En un principio, en la antigüedad, este pueblo se llamó Quexo, que al ser asolado por la peste y repoblado más tarde, recibió el nombre de Vale Verde, para posteriormente pasar a llamarse Valverde. Ya más recientemente y para diferenciarlo de otros Valverde existentes en España, se le puso el apellido de Alcalá por su proximidad a Alcalá de Henares.
Gentilicio : Valverdeños/as

El territorio de Valverde de Alcalá presenta indicios de ocupación humana desde tiempos muy antiguos, favorecido por su situación en el valle del arroyo Pantueña y por la presencia de cerros y terrazas que articulan el paisaje. En su término se han localizado diversos yacimientos, especialmente de la Edad del Bronce, además de algunas piezas de sílex y restos cerámicos que apuntan a una ocupación dispersa y antigua. Aunque no se conocen asentamientos de gran entidad, sí parece claro que el entorno fue aprovechado desde época prehistórica, en relación con otros focos cercanos del valle del Henares y de la Alcarria complutense.
En el Siglo I a. C. y en los primeros siglos de nuestra era, la cercanía de Complutum debió de influir sobre este territorio, aunque no se hayan documentado restos romanos de importancia dentro del actual término municipal. La integración de la comarca en la red viaria vinculada a Alcalá y su posible relación con caminos que se dirigían hacia el sur permiten pensar que Valverde quedó dentro de una zona de tránsito más activa de lo que hoy podría suponerse.
Durante los Siglos V al X, el territorio siguió ligado a la evolución general de la comarca complutense. La etapa visigoda apenas ha dejado huellas seguras, y en época islámica la importancia principal recayó sobre Alcalá la Vieja y los caminos heredados del mundo romano. Algunos autores sitúan en estos siglos el origen remoto de Valverde, aunque las noticias firmes no llegan hasta después de la repoblación cristiana.
En el Siglo XII, tras la conquista definitiva de Alcalá y su entorno, Valverde quedó incorporada al alfoz complutense bajo señorío arzobispal. La repoblación del territorio se articuló a través del Fuero de Alcalá y de la Comunidad de Villa y Tierra, dentro de la cual la aldea fue adquiriendo personalidad propia. En estos momentos la historia de Valverde corre paralela a la del resto de pueblos de la comarca, dependiente de Alcalá tanto en lo administrativo como en lo eclesiástico.
Durante el Siglo XIII, la organización del territorio se fue consolidando. Los cambios jurisdiccionales entre Alcalá y Segovia afectaron también a estas aldeas, aunque finalmente Valverde regresó al ámbito complutense. A lo largo de esta centuria se reforzó la estructura concejil y quedaron fijadas muchas de las bases fiscales y administrativas que marcarían la vida local durante siglos.
En el Siglo XIV, según la tradición recogida por diversas fuentes, el antiguo asentamiento de Quejo o Quexo habría quedado abandonado, probablemente a raíz de la crisis demográfica provocada por la peste, naciendo entonces el nuevo núcleo de Valverde en su emplazamiento actual. La nueva ubicación, más resguardada, se situó en un pequeño valle abierto al sur y protegido por cerros, junto a la vega del arroyo. Desde entonces Valverde quedó integrada en el Cuarto de Villalbilla dentro de la Tierra de Alcalá, junto con otras aldeas próximas.
En el Siglo XV, la aldea mantuvo su carácter rural, dependiente de la organización alcalaína y apoyada en una economía agraria modesta. No se conocen grandes acontecimientos, pero debió de consolidarse la trama básica del caserío y su inserción en la red de relaciones comarcales que la vinculaban más con Villalbilla y Los Hueros que con otros núcleos de su entorno inmediato.
En el Siglo XVI, Valverde alcanzó un momento decisivo de su historia. A comienzos de la centuria aparece ya citada con regularidad en documentos de la comarca complutense, y en 1564 obtuvo el privilegio de villazgo, separándose de la jurisdicción de Alcalá, aunque continuó bajo señorío del arzobispo de Toledo. Las Relaciones Topográficas de Felipe II de 1576 ofrecen una imagen muy viva de la población, asentada en un valle entre cerros, de acceso difícil, con escasez de agua dulce y una economía basada casi por completo en la agricultura.
Sus vecinos eran labradores, producían pan, aceite y algo de cáñamo, y seguían dependiendo de otros lugares para completar su abastecimiento. La iglesia parroquial estaba dedicada a Santo Tomé y en el término existía ya la ermita o casa de Nuestra Señora de los Ángeles, vinculada a los dominicos de Alcalá.
Hacia finales del Siglo XVI, la villa contaba con poco más de medio centenar de vecinos, lo que revela un núcleo pequeño pero ya plenamente constituido. El caserío, construido con tierra, yeso, madera y teja, debió de quedar bastante fijado en estos años, pues la evolución posterior fue lenta y durante mucho tiempo apenas alteró la estructura urbana.
Durante el Siglo XVII, la historia de Valverde aparece marcada por tensiones jurisdiccionales y conflictos locales. El llamado Memorial de Valverde, fechado en 1618, refleja las quejas de varios vecinos contra el señor de la villa, Gonzalo Martel de los Ríos, y permite asomarse a la vida cotidiana del pueblo, a sus jerarquías y abusos. En estos años se documentan también obras en la iglesia y noticias sobre la ermita de San Roque.
La economía siguió siendo esencialmente agraria, con frecuentes pleitos por el uso de la dehesa boyal y de las tierras comunales, como demuestra el conflicto con la Mesta en la década de 1630. En conjunto, el siglo muestra una villa pequeña, con escaso crecimiento y sometida a las estrecheces propias del campo castellano.
En el Siglo XVIII, Valverde continuó siendo una modesta villa de señorío. La Guerra de Sucesión obligó a realizar alistamientos y a movilizar a los hombres útiles del lugar, aunque el pueblo no experimentó transformaciones profundas por este motivo. Tampoco la fundación de Nuevo Baztán alteró demasiado su vida, pues la nueva ciudad se articuló más bien hacia Madrid y otros caminos.
El Catastro de Ensenada de mediados de siglo muestra una economía basada en el cereal, el aceite, algunos viñedos, un molino harinero de escasa producción, otro de aceite, un horno de cal y el aprovechamiento de montes y dehesas. Valverde seguía siendo un lugar pequeño, habitado en su mayoría por labradores y jornaleros, con un número reducido de casas y una acusada dependencia del campo.
En las décadas finales del Siglo XVIII, las Descripciones de Lorenzana ofrecen una visión bastante precisa de la villa. Se la describe situada entre cerros, con clima templado, una sola fuente de agua salobre y una economía apoyada en trigo, cebada, avena, almortas, algunas viñas y olivares, además de la producción de cal. Se menciona también la casa de los Ángeles, rodeada de tierras y alamedas, como una de las propiedades más destacadas del término. La población seguía siendo reducida, pero estable dentro de su modestia.
En el Siglo XIX, Valverde quedó definitivamente incorporada a la provincia de Madrid tras la reorganización administrativa culminada en 1833 con la reforma de Javier de Burgos, pasando a depender del partido judicial de Alcalá de Henares. La abolición de los señoríos decretada por las Cortes de Cádiz en 1812, aplicada plenamente años después, puso fin al viejo marco jurisdiccional. A lo largo de la centuria la vida local continuó marcada por la agricultura, con cultivos de cereal, viña, aceite y algo de cáñamo, junto a una modesta ganadería y a la explotación de montes, leñas y caleras.
La desamortización del siglo XIX afectó también a Valverde. Algunas de sus dehesas y montes quedaron en el punto de mira de las ventas liberales, aunque no todo el término se enajenó por igual. Como en tantos pueblos castellanos, el proceso supuso un perjuicio para buena parte del campesinado, mientras la propiedad tendía a concentrarse. A mediados de siglo, Madoz describía una población de pocas casas, dos dehesas de pastos, montes de roble y matorral, olivares, viñedos y una pequeña alameda, manteniendo el carácter de villa pobre, agrícola y poco comunicada.
En la segunda mitad del Siglo XIX, Valverde siguió siendo una localidad de vida dura y recursos escasos. Las condiciones del campesinado eran modestas, el analfabetismo seguía siendo elevado y la escuela apenas reunía condiciones adecuadas. Sin embargo, el pueblo experimentó cierto crecimiento demográfico, probablemente relacionado con el desarrollo del viñedo y con una relativa estabilidad agraria. A finales de la centuria, la trama urbana seguía siendo muy reducida, organizada en torno a la Plaza Mayor, la iglesia y unas pocas calles principales, manteniendo todavía un aspecto marcadamente rural.
En el Siglo XX, Valverde de Alcalá continuó siendo durante bastante tiempo un pequeño municipio agrícola. A comienzos de la centuria, la creación de las colonias de Cerrillo Verde y Valdecarneros dentro de la política de colonización interior alteró de forma notable la vida local, pues parte de la población quedó dispersa y muchas viviendas del núcleo tradicional fueron abandonadas temporalmente. La Guerra Civil, por el contrario, tuvo menos impacto demográfico del que cabría esperar, aunque dejó su huella en infraestructuras y caminos, como ocurrió con el puente sobre el Pantueña.
Durante la posguerra y las décadas centrales del Siglo XX, la población siguió dependiendo en gran medida del campo, de la ganadería y de algunas canteras de yeso, aunque se fue abriendo paso un lento proceso de emigración hacia Madrid y Alcalá. Las antiguas colonias acabaron despoblándose y sus habitantes regresaron al núcleo principal, lo que impulsó una cierta renovación interna del caserío. A partir de la llegada de la democracia comenzaron a mejorar los equipamientos y espacios públicos: se pavimentaron calles, se levantó la plaza de toros, se rehabilitó la casa consistorial y se construyeron nuevos edificios como el grupo escolar y el centro sociocultural, que transformaron discretamente la imagen del pueblo sin romper su escala tradicional.
En el Siglo XXI, Valverde de Alcalá ha vivido un periodo de cambios más intensos. Por un lado, han continuado las mejoras urbanas y de infraestructuras en el casco, con nuevas promociones residenciales en la zona baja del pueblo y actuaciones de acondicionamiento del espacio público. Por otro, han surgido conflictos vinculados al tratamiento de residuos y a la planta incineradora instalada en su término, cuya actividad ha provocado protestas vecinales por los olores y por su impacto sobre la vida cotidiana. Al mismo tiempo, el encarecimiento de la vivienda y la expansión del área de Alcalá y Madrid han convertido a municipios como Valverde en espacios con expectativas de crecimiento.
En los primeros años de este siglo, el municipio comenzó a plantearse un nuevo modelo de desarrollo urbano, reflejado en el PGOU aprobado inicialmente en 2007. La intención era orientar el crecimiento hacia la vega del Pantueña, evitando en lo posible la ocupación agresiva de los páramos del sur y de los cerros del norte. Con ello, Valverde afrontaba el reto de crecer sin perder del todo su identidad, manteniendo como rasgo esencial la imagen de pequeño pueblo encajado entre laderas, ligado durante siglos al arroyo, a la agricultura y a la tranquila vida rural de la comarca complutense.

Comienzo como siempre en la Plaza Mayor, después de dejar el coche aparcado en un pequeño parking público en una de las calles aledañas. En la mencionada plaza, adoquinada con dos tipos de piedra en colores blanco y granate, aparte del moderno edificio que alberga al Ayuntamiento, nos encontraremos con la Fuente de la plaza.
Fuente situada en el centro de la plaza, documentada en este emplazamiento desde 1931. Presenta un pilón de planta lobulada, en forma de trébol, con un caño en cada lado. En su parte central se alza un cuerpo que hoy sirve de soporte a una farola ornamental, probablemente añadida con posterioridad.
Desde la Plaza Mayor nos dirigimos por la callejuela que sale frente al Ayuntamiento, a la Calle Anchuelo donde se encuentra la Iglesia Parroquial de Santo Tomás Apóstol, presidiendo un pequeño jardín.
Se tiene constancia a través de las Relaciones de Felipe II de un anterior templo situado en este mismo lugar y con igual advocación, el cual pudo ser reformado o incluso demolido, dando paso al que tenemos en la actualidad, cuyas características corresponden ya al siglo XVII, además de numerosas referencias por escrito conservadas en el Archivo Parroquial de Valverde, donde se describen las diferentes obras efectuadas en este siglo.
Se trata de una construcción de planta rectangular, con muros de mampostería revocados de cal que descansan sobre un basamento de sillería.
Todas las esquinas, incluida la torre, se encuentran reforzadas con sillares dispuestos en labra en cremallera (disposición de bloques de piedra de modo que sus juntas verticales no coinciden en línea recta, sino que entran y salen alternativamente, recordando el engranaje de una cremallera o los dientes de una sierra).
El interior presenta una sola nave, teniendo a los pies un coro de madera protegido por una balaustrada del mismo material. En el lado meridional de la nave se encuentra la sacristía, que se conecta a la misma a través del presbiterio. El acceso se efectúa mediante un arco de medio punto con jambas formadas por sillares vistos, y una puerta de madera carente de alguna ornamentación. Al lado izquierdo de la entrada y por encima de la misma, se encuentra un relieve de piedra encastrado, que representa al apóstol junto a Cristo, en el episodio bíblico de la duda de Santo Tomás, donde el apóstol Tomás se niega a creer en la resurrección de Jesús hasta tocar sus heridas.
La torre-campanario de planta cuadrada, presenta muros de mampostería de piedra revestida y sillares de refuerzo en las esquinas. Se encuentra compuesta de tres cuerpos separados por impostas de la misma piedra. Así mismo se encuentran algunos elementos de ladrillo, como los arcos que rematan los vanos de medio punto del campanario.
Del interior, al cual no pude acceder por encontrarse cerrado, cabe destacar la piedra bautismal procedente del Convento de los Ángeles, cuyo pie de piedra labrada se encuentra datado en el siglo XVI, un crucifijo de madera del siglo XVII y una talla del siglo XVI.
Desde la iglesia parroquial nos dirigimos casi a las afueras del núcleo urbano por la carretera M-225, en dirección a Torres de la Alameda para desviarnos por una calle a la izquierda, con una ligera pendiente, que sale desde las últimas construcciones que se pueden ver, en el cruce con la carretera citada. La calle referida se llama Camino de San Roque. Caminando aproximadamente unos 500 metros por asfalto, nos encontraremos frente al Antiguo Convento de los Ángeles, en la actualidad propiedad privada.
El antiguo Convento de los Ángeles de Valverde de Alcalá fue durante siglos un enclave religioso y agrícola de notable importancia en la zona. Sus orígenes parecen remontarse al menos a la Baja Edad Media, ya que diversas fuentes mencionan una bula fechada en 1300, lo que indica la existencia de un santuario ya consolidado en ese momento. La tradición sitúa aquí la aparición de una imagen de la Virgen bajo una encina, hecho que favoreció su fama como lugar de devoción popular y centro de peregrinación comarcal.
A partir del siglo XVI, el conjunto quedó vinculado a los dominicos de Alcalá de Henares, especialmente al Colegio de Santo Tomás de Aquino, al que aportaba tierras, rentas y productos agrícolas. De este modo, el convento combinó funciones religiosas y económicas, contando con viñas, olivos, molinos, horno, almacenes y otras dependencias propias de una finca de explotación. Tras la desamortización de 1836, pasó a manos privadas, siendo utilizado posteriormente como acuartelamiento durante la Guerra Civil y, más tarde, como finca de recreo.
Desde el punto de vista arquitectónico, el conjunto está formado por varias edificaciones articuladas en torno a patios y adaptadas a la ladera del cerro de San Roque, combinando espacios conventuales y agrícolas, lo que le confiere un aspecto heterogéneo. La parte más destacada es la capilla, de gran sobriedad exterior, con muros de mampostería apenas abiertos por pequeños vanos y una sencilla portada de arco de medio punto, sobre la que se dispone una pequeña hornacina, como puede apreciarse en la imagen. En su interior, la nave se organiza en varios tramos, con crucero cubierto por cúpula sobre pechinas y presbiterio con bóveda de cañón, destacando especialmente el camarín de la Virgen, decorado con pinturas murales y concebido para realzar la imagen mariana.
Pese a las transformaciones sufridas, el conjunto sigue siendo un interesante ejemplo de estas fincas conventuales donde se unían la devoción, la vida religiosa y la explotación del territorio.
Coordenadas: 40º24'51"N 3º18'20"W
Google: 40.41411, -3.30558
A partir del antiguo Convento de Los Ángeles, la calle asfaltada se convierte en pista de tierra y se bifurca en dos. Desviándonos por la de la izquierda y después de unos 550 metros de ascenso por una pendiente media, llegamos a la Fuente La Oliva, por el camino se puede descansar en algunos de los bancos dispuestos al efecto.
Se trata de una de las dos fuentes citadas por Pascual Madoz que usaban los vecinos para sus necesidades, debiendo su nombre al lugar donde se ubica, rodeada de olivos. Durante un tiempo sus aguas abastecían al Convento de Nuestra Señora de los Ángeles situado como se ha indicado a unos centenares de metros. Posteriormente se utilizó para suministrar de agua potable a toda la población de la localidad, hasta que en 1981 el Ayuntamiento adquirió el manantial, construyéndose un pequeño depósito para su recogida y distribución. Con la llegada del agua potable a las viviendas, este depósito se dejó de utilizar y sus aguas después de pasar por la fuente, discurren libremente hasta el arroyo Pantueña.
Cuentan los vecinos, que hasta en años de sequía, el agua sigue manando de esta fuente, manteniéndose su nivel constante. Debido a la gran cantidad de cal que contiene, su agua se considera dura, siendo considerada por los lugareños como saludable para los dientes y el estómago.
En la actualidad se encuentra rehabilitada en profundidad, quizás en demasía, con el año 2015 inscrito en el monolito de donde emerge el único caño, que pudiera ser el año de su restauración. Hasta este lugar se acude en Semana Santa para la fiesta típica de correr el hornazo, para ello se han colocado en el lugar bancos y mesas de piedra.
La fuente presenta una estructura sencilla y de factura moderna, formada por un amplio pilón rectangular y un monolito central de piedra del que emerge el caño. El conjunto, de líneas limpias y funcionales, responde a una intervención reciente, alejándose de las tipologías tradicionales y adaptándose a su uso actual como espacio de descanso.
Hasta la fuente se puede llegar con coche, moto y bicicleta, sin embargo en época de lluvias es prudente dejar de lado estos métodos y llegar caminando. Una vez en la fuente, el aparcamiento es un poco escaso en cuanto al espacio.
Coordenadas: 40°24'32"N 3°18'10"W
Google: 40.408889, -3.302778
En Valverde de Alcalá se conservan al menos tres restos de antiguas yeserías, entre las cuales se encuentra la Yesería de los Tarrollas (fotografía), situada a media ladera de una loma en el lado derecho de la carretera M-225, siendo bastante difícil de apreciar si no se está próximo a la misma debido a la vegetación existente.
La fabricación de cal y yeso tuvo cierta importancia en Valverde y en los pueblos de su entorno, aunque durante un periodo relativamente corto. La familia de los Tarrollas, de origen catalán pero afincada en Madrid, llegó a un acuerdo con el propietario de la finca donde se encontraba la cantera de la que se extraía la piedra para la fabricación del yeso. Sin embargo, la mala calidad del producto hizo que los hornos, que se alimentaban de todo tipo de combustible, cesaran su actividad a mediados de los años 50 del siglo XX, prácticamente al mismo tiempo que otros muchos existentes en la región.
Desde el punto de vista constructivo, lo que hoy se conserva corresponde a los restos de las estructuras vinculadas a la producción del yeso, levantadas con materiales sencillos y adaptadas a la propia ladera. Se aprecian muros de mampostería y ladrillo, muy arruinados, junto a lo que debió de ser el horno o zona de cocción, destacando el carácter funcional del conjunto, sin elementos decorativos, propio de este tipo de instalaciones industriales.
La fotografía está tomada desde el antiguo monasterio comentado con anterioridad, ya que el acceso a las ruinas de la yesería es algo complicado. Para quienes deseen acercarse hasta ellas, aunque con riesgo de derrumbe, las coordenadas de las ruinas son: 40°25'06"N 3°18'38"W y, para Google, 40.418333, -3.310556. Desde el límite del núcleo urbano hasta el punto de la M-225 desde donde se puede acceder monte a través, es necesario caminar por la carretera unos 900 metros sin arcén. Este punto tiene las coordenadas: 40°25'04"N 3°18'38"W y, para Google, 40.417778, -3.310556.

Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento,COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
