Según se recoge en las Respuestas a Lorenzana de 1786, el nombre del pueblo se relaciona con los santos niños mártires Justo y Pastor, ya que la tradición señala que este lugar fue su patria.
En origen el lugar se denominaba simplemente Humosa. La tradición cuenta que en el paraje donde hoy se levanta la ermita se apareció la imagen de Nuestra Señora a un pastor, quien observó salir humo en varias ocasiones de aquel lugar. Tras investigar el sitio encontró la imagen de María, dando origen a la advocación de la Virgen de la Humosa. Con el tiempo, y uniendo ambas tradiciones, el pueblo pasó a llamarse Los Santos de la Humosa.
Gentilicio : Santeros/as

El territorio donde hoy se asienta Los Santos de la Humosa posee una historia muy antigua. En las terrazas del río Henares se han localizado restos paleontológicos del Mioceno, con fósiles de animales extinguidos hace millones de años, como mastodontes o tortugas gigantes. Mucho más tarde, en la misma zona aparecieron útiles de sílex, cerámicas y piedras de molino que evidencian presencia humana hace unos 15.000 años.
La época romana también dejó su huella. En el siglo XVI se descubrió junto al río Henares un miliario dedicado al emperador Trajano, fechado entre los años 98 y 99 d. C., lo que confirma la importancia de este corredor natural como vía de comunicación en relación con Complutum. Posteriormente, ya en época visigoda, aparecieron restos humanos y una pequeña cista funeraria que parecen corresponder a una modesta necrópolis rural.
Del periodo andalusí apenas se conservan datos seguros. Algunos autores han querido relacionar el nombre de la Humosa con señales de humo emitidas desde alguna atalaya, mientras que el topónimo Castillejo podría indicar la existencia de una antigua fortificación. En cualquier caso, el territorio permaneció durante siglos como zona fronteriza hasta la consolidación del dominio cristiano en el valle del Henares.
En el siglo XI, tras la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1086 y el avance cristiano por el valle del Henares, estas tierras quedaron vinculadas al arzobispado de Toledo y al entorno de Alcalá de Henares. Debió de existir entonces un primer asentamiento en la ribera del río conocido como Humosa o Fumoso.
Sin embargo, aquel emplazamiento resultó poco adecuado. Las frecuentes inundaciones del río y las enfermedades derivadas de la humedad hicieron que el lugar terminara despoblándose con el tiempo, circunstancia que explicaría el posterior traslado del núcleo habitado a una posición más elevada.
Durante el siglo XII se consolidó el dominio cristiano en esta parte del valle del Henares. Bajo la autoridad del arzobispado de Toledo y en relación con Alcalá de Henares, se inició la repoblación de los territorios situados entre los ríos Henares y Tajuña.
En esta etapa comenzaron a organizarse los cultivos, los aprovechamientos del monte y las primeras explotaciones agrícolas estables, sentando las bases del poblamiento que más tarde daría lugar al núcleo actual.
El verdadero origen del pueblo actual se sitúa en el siglo XIII. Según la tradición conservada en las fuentes antiguas, en 1276 el arzobispo de Toledo Fernando de Covarrubias ordenó establecer una nueva puebla en el emplazamiento actual, situado en un alto cubierto entonces de encinas y robles.
El nuevo asentamiento se organizó en torno a una pequeña ermita que con el tiempo daría origen a la iglesia parroquial. Su posición elevada, dominando el valle del Henares, ofrecía mejores condiciones sanitarias y defensivas que el antiguo lugar situado junto al río.
En esta época la villa quedó integrada en la Comunidad de Villa y Tierra de Alcalá de Henares, dentro del Cuarto de Santorcaz, formando parte del sistema territorial organizado tras la Reconquista.
Durante el siglo XIV, el pueblo continuó afianzándose como una pequeña comunidad agrícola. Sus habitantes vivían fundamentalmente del cultivo de cereales, de la vid y del olivo, además del aprovechamiento ganadero y de los recursos del monte.
La antigua ermita de la Virgen de la Humosa mantenía el recuerdo del primer asentamiento situado junto al río, mientras que el nuevo núcleo seguía creciendo lentamente en torno a la iglesia y a los caminos que estructuraban el territorio.
En el siglo XV, la villa continuó desarrollando una vida modesta, pero estable, dentro del territorio vinculado a Alcalá de Henares y al arzobispado de Toledo. La comunidad local se organizaba en torno al concejo y a las actividades agrícolas que marcaban el ritmo de la vida cotidiana.
El paisaje estaba formado por campos de cereal, olivares dispersos, viñas y zonas de monte, configurando un entorno rural que apenas cambiaría durante varios siglos.
El siglo XVI fue una etapa de notable crecimiento. A comienzos del siglo se fundó un hospital para pobres y la población aumentó con rapidez: de poco más de ochenta vecinos hacia 1530 se pasó a más de doscientos cincuenta en la década de 1570.
Las Relaciones Topográficas de Felipe II de 1576 describen una villa de unas ciento noventa casas, sin murallas, construidas con tierra, piedra y madera. La mayoría de sus habitantes eran labradores que cultivaban trigo, cebada, vino y aceite, aunque muchos complementaban sus ingresos trabajando el esparto. Existían ya la iglesia parroquial de San Pedro, las ermitas de la Humosa y de San Sebastián, un hospital y varias fuentes de agua.
En 1578 tuvo lugar un episodio decisivo. Felipe II decidió vender la villa, hasta entonces perteneciente a la Mesa Arzobispal de Toledo, pero los propios vecinos ejercieron el derecho de tanteo y adquirieron la jurisdicción. Gracias a ello Los Santos conservó su autonomía como villa con jurisdicción propia.
Durante el siglo XVII, la población experimentó un cierto retroceso, probablemente relacionado con las crisis demográficas y económicas que afectaron a gran parte de Castilla.
En este contexto se levantó la ermita de San Roque, bendecida en 1623, advocación muy vinculada a la protección frente a las epidemias. La economía siguió basándose en la agricultura, la ganadería y los aprovechamientos del monte.
De esta centuria destaca también la figura de fray Francisco de los Santos, natural del pueblo y prior del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, que aparece representado en el famoso cuadro de Claudio Coello sobre la Adoración de la Sagrada Forma.
A mediados del siglo XVIII, según el Catastro de Ensenada, Los Santos era una villa agrícola de tamaño modesto, con unas 140 casas y una economía basada principalmente en el cultivo de cereales, viñas y olivares.
El término contaba con dehesas, montes de encina y roble, viñedos y olivares, además de numerosas fuentes. Existían también taberna, mesón, tienda de abacería, hospital y pósito. El esparto seguía siendo un recurso importante para muchas familias que elaboraban pleitas y otros productos con esta fibra vegetal.
El siglo XIX trajo importantes cambios administrativos. En 1801 Los Santos pasó a formar parte del partido judicial de Alcalá de Henares, dentro de la nueva organización territorial vinculada a Madrid. Posteriormente, la reforma territorial de Javier de Burgos de 1833 consolidó su integración en la provincia de Madrid. La abolición de los señoríos decretada por las Cortes de Cádiz en 1811-1812 apenas afectó al municipio, ya que se trataba de una villa de realengo.
Las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz transformaron profundamente la propiedad de la tierra. Numerosas fincas pertenecientes al clero y a instituciones públicas fueron vendidas, alterando la estructura agraria tradicional. Entre las grandes propiedades surgidas entonces destacó el monte conocido como El Monte, adquirido posteriormente por el conde de Romanones.
En 1888 se inauguró un puente sobre el río Henares que sustituyó al antiguo paso de barca, mejorando las comunicaciones con los pueblos vecinos.
El siglo XX comenzó con una economía todavía muy ligada a la agricultura, basada en el cultivo de cereal, viñas y olivares. En 1924 se construyó el nuevo cementerio municipal de San Fulgencio, sustituyendo al antiguo camposanto parroquial.
La Guerra Civil (1936-1939) provocó la destrucción de imágenes y retablos y el deterioro de algunas ermitas. Tras la guerra el pueblo mantuvo su carácter agrícola, aunque poco a poco surgieron pequeños talleres e industrias locales.
En la década de 1960 se instaló la estación de radar hispano-americana o Central de Comunicaciones Aeroespaciales, cuyas grandes antenas marcaron durante años el paisaje del municipio. Al mismo tiempo comenzó a desarrollarse el fenómeno de la segunda residencia, que aumentó el número de viviendas.
Durante las últimas décadas del siglo se construyeron nuevos equipamientos municipales y se aprobaron las Normas Subsidiarias de Planeamiento de 1998, que ordenaron el crecimiento urbanístico del municipio.
En las primeras décadas del siglo XXI, Los Santos de la Humosa ha experimentado una progresiva transformación residencial. El municipio ha ampliado sus equipamientos públicos con nuevos centros educativos, instalaciones municipales y espacios urbanos renovados.
A pesar de estos cambios, el pueblo conserva todavía su estructura histórica, con el casco antiguo dominado por la iglesia parroquial y las calles que recuerdan su origen medieval. Así, Los Santos de la Humosa mantiene la memoria de su pasado agrícola y de su antigua relación con el valle del Henares, mientras continúa adaptándose a las nuevas dinámicas del siglo XXI.

Los Santos de la Humosa es un pueblo pequeño pero muy pintoresco, situado en lo alto de un cerro que domina el valle del Henares. Precisamente por esta posición elevada, recorrer sus calles supone enfrentarse a algunas cuestas pronunciadas. No es, por tanto, un pueblo especialmente cómodo para pasearlo sin esfuerzo, pero sí uno de esos lugares donde cada rincón recompensa la subida con buenas vistas y un ambiente tranquilo.
El pueblo no dispone de grandes zonas de aparcamiento, por lo que lo habitual es dejar el vehículo en alguno de los espacios disponibles en sus calles. En este caso concreto, se tuvo suerte y aparcamos en un pequeño espacio para cuatro o cinco vehículos, existente delante de la iglesia parroquial, en lo más alto de la localidad. Todo ello en un día laborable y sin ningún oficio religioso; en caso contrario, habría sido imposible.
Iglesia Parroquial de San Pedro, construida entre 1562 y 1677. Se trata de una construcción que impone a la vista por su robustez y sobriedad, dirigida inicialmente por el maestro de cantería Nicolás de Ribero Ballesteros, que a su vez participó en la construcción de la Universidad de Alcalá y otros templos de pueblos de la actual Comunidad de Madrid.
Los muros alternan sillería caliza con mampostería y descansan sobre un basamento resaltado de sillería, con el borde superior achaflanado, que recorre todo el templo. El acceso se efectúa mediante una portada de medio punto y puerta de madera, cobijada por un atrio cubierto que presenta tres arcos de medio punto, que descansan sobre pilares cuadrados al que se accede por una pequeña escalinata de tres peldaños.
La torre-campanario presenta tres cuerpos separados por impostas, que descansan igualmente en un basamento de sillería. El primer cuerpo se encuentra levantado en mampostería concertada de gran tamaño, mientras que el segundo y el tercero dedicado a campanario, presentan mampostería más reducida. En el primer cuerpo se emplaza una pequeña ventana de estilo aspillero, en el segundo dos ventanas del mismo estilo y en el campanario cuatro vanos, uno por lado, de medio punto, enmarcados al igual que las ventanas citadas, por sillares.
El interior, al que no pude acceder, se compone de una única nave dividida en tres tramos y cabecera ochavada cubierta por una bóveda nervada sobre tres tímpanos ojivales con pinturas al fresco, de estilo gótico aunque sin los preceptivos arcos de crucería. El coro de madera se encuentra a los pies, encontrándose en el cuerpo bajo de la torre la capilla bautismal, de planta cuadrada, cubierta por bóveda de platillo sobre pechinas, en la que se encuentra la monolítica pila bautismal, que procede de la capilla ya desaparecida del Santísimo Sacramento de la primitiva iglesia, pudiéndose datar del siglo XV; mientras que las dos pilas benditeras existentes pudieran datar de mediados del siglo XVII.
Dejamos atrás la iglesia parroquial bajando por la Calle de la Iglesia, atravesamos la Plaza de la Constitución donde se encuentran los edificios del nuevo y viejo ayuntamiento, y continuamos por la Calle Mayor hasta su confluencia con la M-226, en cuya esquina, Plaza de Dª Benita Santos Juarranz, se encuentran las Antiguas Escuelas Católicas Juarranz o en la actualidad Capilla del Santísimo.
El edificio fue levantado en 1902, por el arquitecto de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando Arturo Pérez Merino, siguiendo el encargo de Benita Santos Juarranz en memoria de su padre Santos Juarranz, con objeto de ser dedicado a escuelas para ambos sexos y establecer aquí igualmente la Fundación de carácter benéfico del mismo nombre.
El edificio presenta planta de "U" con un patio central muy estrecho, que hace de separación de los edificios simétricos, en la parte delantera antiguamente se encontraba el patio de recreo cercado por una pared, habiéndose convertido en la actualidad en la plaza mencionada con anterioridad. Las plantas baja estaban dedicadas a alojar las aulas, la de la parte izquierda para niñas y la derecha para niños, estando dedicadas las plantas superiores para las viviendas de los maestros.
Desde el punto de vista arquitectónico, el edificio responde a un modelo propio de la arquitectura escolar de comienzos del siglo XX, con una fachada de ladrillo visto organizada de forma simétrica y articulada en dos alturas. La composición se estructura mediante ejes verticales marcados por los huecos, con vanos adintelados en la planta superior y de medio punto en la inferior, todos ellos enmarcados con sencillos recercados de ladrillo.
Destaca el remate central escalonado, que rompe la horizontalidad de la fachada y acentúa el eje principal del edificio, donde se sitúa una pequeña placa conmemorativa. Los balcones de hierro forjado y la cornisa con decoración de ladrillo en resalte aportan un carácter sobrio pero cuidado, propio de este tipo de edificaciones públicas. En conjunto, se trata de una construcción funcional, de líneas sencillas, en la que el uso del ladrillo como material predominante define su estética y la integra plenamente en la arquitectura tradicional de la zona.
En la actualidad, la antigua escuela de niñas se ha reconvertido en Capilla del Santísimo, con sacristía y despacho parroquial, celebrándose en ella actos litúrgicos en determinados días y horas.
Separada por escasos metros de las antiguas escuelas, se encuentra en la misma M-226, la Casa de la Cultura.
Edificio levantado a finales del siglo XIX y comienzos del XX, en un solar de la familia Centenera, que tenía desde hacía siglos en el pueblo una capellanía con su nombre. Posteriormente fue adquirido por el ayuntamiento a mediados del siglo XX, destinándose en un primer momento a vivienda del secretario municipal y de los maestros de las escuelas públicas recién construidas. Ya en 1990 fue rehabilitado para su uso actual, instalándose, previa reforma del espacio bajo cubierta, la biblioteca y el CAPI.
Desde el punto de vista arquitectónico, el edificio responde a una tipología civil de finales del siglo XIX y comienzos del XX, construida en ladrillo visto y organizada en dos alturas sobre un basamento de mampostería. La fachada presenta una composición simétrica, articulada mediante ejes verticales definidos por los huecos, con vanos adintelados en la planta superior y balcones de hierro forjado.
Destaca la rica decoración de ladrillo en resalte, especialmente en la cornisa y en el friso superior, donde se desarrolla un motivo geométrico que remata el edificio y le confiere un carácter singular. El cuerpo central se enfatiza mediante el rótulo de la Casa de la Cultura, reforzando el eje principal de la composición. En conjunto, se trata de un edificio sobrio pero cuidadosamente ornamentado, representativo de la arquitectura civil de la época en el ámbito rural madrileño.
Continuamos bajando por la M-226 unos trescientos metros, hasta llegar a la Plaza de Toros, a cuyas espaldas se encuentra la Fuente de abajo, del Abrevadero o de las Mulas.
Desde el punto de vista arquitectónico, se trata de una fuente-abrevadero de carácter funcional, construida con materiales sencillos y pensada para el abastecimiento de agua y el uso ganadero. Presenta un pilón longitudinal de planta rectangular, revestido en mortero, con un borde superior rematado por piezas de piedra que actúan como protección y refuerzo estructural.
El agua se introduce mediante un sencillo caño lateral, vertiendo directamente al pilón, cuya escasa altura facilita el acceso del ganado. La disposición lineal y abierta, junto a la ausencia de elementos decorativos, responde a una concepción puramente utilitaria, propia de este tipo de infraestructuras tradicionales vinculadas a la vida rural.
Unos metros más arriba de la fuente mencionada anteriormente, se encuentra una fuente que ha sufrido diversos traslados. En un principio estuvo instalada en la Plaza Mayor, siendo posteriormente trasladada en torno a la ermita de la Soledad, perdiéndose en el mismo el pilón troncocónico de sillería rustica original, sustituido por otro cilíndrico placado con losetas de piedra caliza. Siendo traslada de nuevo hasta su actual localización.
Su actual emplazamiento, en un espacio abierto y elevado, contribuye a reforzar su carácter singular dentro del conjunto urbano.
Después de un breve descanso en el Parque de la Fuente, lugar donde se ubican las dos fuentes mencionadas anteriormente, me aventuré a intentar localizar los antiguos lavaderos públicos, que, aun teniendo las coordenadas del punto donde según Google Maps se encuentran situados, resultó misión imposible encontrarlos y, por supuesto, visitarlos.
Tras este intento fallido, decidí regresar hacia la iglesia, donde tenía aparcado el coche. Para ello me encaminé por la Calle Gran Vía, desde su confluencia con la M-226 hasta llegar a la Plaza de la Constitución, y de allí por la Calle de la Iglesia hasta la misma. El recorrido es de apenas 500 metros, que para las personas que no tengan un buen estado de forma o padezcan alguna dificultad para caminar, puede hacerse algo exigente debido a la pendiente existente.
Sin embargo, no iba a ser todo esfuerzo, ya que a mitad de camino, en la Plaza del Gato, se puede hacer un alto en el camino y, de paso, contemplar una fuente bastante curiosa por su colorido.
Desde el punto de vista arquitectónico, se trata de una fuente de carácter ornamental, de composición centralizada y planta circular. El conjunto se articula en torno a un cuerpo cilíndrico rematado por un pequeño chapitel cónico, que actúa como eje vertical de la fuente.
El pilón, igualmente circular, combina un basamento revestido en mampostería con un borde superior enlucido y pintado, configurando un contraste cromático muy marcado. Los caños se disponen en el cuerpo central, permitiendo la caída del agua al vaso inferior. El uso de colores vivos y elementos decorativos como las macetas colgantes refuerzan su carácter estético y urbano, alejándola de la funcionalidad tradicional de otras fuentes del municipio.
Una vez en el coche, nos dirigimos por la calle de la izquierda que bordea la iglesia por detrás, llamada Calle de la Ronda del Mirador, donde se hace una breve parada para observar el Valle del río Henares.
Continuamos conduciendo hasta llegar a la Calle de la Soledad 62, donde se encuentra ubicada la Ermita Virgen de la Soledad. Se trata de un templo de planta cuadrada, construida entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, siendo la primera mención escrita que hace referencia a la misma, la que se encuentra en las Respuestas a Lorenzana de 1786.
Desde el punto de vista arquitectónico, el edificio presenta un volumen cúbico muy sencillo, característico de las ermitas rurales de la época, con una clara diferenciación de materiales entre sus fachadas. La principal se ejecuta en sillería, ofreciendo una imagen más cuidada y representativa, mientras que las restantes se resuelven en mampostería vista, reforzada en las esquinas mediante cadenas de ladrillo.
El conjunto se remata mediante una cornisa en pecho de paloma en la fachada principal, empleándose igualmente el ladrillo en las cornisas laterales, sobre las que descansa una cubierta a cuatro aguas de teja cerámica, coronada por una sencilla cruz de forja que actúa como veleta.
A los pies de la nave se dispone un pórtico adosado, que protege el acceso mediante un arco de medio punto. Este pórtico se apoya en dos columnas toscanas, parcialmente modificadas, y se cubre con una estructura de madera a tres aguas revestida de teja, aportando al conjunto un carácter sobrio y funcional.
El interior, de planta cuadrada y enlucido, se cubre mediante una singular bóveda corrida, con un paño central plano entre arranques curvos, revestida con tablillas de madera, lo que le confiere un aspecto poco habitual dentro de este tipo de construcciones.
Desde el punto anterior nos dirigimos a nuestra última parada, la Ermita de Nuestra Señora de la Humosa, de la que nos separan aproximadamente 5,5 kilómetros. Para ello tomamos la M-226 en dirección a Alcalá de Henares hasta el desvío al desguace Los Santos, algo complicado de tomar si se viene desde Los Santos de la Humosa, debido al tráfico y a encontrarse a la izquierda. Resulta más sencillo continuar hasta la siguiente rotonda y regresar hasta dicho desvío.
Coordenadas: 40°31'47"N 3°16'43"W. Conviene dejar el coche en un amplio espacio entre árboles frente a la entrada del desguace y continuar a pie por una pista de tierra durante unos 500 metros hasta alcanzar el recinto de la ermita. No obstante, si el estado del camino lo permite, también es posible acceder con el vehículo, aunque en mi caso presentaba zonas bastante embarradas donde existía riesgo de quedar atascado.
Existen otras dos alternativas igualmente por pistas de tierra desde la M-226. La primera parte desde las coordenadas 40°30'55"N 3°15'57"W, con un recorrido de aproximadamente 1,7 kilómetros, y la segunda desde 40°31'38"N 3°16'12"W, con una distancia de unos 800 metros hasta la ermita.
Desde el punto de vista arquitectónico, la ermita presenta una planta rectangular muy alargada, siguiendo la disposición canónica con cabecera orientada al este y acceso lateral en el lado meridional. La construcción se realiza en aparejo toledano, combinando cajones de mampostería entre hiladas de ladrillo, lo que le confiere una imagen característica y muy representativa de la arquitectura tradicional de la zona.
El conjunto se cubre mediante distintas soluciones según los cuerpos: a dos aguas en la nave principal, a cuatro en el falso crucero —ligeramente más elevado y rematado por una pequeña linterna cuadrada con cruz—, y a tres en la sacristía trasera, generando un perfil volumétrico variado pese a la sencillez del edificio.
El acceso se realiza a través de un pórtico que protege la puerta abierta en la fachada meridional, resuelta con jambas y dintel de sillería bajo un arco de descarga de ladrillo. El interior se organiza en una única nave dividida en varios tramos mediante pilastras, sobre las que se desarrolla una bóveda de cañón con lunetos, culminando en un presbiterio que adopta la forma de un falso crucero cubierto por cúpula con linterna.
En conjunto, se trata de un edificio de gran sobriedad exterior pero con una estructura interior más compleja, reflejo de las sucesivas intervenciones y de la importancia que tuvo este santuario en el ámbito local.
Según la tradición recogida en las Respuestas a Lorenzana de 1786, el origen del santuario se vincula al hallazgo de una imagen de la Virgen en este paraje, tras observar un pastor la salida de humo en repetidas ocasiones, lo que dio lugar al nombre de La Humosa.
El lugar, situado en la vega del río Henares, fue el emplazamiento de la primitiva población, que hubo de abandonarse por las condiciones insalubres del entorno, quedando la ermita como único testimonio de aquel asentamiento original.
Con esta ermita ponemos fin a nuestra visita a Los Santos de la Humosa, un recorrido que, entre cuestas y pequeños descansos, nos ha permitido descubrir la esencia tranquila de este lugar.

Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento,COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
