que algunos religiosos se instalaran provisionalmente en ella. En 1604, tras establecerse la Orden de forma permanente, se derribaron las antiguas construcciones y se encargó al maestro Juan Martínez la construcción de un nuevo convento, cuyas obras finalizaron en 1608. La iglesia comenzó a edificarse en 1614, siendo inaugurada el 30 de abril de 1628. Posteriormente, debido a la gran devoción al Cristo de los Afligidos, en 1672 se iniciaron las obras de ampliación de su capilla, que finalizaron en 1675.
En 1837, como consecuencia de la desamortización de Mendizábal, el convento pasó a manos del Estado, recuperando su propiedad en 1843 el duque de Rivas, patrono del conjunto. Durante la Guerra Civil fue incendiado, quedando en pie únicamente sus muros. Posteriormente, durante la década de 1940, se llevaron a cabo las obras de reconstrucción.
Posteriormente, el 11 de agosto de 1970, el arzobispo de Madrid-Alcalá, Casimiro Morcillo González, mediante un decreto eclesiástico, declaró canónicamente como oratorio semipúblico un espacio de la capilla del antiguo convento, destinado a este fin por la duquesa de Rivas, autorizándose la celebración de misas y otros actos religiosos, así como la reserva del Santísimo Sacramento.
El conjunto conventual se organiza alrededor de un claustro central de planta cuadrada, con la iglesia situada en uno de sus extremos. Adosado a los pies del templo se encuentra el edificio rectangular de la biblioteca.
La construcción combina muros de ladrillo con cajones de mampostería, mientras que otras zonas están realizadas exclusivamente en ladrillo. Los huecos presentan dinteles de ladrillos dispuestos a sardinel. Tanto el convento como la biblioteca cuentan con dos alturas, empleándose la mampostería de piedra en los zócalos de las construcciones.
La portada de acceso a la iglesia, realizada en piedra y de orden toscano, presenta una composición de líneas clásicas, con una puerta de madera de dos hojas decorada con cuarterones geométricos. Sobre ella se encuentra una hornacina que alberga una imagen de Santa Cecilia, enmarcada por pilastras y rematada mediante un frontón triangular coronado por una cruz. A ambos lados de la hornacina se encuentran dos escudos heráldicos de piedra pertenecientes a los Saavedra.
Una vez atravesada la portada, accedemos a un pequeño vestíbulo con muros encalados, pavimento de cantos rodados y cubierta de madera con vigas vistas. En uno de sus muros se encuentra empotrado un antiguo escudo heráldico de piedra, vinculado al patronazgo histórico del conjunto. Completan este espacio un banco de madera y un farol colgante.
El interior del templo presenta una sola nave, con planta de cruz latina según la documentación arquitectónica, cubierta mediante bóvedas decoradas en tonos blancos y rojizos. Los muros, de superficies lisas, se encuentran recorridos por pilastras y cornisas molduradas, que contribuyen a resaltar la altura de la nave. El crucero se cubre mediante una cúpula sobre pechinas.
En la cabecera destaca el retablo mayor, de estilo barroco, con abundante decoración dorada, columnas de capiteles corintios, motivos vegetales y cabezas de angelotes. En su parte central se abre una hornacina de fondo rojizo que alberga la imagen del Santísimo Cristo de los Afligidos, flanqueada por dos pinturas religiosas. Sobre ella se encuentra una representación de Cristo crucificado. Delante del retablo se sitúa el altar, separado de la nave mediante una pequeña barandilla.
A los pies de la iglesia se encuentra el coro elevado, protegido por una barandilla de hierro, desde el cual se puede contemplar el interior del templo. En uno de sus laterales destaca una pequeña tribuna, cuya función original no hemos podido determinar, pero que constituye un elemento arquitectónico de especial interés.
En el lado del Evangelio, a la izquierda según se mira hacia el altar mayor, se abre una capilla lateral cubierta por una cúpula sobre pechinas, decorada también en tonos blancos y rojizos. En su interior destaca un pequeño altar presidido por una imagen religiosa situada en una hornacina de fondo rojizo, sobre la que se encuentra una pintura de Cristo crucificado. Las pilastras y cornisas molduradas completan la decoración arquitectónica de este espacio.
El acceso se efectúa por la carretera M-823, donde unas flechas diminutas indican la entrada al recinto. Lo más recomendable es introducir en el navegador las coordenadas del acceso: 40°22'52"N 3°31'13"W / 40.381111, -3.520278.
El recinto permanece cerrado, salvo durante el horario de misa, los domingos aproximadamente entre las 11:30 y las 13:00 horas, y durante la romería que se celebra en el mes de septiembre.
Desde la ermita mencionada, nos dirigimos en coche al centro del antiguo casco urbano para visitar el Antiguo Ayuntamiento, situado en la Plaza del 19 de Abril, y sus calles adyacentes.
Se trata de un edificio proyectado en 1949 por el arquitecto Luis García de la Rasilla Navarro-Reverter, dentro de las actuaciones de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones, organismo creado después de la Guerra Civil para llevar a cabo la reconstrucción de las localidades afectadas por la contienda.
Es un edificio de dos plantas, que presenta en la planta baja de su cuerpo principal un pequeño porche con tres arcos rebajados, donde se encuentra la puerta de acceso, flanqueada por dos pequeños óculos. A su izquierda se levanta otro cuerpo de dos plantas, sin porche, con cuatro ventanas en la planta baja.
En la planta superior del cuerpo principal se abren tres balcones independientes, protegidos por barandillas de hierro, mientras que el cuerpo situado a su izquierda presenta una balconada corrida que abarca tres huecos, igualmente protegida por una barandilla de hierro. Todos ellos presentan en su parte superior ladrillos dispuestos a sardinel.
La fachada combina el ladrillo visto con elementos que imitan la piedra caliza, presentes en la parte inferior de la primera planta, las pilastras, cornisas e impostas. En las zonas más expuestas al roce exterior, el zócalo es de granito.
La cubierta es a cuatro aguas, con teja árabe sobre una estructura de madera, destacando sobre el tejado una espadaña rematada por un reloj.
El edificio formaba parte de un conjunto arquitectónico proyectado junto con las viviendas situadas en la misma plaza, aunque estas últimas han sufrido importantes transformaciones y, en algunos casos, han sido reedificadas.
A pocos metros de la iglesia se encuentra el edificio de las Antiguas Escuelas, actualmente destinado a Casa de Asociaciones del Casco Antiguo. Se trata de una construcción vinculada a la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones, documentada en 1949 y relacionada con F. Bellosillo.
Es un edificio de una sola planta, con cubierta de teja y fachada de sencilla composición, en la que se abren varias ventanas protegidas por rejas. En su parte posterior dispone de un amplio patio, al que se orienta una fachada con cinco grandes huecos, según puede apreciarse en la fotografía histórica.
A escasos metros del edificio del antiguo ayuntamiento se encuentra la Iglesia Parroquial de San Marcos. Los orígenes de esta parroquia se remontan, al menos, al Siglo XVI, apareciendo sus primeras referencias documentales en las Relaciones Topográficas de Felipe II de 1575, aunque se tiene constancia de que ya existía un templo anterior a esa fecha.
Durante el Siglo XVII se construyó una nueva iglesia, que obtuvo la condición de parroquia bajo la advocación de San Marcos en 1632, cuando fue dotada de pila bautismal y demás elementos necesarios para el culto.
Su proximidad al río Manzanares provocó numerosos problemas estructurales e inundaciones. Especialmente grave fue la crecida de junio de 1724, que destruyó parte de sus cimientos y muros, obligando a promover la construcción de un nuevo templo, autorizada definitivamente en 1726.
La iglesia sufrió nuevas reparaciones durante los Siglos XVIII y XIX, hasta que quedó destruida durante la Guerra Civil, en el transcurso de la Batalla del Jarama.
La actual iglesia fue levantada por la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones, dentro del proyecto de reconstrucción de Vaciamadrid, finalizando sus obras en noviembre de 1959 y conservando la advocación de San Marcos.
El edificio actual es de una sola nave, con el presbiterio situado en su cabecera. Su construcción combina un basamento de piedra con muros de ladrillo visto, utilizando sillares de piedra natural en las esquinas y otros elementos arquitectónicos.
En la fachada principal destaca una torre campanario de planta cuadrada, levantada sobre una base de piedra y rematada por un chapitel de pizarra. Junto a ella se encuentra la portada de acceso, enmarcada por sillares de piedra y coronada por un frontón triangular.
La cubierta es de teja curva, a dos aguas en el cuerpo principal y a tres en el ábside. En el año 2007 se amplió el templo mediante la construcción de una capilla lateral en el lado del Evangelio, aprovechando parte del antiguo atrio.
En su interior destaca la pila bautismal de piedra, tradicionalmente considerada uno de los pocos elementos conservados de la antigua iglesia, aunque su procedencia no está documentalmente confirmada. También alberga una talla de madera del Cristo de la Paciencia, cuyo origen anterior a la Guerra Civil no ha podido establecerse con certeza.
El altar mayor está presidido por una imagen de Cristo resucitado, obra del estudio Arte Martínez, y el templo cuenta igualmente con diversas imágenes religiosas y vidrieras dedicadas, entre otros, a San Francisco y a los Santos Justo y Pastor.
Desde la anterior iglesia y, por desconocimiento de las distancias, usamos el coche para llegar al Yacimiento Arqueológico de Miralrío, situado a apenas 400 metros.
El yacimiento fue descubierto y excavado en 1996, durante las obras de urbanización de esta zona de Rivas-Vaciamadrid. Las excavaciones permitieron documentar los restos de un pequeño poblado carpetano, ocupado durante la Segunda Edad del Hierro, entre los Siglos IV y II a. C.
Se trata de uno de los escasos asentamientos de este pueblo prerromano que se conservan y pueden visitarse en la Comunidad de Madrid. Los carpetanos ocuparon buena parte del centro de la Península Ibérica antes de la conquista romana, manteniendo relaciones con otros pueblos, como los celtíberos y los vetones.
El asentamiento se encontraba sobre una pequeña elevación, próxima a la confluencia de los ríos Jarama y Manzanares, cuya situación ofrecía abundantes recursos hídricos, tierras fértiles para el cultivo y zonas de pasto y caza. Su posición elevada también proporcionaba cierta protección frente a las frecuentes crecidas de ambos ríos.
Para acceder al interior del yacimiento, es necesario concertar previamente una visita con el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid, siendo imprescindible formar un grupo de entre 6 y 20 personas.
Localización: Calle Marcial Lalanda nº 18, en el extremo superior del Parque Miralrío
Desde el yacimiento del punto anterior, para llegar hasta la Oficina de Medio Ambiente, situada junto a la Laguna del Campillo, tenemos dos opciones: dejar el coche en las inmediaciones del yacimiento y recorrer a pie unos 700 metros por la Calle Marcial Lalanda hasta la mencionada oficina, o continuar hasta un aparcamiento público asfaltado situado a unos 450 metros, en la Calle Mirador, junto al polideportivo.
Desde este último aparcamiento se desciende por una acera de ladrillo, paralela a una calzada pavimentada, con dos pendientes bastante pronunciadas, especialmente la segunda, más corta pero de mayor inclinación. Después hay que girar a la izquierda. El regreso se realiza por el mismo recorrido, esta vez en subida.
Existe otro pequeño aparcamiento junto al Centro de Interpretación, aunque el acceso por carretera está prohibido para vehículos no autorizados.
Frente a la Oficina de Medio Ambiente se encuentra un pequeño paso inferior, situado bajo las vías del metro, que hay que atravesar. Es transitable para personas en silla de ruedas, aunque conviene tener precaución si se encuentra embarrado, como sucedía parcialmente durante nuestra visita. Una vez atravesado, se gira a la izquierda y se sigue la pista parcialmente asfaltada durante unos 150 metros, hasta divisar el comienzo del Antiguo Puente de Arganda.
El mencionado puente fue inaugurado en 1910, siendo diseñado por el ingeniero Manuel Victoria de Lecea. Es una estructura metálica de 162 metros de longitud, formada por tres tramos de vigas parabólicas, apoyados sobre las pilas y estribos de un puente anterior.
El primer puente, construido íntegramente en madera, data de 1818. Hasta entonces, el río Jarama se cruzaba mediante la denominada Barca de Arganda, una embarcación que unía ambas orillas mediante un sistema de maromas.
En 1843 se inauguró un puente colgante, que se hundió en 1858 al paso de un carro conducido por unos labradores de Perales de Tajuña. Tras su reparación, volvió a abrirse al tránsito en 1862, hasta que fue sustituido por el actual puente metálico.
Durante la Guerra Civil, el puente adquirió una gran importancia estratégica y fue uno de los objetivos de las tropas nacionales durante la Batalla del Jarama. El escritor estadounidense Ernest Hemingway, corresponsal de guerra, fue testigo de aquellos acontecimientos y recogió referencias al puente en su novela Por quién doblan las campanas.
En 1964, el tráfico de vehículos fue desviado a un nuevo puente de hormigón, quedando el antiguo puente metálico como testimonio de la historia de las comunicaciones sobre el río Jarama.
Su imagen es inconfundible desde hace muchísimos años para las personas que circulan por la carretera N-3, en dirección a Levante desde Madrid o hacia la capital.
Desandando nuestros pasos hasta atravesar nuevamente el paso inferior mencionado, giraremos a nuestra derecha para tomar la senda que inicia el recorrido circular alrededor de la Laguna del Campillo.
La laguna tiene su origen en las explotaciones de áridos y gravas realizadas durante las décadas de 1960 y 1970 en la cuenca del río Jarama. Las excavaciones alcanzaron el nivel freático, es decir, la profundidad a partir de la cual el terreno se encuentra saturado de agua. Tras el abandono de la actividad extractiva, el agua subterránea fue inundando la excavación hasta formar la laguna que conocemos actualmente.
Este humedal, de casi cincuenta hectáreas, forma parte del Parque Regional del Sureste, constituyendo un espacio natural de gran interés paisajístico y ecológico, donde la vegetación de ribera proporciona refugio a numerosas especies de aves acuáticas.
El entorno cuenta con una senda circular de aproximadamente 5,3 kilómetros, de escasa pendiente, que permite recorrer la laguna y contemplar los cortados que se levantan en su orilla opuesta. Existe también un tramo adaptado de 1,2 kilómetros para personas con dificultades de movilidad.
Uno de los elementos más característicos del paisaje son los impresionantes cortados yesíferos que se levantan frente a la laguna. Estas formaciones presentan paredes de tonos blanquecinos y ocres, modeladas por la erosión, en las que se pueden distinguir diferentes estratos y profundos surcos verticales. Su reflejo sobre las tranquilas aguas de la laguna constituye una de las imágenes más representativas de este espacio natural. El entorno también está vinculado a los acontecimientos de la Batalla del Jarama, durante la Guerra Civil, aunque durante nuestra visita no llegamos a divisar vestigio militar alguno.
Dejando la laguna atrás y pasando junto a la Oficina de Medio Ambiente, se encuentra el Apeadero del Tren Turístico de Arganda, final de su recorrido.
Este ferrocarril tiene sus orígenes en la línea de vía estrecha inaugurada en 1886 entre Madrid y Arganda del Rey, destinada al transporte de viajeros y mercancías. Posteriormente, fue prolongada hacia otras localidades, pasando a conocerse como Ferrocarril del Tajuña.
Tras más de un siglo de actividad, la línea fue clausurada en 1997, conservándose un tramo de algo más de tres kilómetros entre la estación de La Poveda, en Arganda del Rey, y la Laguna del Campillo, en Rivas-Vaciamadrid.
Gracias a la iniciativa del Centro de Iniciativas Ferroviarias Vapor Madrid, una asociación dedicada a la recuperación del patrimonio ferroviario, en 2001 comenzó a funcionar el actual tren turístico, utilizando locomotoras y coches históricos restaurados.
Durante el recorrido, el tren atraviesa un puente metálico sobre el río Jarama y discurre por el paisaje del Parque Regional del Sureste hasta llegar a este apeadero, donde finaliza su trayecto antes de regresar a La Poveda.
Este ferrocarril es también conocido por el popular dicho: «El tren de Arganda, que pita más que anda».
Tras esta última visita, regresamos al coche, dando por finalizado nuestro recorrido por Rivas-Vaciamadrid, un municipio cuyo antiguo casco urbano fue reconstruido después de la Guerra Civil, pero que conserva una historia que se remonta muchos siglos atrás.

Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento,COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
![]() Ayuntamiento
Plaza de la Constitución, 1 28522 - Rivas-Vaciamadrid Tfno: 91 670 00 00
Distancia a Madrid: 18,8 Km Altitud: 563 m Latitud: 40°21'18"N Longitud: 3°32'53"W Superficie: 67,38 Km² Municipios colindantes
Getafe Arganda del Rey Mejorada del Campo San Martín de la Vega Velilla de San Antonio San Fernando de Henares EN COCHE1.-Por la A3 salida 12 a Via de Servicio conducir por la misma hasta dirigirse a Rivas-Vaciamadrid. 18,8 Km ![]() AUTOBUSES312 Madrid (Pavones)312A Madrid (Pavones) 331 Madrid (Méndez Álvaro) 332 Madrid (Méndez Álvaro) 333 Madrid (Méndez Álvaro) 334 Madrid (Méndez Álvaro) 336 Madrid (Pavones) 337 Madrid (Pavones) 341 Madrid (Pavones) 351 Madrid (Méndez Álvaro) 352 Madrid (Méndez Álvaro) 353 Madrid (Méndez Álvaro) N301 Madrid (Atocha) N302 Madrid (Atocha) N303 Madrid (Atocha) EN METROMetro: Línea 9(Tramo con tarifa especial desde Puerta de Arganda) |
