La localidad de Humanes de Madrid, se encuentra situada al sur de la Comunidad de Madrid, a unos 38 km de la capital. Se encuentra asentado sobre una campiña en un terreno principalmente llano. Su término municipal se encuentra situado entre los ríos Jarama y Guadarrama, en al conocida como Cuenca del Tajo. Su clima se caracteriza por ser mediterráneo templado, aunque un poco menos extremo que el de la meseta. En la actualidad forma parte del cinturón industrial de madrileño formando parte de el de Fuenlabrada.
El topónimo Humanes, podría provenir del prefijo latino humidus, dado la riqueza acuífera que se da en su término. Igualmente Jiménez Gregorio, lo define como un Horcajo entre dos arroyos, que según las Descripciones de Lorenzana, aportan el agua necesaria para el riego de algunos prados y huertos. El apellido de Madrid se produjo como consecuencia de diferenciarlo de otros Humanes existentes en la geografía española.
Gentilicio: Humanenses/as

De los primeros indicios al Siglo X, el término de Humanes de Madrid ofrece una larga secuencia de ocupación humana, aunque no siempre vinculada a asentamientos estables. La Carta Arqueológica realizada en 1990 documentó materiales prehistóricos con una cronología muy amplia, desde el Paleolítico hasta el Neolítico. Entre los hallazgos más antiguos destacan piezas líticas de sílex, como lascas y raederas, relacionadas con grupos cazadores y recolectores que se desplazaban por el territorio aprovechando los recursos naturales.
Durante el Paleolítico Inferior aparece representada la cultura achelense, con materiales asociados a tareas de caza, despiece y aprovechamiento de animales. Posteriormente, entre el Paleolítico Medio y el Musteriense de tradición achelense, se documentan útiles semejantes, como lascas, raederas y algún cuchillo de sílex. Ya en época neolítica se citan algunas piezas aisladas, aunque los materiales hallados parecen haber llegado en muchos casos por arrastre, por lo que no puede hablarse con seguridad de yacimientos propiamente dichos.
No se han encontrado restos que permitan confirmar con claridad la existencia de un asentamiento carpetano en Humanes, a pesar de que este pueblo prerromano estuvo ampliamente representado en otros puntos del territorio madrileño. En cambio, para época romana sí se conocen restos de cerámica común, cerámica sigillata y materiales constructivos tardíos, lo que permite plantear la posibilidad de algún establecimiento rural en el término, favorecido por la existencia de agua, la calidad de las tierras y su posición en una zona de paso entre Madrid y Toledo.
Entre los Siglos XI y XII, tras la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085, el territorio de Humanes quedó incorporado al proceso de repoblación cristiana del sur madrileño. La Corona entregó tierras a señores laicos y eclesiásticos con el objetivo de repoblarlas, defenderlas y administrarlas, en un contexto en el que las órdenes militares tuvieron un papel muy destacado.
La existencia documentada de Humanes aparece por primera vez en 1141, cuando Alfonso VII donó a Pedro Brimón o Bermúdez una villa casi desierta llamada Humanes, situada entre Madrid y Toledo. Esta referencia parece indicar que el lugar ya había tenido algún tipo de poblamiento anterior, quizá de origen musulmán, mozárabe o cristiano temprano. La presencia de cerámica melada y vidriada de época islámica refuerza la posibilidad de una ocupación anterior a la consolidación cristiana del enclave.
En 1176, Pelayo Pérez de Frómista, sucesor de Pedro Brimón, donó sus heredades de Humanes a la Orden Militar de San Juan de Jerusalén, reservándose algunas tierras labradas y el usufructo para su esposa. A partir de entonces, Humanes pasó de estar vinculado a un señorío laico a depender de un señorío religioso-militar, dentro de la órbita de la Orden Hospitalaria.
El Siglo XIII fue una etapa fundamental para la organización jurídica y administrativa de Humanes. La villa quedó integrada en la bailía de Olmos, dependiente del priorato de Consuegra, uno de los centros principales de la Orden de San Juan en Castilla. Durante esta centuria llegó a tener comendadores propios, aunque con el tiempo la encomienda de Humanes desapareció y el comendador de Olmos pasó a dirigir sus destinos.
En 1219, el prior Gutierre Armíldez concedió a Humanes su primer fuero, que junto con la carta puebla sirvió como marco jurídico de la nueva comunidad vecinal. En este documento aparece mencionado el concejo, que actuó como defensor de los derechos de los vecinos frente a los abusos señoriales. Las tensiones entre el concejo y la Orden dieron lugar a distintos pleitos, hasta que en 1255 se firmó un pacto de conveniencia entre ambas partes.
La economía medieval de Humanes era básicamente agropecuaria. Predominaban los cultivos de cereal, como cebada y avena, organizados mediante sistemas de alternancia con barbecho. También debieron existir viñedos, olivares, huertas y pastos, además de una ganadería formada por ganado lanar, animales de labor y aves de corral para el consumo familiar.
El primer núcleo tras la repoblación cristiana debió formarse en torno al camino de Parla a Moraleja de Enmedio, espacio que coincide con el casco antiguo del pueblo. Las viviendas serían muy humildes, destinadas tanto a habitación como a guardar animales, aperos y grano. En esta etapa también se documentan elementos vinculados a la vida comunitaria, como una fragua, una alberguería o posada caminera, una carnicería y una casa de bastimento relacionada con la administración señorial.
En el ámbito religioso, desde 1228 está documentada la existencia de un templo levantado por la Orden de San Juan. Sin embargo, los conflictos con el arzobispado de Toledo llevaron a la firma de una Carta de Avenencia en Brihuega, en la que se estableció que solo el arzobispo podía crear y administrar parroquias, mientras que las iglesias levantadas por los hospitalarios quedarían consideradas como simples oratorios.
El Siglo XIV está peor documentado, ya que apenas existen referencias a Humanes entre 1306 y 1387. No obstante, se sabe que el lugar permaneció vinculado al señorío de la Orden de San Juan hasta finales de la centuria. En 1387, el Canciller Mayor de Castilla y su esposa Leonor de Guzmán adquirieron algunas propiedades que la Orden aún conservaba en Humanes como patrimonio privado.
Estas operaciones anticipan el paso de Humanes hacia el entorno señorial de los Ayala y del futuro condado de Fuensalida, uno de los señoríos toledanos más importantes. Esta transición fue importante porque modificó la dependencia señorial del pueblo, que dejaría atrás el dominio principal de la Orden de San Juan para quedar ligado al mayorazgo de los Ayala.
El Siglo XV marcó la incorporación de Humanes al ámbito del mayorazgo de los Ayala y al poder de los condes de Fuensalida. En 1445, Juan II concedió a la ciudad de Toledo varios lugares, entre ellos Humanes, lo que refleja la complejidad jurisdiccional de estos territorios situados entre Madrid y Toledo. A finales de la centuria, coincidiendo con el traspaso de Humanes al mayorazgo de los Ayala, la Villa de Madrid solicitó el amojonamiento de lindes para aclarar los límites territoriales de sus respectivas jurisdicciones.
En esta etapa Humanes mantuvo una economía rural, basada en la agricultura, la ganadería y pequeñas manufacturas ligadas a la subsistencia. No se conocen grandes construcciones monumentales de este periodo, aunque sí existen referencias a una vida local organizada en torno al concejo, la iglesia, los caminos y los aprovechamientos comunales.
El Siglo XVI consolidó la dependencia de Humanes respecto al condado de Fuensalida. En 1514 parece haber concluido el traspaso de los tributos y censos de heredad al nuevo señorío. La constitución del dominio solariego de los Ayala supuso una importante concentración de la propiedad del suelo en manos de los condes de Fuensalida, aunque también existían pequeñas propiedades de particulares y algunas fincas rústicas y urbanas del clero local.
Durante toda la Edad Moderna, Humanes perteneció territorialmente a la Villa y Tierra de Toledo, dentro del Reino de Castilla, lo que explica que durante mucho tiempo se le conociera como Humanes de Toledo. Desde el punto de vista judicial dependía de los partidos de Illescas y Ocaña, con posibilidad de apelación ante la Real Chancillería de Valladolid. Eclesiásticamente, su parroquia formaba parte del arciprestazgo de Canales, dentro del arzobispado de Toledo.
La población experimentó altibajos durante la centuria. A comienzos del siglo XVI se citan 169 vecinos registrados, mientras que hacia 1575 se habla de unos 100 vecinos. El censo de 1591, conocido como de los millones, recoge 198 vecinos, entre pecheros, hidalgos y clérigos. Este aumento refleja el momento de mayor crecimiento demográfico de la Edad Moderna.
Humanes seguía siendo un lugar agrícola, sometido a las cargas señoriales del conde de Fuensalida. La fiscalidad incluía rentas, gabelas, derechos y servicios de origen medieval, aunque con el paso del tiempo algunas de estas cargas fueron perdiendo fuerza. El conde conservaba derechos jurisdiccionales, como la designación de justicias y oficiales de gobierno, si bien con el tiempo esta designación pasó a realizarse entre personas propuestas por el propio concejo.
El crecimiento demográfico y la necesidad de poner en cultivo nuevas tierras favorecieron la roturación de baldíos y la adquisición de pequeñas parcelas por parte de algunos labradores. Al disminuir las rentas señoriales, los condes de Fuensalida vendieron parte de sus tierras a antiguos arrendatarios, de modo que la propiedad privada comenzó a repartirse algo más, aunque una parte importante del suelo continuó en manos señoriales.
Las casas del pueblo eran en general humildes, de una sola planta o, en pocos casos, de dos. Contaban con cocina de lumbre baja, una o dos habitaciones y escaso mobiliario. En ellas se guardaban también el ganado y los útiles de labranza, lo que refleja una forma de vida profundamente ligada al trabajo agrícola.
El Siglo XVII fue una etapa difícil para Humanes. Aunque el lugar continuaba en manos de la familia de los Ayala, se conservan pocos datos históricos. En esta época el municipio se encontraba dentro de la jurisdicción de las cinco leguas alrededor de Madrid, lo que implicaba ciertas obligaciones de abastecimiento a la capital, especialmente de productos básicos como pan, carne, pescado o combustible para las tahonas.
Esta obligación condicionó durante mucho tiempo el comercio de los productos rurales. Los pueblos próximos a Madrid debían contribuir al suministro de la Villa y Corte, aunque también podían aprovechar la cercanía de la capital para colocar sus excedentes agrícolas. En el caso de Humanes, su posición no era tan privilegiada como la de Getafe o Fuenlabrada, pero se beneficiaba de la proximidad al Camino Real de Madrid a Toledo y de su comunicación con Getafe a través del camino de Parla.
Durante este siglo Humanes sufrió una regresión demográfica provocada por distintas crisis. Las epidemias de difteria o garrotillo, tifus o tabardillo, y la peste causaron una elevada mortalidad, especialmente en los años 1626, 1627 y 1631. Estas crisis agravaron la fragilidad de una población pequeña y dependiente de una economía agraria.
El concejo mantenía sus gastos mediante los bienes de propios, con los que atendía el arreglo de caminos, el mantenimiento de la Audiencia y las casas de Ayuntamiento, así como servicios comunes como la fragua, la taberna, el mesón, la carnicería y la panadería. Entre los bienes comunales figuraban prados boyales y bosques que se arrendaban a los vecinos mediante subasta anual.
En el aspecto religioso, durante la Edad Moderna se documentan varias ermitas hoy desaparecidas. La más antigua fue la ermita de la Magdalena, citada desde 1448 y situada a las afueras del pueblo, cerca del ejido y próxima al palacio del conde de Fuensalida. También existió la ermita de la Vera Cruz o del Humilladero, documentada al menos desde 1582, donde se veneraba el Cristo que hoy se conserva en el altar mayor de la iglesia parroquial de Santo Domingo. Del siglo XVII se tienen noticias, además, de una ermita de San Pedro, situada en la zona donde actualmente se localiza el barrio del mismo nombre.
El Siglo XVIII muestra todavía un Humanes pequeño, rural y dependiente de antiguas estructuras señoriales. En 1746, al morir sin sucesión el conde Manuel Velasco de Ayala, el título pasó a Juan Bautista Centurión, marqués de Estepa, emparentado con los Ayala. Más tarde, en 1799, al no existir herederos directos, el título pasó a la Casa de Frías, a la que pertenecía cuando se extinguieron los señoríos.
A finales de la Edad Moderna, Humanes pertenecía a la Intendencia y Corregimiento de Toledo y contaba con una población de 227 habitantes. Existían 82 casas, de las cuales 12 estaban arruinadas, distribuidas alrededor de la plaza del pueblo y de calles como Real, Alameda, la Fragua y la calle Nueva, que bajaba hacia el Prado y las Moralejas.
De esta época se conserva la referencia a algunos edificios y elementos hoy desaparecidos o transformados. El Catastro de Ensenada menciona un hospital de pobres, del que apenas se tienen datos, así como las casas del Ayuntamiento y la Casa de la Audiencia. También se cita la casa Escobar, situada en la plaza de la Constitución, como uno de los pocos ejemplos de arquitectura doméstica histórica que han llegado hasta tiempos recientes.
Según las Descripciones de Lorenzana, en 1770 se construyó una fuente en un manantial considerado medicinal. La obra fue realizada para beneficio común y permitió canalizar el agua mediante fábrica y caño. Este tipo de actuaciones refleja la importancia de las fuentes y del abastecimiento de agua en una población rural donde los recursos hídricos condicionaban la vida diaria.
El Siglo XIX trajo importantes transformaciones políticas, administrativas y sociales. En el ámbito sanitario, una de las novedades fue la prohibición de enterrar a los fallecidos dentro de los templos. En Humanes, el 15 de marzo de 1805 se bendijo un cementerio parroquial adosado a la iglesia, aunque años después se cita otro cementerio situado a corta distancia del pueblo, sobre terreno elevado y con planta cuadrada.
La abolición de los señoríos por las Cortes de Cádiz en 1812 abrió el camino hacia la desaparición de las antiguas estructuras jurisdiccionales, aunque el proceso fue lento y complejo. En Humanes, la disolución definitiva del régimen señorial mediante Real Orden de 28 de agosto de 1837 convirtió al duque de Frías y Colmenar, Bernardino Fernández de Velasco, en el último titular efectivo del antiguo señorío del condado de Fuensalida, quedando el título reducido a un carácter honorífico.
La reforma territorial de Javier de Burgos de 1833 integró definitivamente Humanes en la provincia de Madrid, junto con otros municipios procedentes de la antigua Intendencia de Toledo. Desde entonces quedó inscrito dentro del partido judicial de Getafe, aunque siguió dependiendo eclesiásticamente de la diócesis de Toledo hasta la creación de la diócesis de Madrid-Alcalá en 1885.
La desaparición del régimen señorial y los procesos desamortizadores de 1837 y 1866 transformaron la propiedad de la tierra. Muchos antiguos arrendatarios pudieron acceder a tierras que antes trabajaban en régimen de arrendamiento, aunque la mayor parte de las propiedades desamortizadas fueron adquiridas por la nueva burguesía, con mayores recursos económicos. El resultado fue una nueva concentración de la propiedad, ahora en manos de propietarios burgueses.
Durante este siglo Humanes no experimentó grandes avances. La población se mantuvo por debajo de los 300 habitantes y la economía continuó centrada en el cultivo de secano, con pequeñas zonas de viñedo, huerta, prados naturales, retamares y eriales. La agricultura fue perdiendo fuerza en algunos momentos por el abandono de tierras y la emigración de agricultores hacia la capital.
La industria era exclusivamente local y estaba ligada a la transformación de productos naturales, como la elaboración de pan, vino, aceite, conserva de carnes y otros productos básicos. El comercio combinaba la exportación de granos, lana, leche y carnes con la importación de telas, licores, comestibles y otros géneros necesarios para la vida cotidiana.
El casco urbano apenas creció durante el siglo XIX. Madoz lo describe organizado en torno a dos calles y una plaza, donde se situaban el Ayuntamiento, la cárcel municipal y la iglesia parroquial. También existía una escuela de instrucción primaria con capacidad para unos veinte niños. A finales de siglo, Humanes seguía siendo un pueblo pobre, con edificios modestos y escasas comodidades.
Un cambio importante llegó con la línea de ferrocarril Madrid-Malpartida, proyectada en 1870. La instalación de un apeadero, convertido en estación en 1927, mejoró las comunicaciones con la capital y redujo la dependencia de otros municipios cercanos para determinados servicios, aunque los desplazamientos a Getafe, cabeza del partido judicial, seguían realizándose por caminos difíciles.
El Siglo XX comenzó con Humanes todavía organizado como un pequeño núcleo rural. Hacia 1910 contaba con 396 habitantes y algo más de un centenar de edificios. El casco se distribuía en torno a la plaza de la Constitución, la plaza del Azulejo y calles como Madrid y del Prado, manteniendo una estructura urbana sencilla, lineal y vinculada a los caminos tradicionales.
La agricultura siguió siendo la base económica, aunque a comienzos de siglo comenzaron a intensificarse los cultivos hortícolas gracias a mejoras en los sistemas de riego y a la buena comunicación con Madrid. Muchos vecinos transportaban diariamente sus productos en carros tirados por mulas hasta la plaza de la Cebada, donde los vendían a mayoristas. Este comercio muestra la estrecha relación entre Humanes y el abastecimiento de la capital.
La industria seguía siendo elemental, con talleres de carpintería y herrería dedicados a fabricar carros y aperos de labranza. Según las fuentes orales recogidas, en 1928 se instaló en Humanes un taller de herrería que utilizaba soldadura autógena, considerado uno de los primeros de su tipo entre Madrid y Talavera de la Reina.
La Guerra Civil afectó gravemente a Humanes, provocando importantes daños, entre ellos la destrucción casi completa de la iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán. Tras la guerra, algunos edificios tuvieron usos provisionales: la antigua casa del Conde sirvió como escuela, cine e incluso iglesia mientras se reparaba el templo parroquial.
En 1940 se documentan 141 edificios y una población de derecho de 526 habitantes. En esos años se creó el primer grupo escolar, compuesto por dos escuelas para alumnos de ambos sexos y otra para párvulos, junto al solar de la antigua casa del Conde. Este espacio está ocupado actualmente por el Colegio Público Hermanos Tora.
Durante los años cincuenta y sesenta Humanes mantuvo todavía un aspecto rural, semejante al de otros pequeños municipios del sur madrileño como Griñón o Serranillos. Sin embargo, la expansión demográfica e industrial de grandes núcleos cercanos, especialmente Fuenlabrada y Parla, acabó influyendo en el crecimiento urbano y económico de Humanes.
A partir de los años setenta y ochenta comenzó una transformación más intensa. La carretera M-405, entre Fuenlabrada y Griñón, condicionó el crecimiento hacia el norte y favoreció la aparición de polígonos industriales como Martinsa, Los Llanos, San Miguel y Valdonaire, este último muy próximo al límite con Fuenlabrada. La actividad industrial se especializó en sectores como la madera, la metalurgia de transformación y la maquinaria.
Entre 1981 y 1986 la población creció de forma notable, impulsada por la llegada de inmigración procedente de otras regiones españolas, como Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía o Castilla y León. Más tarde se incorporaría población extranjera, atraída por la oferta de trabajo de la zona industrial. Este proceso cambió profundamente la escala demográfica, urbana y social del municipio.
El casco viejo conservó en parte su morfología tradicional, con calles principales medianas y sinuosas, pequeñas callejuelas transversales y las plazas de la Constitución y del Azulejo. En su entorno pervivieron algunos ejemplos de vivienda tradicional, aunque el crecimiento residencial introdujo nuevas barriadas, viviendas unifamiliares, bloques abiertos y urbanizaciones como Parque de Tebas, Barrio Picasso, PRYCONSA I, Parque de América y Campohermoso.
El actual edificio del Ayuntamiento procede de la remodelación y ampliación del anterior edificio consistorial, según proyecto de 1989 de la Oficina de Proyectos y Obras de la Consejería de Política Territorial de la Comunidad de Madrid. La intervención redujo la altura del edificio para adaptarlo mejor al caserío de su entorno y remodeló su fachada, además de añadir un nuevo cuerpo posterior unido por una escalera central.
El Siglo XXI ha consolidado a Humanes de Madrid como un municipio plenamente integrado en el área metropolitana del sur madrileño. Su cercanía a Fuenlabrada, su posición junto a importantes vías de comunicación y el desarrollo de polígonos industriales han marcado su evolución reciente, hasta formar parte del cinturón industrial y residencial vinculado al sur de la capital.
El crecimiento urbano ha ido acompañado de nuevos equipamientos administrativos, docentes, culturales, deportivos y sanitarios. Entre ellos destacan la biblioteca municipal, el Centro Cultural Municipal Beatriz Galindo, centros educativos, instalaciones deportivas, el centro de salud Virgen de la Guía y espacios destinados a mayores y servicios comunitarios.
A pesar de la intensa transformación contemporánea, el casco antiguo conserva todavía algunos elementos que recuerdan el pasado rural de Humanes, especialmente en torno a la plaza principal, la iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán, algunas calles tradicionales y ciertos ejemplos de arquitectura doméstica. Su evolución resume el paso de una pequeña villa agrícola, vinculada durante siglos a Toledo y al señorío de Fuensalida, a un municipio industrial y residencial integrado en la dinámica metropolitana madrileña.

Comenzamos la visita a Humanes de Madrid, situándonos en la Plaza de la Constitución, donde se encuentran el Ayuntamiento y la Iglesia Parroquial de Santo Domingo de Guzmán.
El edificio actual es el resultado de una larga evolución histórica, con importantes transformaciones, reconstrucciones y restauraciones, especialmente tras los daños sufridos durante la Guerra Civil.
La existencia de una parroquia en Humanes aparece documentada desde el Siglo XV, dentro del arciprestazgo de Canales, perteneciente al arzobispado de Toledo. Sin embargo, el origen religioso del lugar parece ser anterior, ya que durante el dominio de la Orden de San Juan existió un templo que pudo desempeñar funciones parroquiales hasta 1228. Ese año, tras el acuerdo firmado entre el arzobispado de Toledo y la Orden de San Juan sobre las rentas y derechos de las iglesias hospitalarias, dicho templo quedó relegado jurídicamente al papel de oratorio conventual.
La evolución medieval del conjunto no puede establecerse con total seguridad. La parroquia aparece documentada en el Siglo XV, aunque existió con anterioridad un templo ligado a la Orden de San Juan que, tras el acuerdo de 1228 con el arzobispado de Toledo, quedó reducido jurídicamente a oratorio conventual. Por otro lado, el primer cuerpo de la torre conserva rasgos mudéjares que han llevado a datarlo de forma aproximada en el Siglo XIII. Esta diferencia entre la documentación y la lectura arquitectónica plantea dudas sobre la relación exacta entre la torre, el antiguo oratorio y la iglesia parroquial posterior.
La torre responde a un modelo frecuente en algunas iglesias del sur madrileño, comparable a otros ejemplos como las torres de la iglesia de la Magdalena de Getafe o la de la Asunción de Nuestra Señora de Móstoles. Es de planta cuadrada y consta de dos cuerpos claramente diferenciados. El inferior, más antiguo, conserva pequeños huecos al exterior. El cuerpo superior, destinado a campanario, es posterior y se ha fechado en época moderna.
El primer cuerpo de la torre está construido con aparejo toledano, formado por verdugadas y esquinazos de ladrillo, con cajas interiores de mampostería de piedra caliza. Su estructura interior conserva un núcleo central macizo y un espacio perimetral destinado a la escalera, resuelta mediante bóvedas por aproximación de hiladas, una solución característica de este tipo de torres medievales.
El cuerpo superior de la torre, donde se sitúan las campanas, fue realizado íntegramente en ladrillo y presenta cuatro huecos de medio punto, uno en cada frente. Este cuerpo muestra una fábrica de menor calidad que la parte inferior y refleja una intervención posterior sobre la estructura medieval original.
Según la documentación conservada, la torre estuvo rematada antiguamente por un chapitel de pizarra. Tras la reconstrucción de mediados del Siglo XX, este remate desapareció y fue sustituido por una cubierta de teja árabe. En 1997 se llevó a cabo una restauración de la torre con el objetivo de recuperar, en lo posible, sus características topológicas originales. Durante esta intervención se eliminaron los enfoscados exteriores, se dejó visto el aparejo original y se restituyó un chapitel de pizarra con aguja y veleta.
El templo anterior a la Guerra Civil es conocido gracias al Libro de Fábrica parroquial, al plano parcelario del Instituto Geográfico anterior a 1870 y al proyecto de reconstrucción de 1945. A partir de estos documentos se sabe que era una iglesia de planta rectangular, con tres naves, la central más alta que las laterales, separadas por pilares y arcos de medio punto. La cabecera era semicircular y estaba cubierta con un casquete esférico.
La portada principal del antiguo templo, conocida por una fotografía conservada por la familia Ugena-Caballero, estaba organizada en tres bandas horizontales. La parte superior se remataba con una espadaña triangular coronada por una cruz. También se sabe que en 1685 existía una capilla de la Virgen de la Guía, situada al oeste del presbiterio, de factura renacentista y restaurada en 1926.
Durante la Guerra Civil, la iglesia sufrió graves daños, especialmente por la caída de una bomba sobre el altar mayor, que afectó seriamente a la estructura del edificio e impidió la celebración del culto. La reconstrucción fue realizada por la Junta de Reconstrucción de Iglesias Parroquiales, según proyecto fechado el 19 de abril de 1945 por Ignacio Aldama, del Servicio de Regiones Devastadas.
La reconstrucción supuso prácticamente la renovación total del templo, aunque se conservaron la torre y la capilla del Cristo de la Columna, si bien esta última también fue objeto de importantes reparaciones. El proyecto buscó respetar en lo posible el carácter de la construcción anterior, tomando como referencia los elementos conservados en ruinas.
La iglesia actual presenta una planta de una sola nave, con testero recto orientado al este y coro alto situado a los pies. Sus huecos de iluminación son pequeños, rectangulares y de proporción vertical, lo que refuerza la sobriedad del conjunto. En el lado de la epístola se adosan la torre y la capilla del Cristo de la Columna, que constituyen los elementos de mayor interés histórico y arquitectónico.
La Capilla del Cristo de la Columna es otro de los elementos más destacados de la iglesia. Fue construida a mediados del Siglo XVIII, sobre otra capilla anterior documentada ya en el Siglo XVII. Según un acuerdo del cabildo fechado en 1758, Don Manuel Martín Escobar, vecino de Madrid, costeó una nueva capilla dedicada al Santo Cristo de la Columna, más amplia y magnífica que la anterior.
Las Descripciones de Lorenzana atribuyen la idea de esta capilla a Ventura Rodríguez, aunque no existe documentación que permita certificarlo de manera definitiva. Aun así, por su planta elíptica, su composición clasicista y su relación con el barroco madrileño de la segunda mitad del Siglo XVIII, puede considerarse una obra vinculada a su entorno artístico o a su escuela.
La capilla presenta planta elíptica, con eje predominante este-oeste, y está cubierta por una bóveda también elíptica. La bóveda se apoya sobre cuatro arcos torales semicirculares y carece actualmente de linterna, aunque se sabe que la cúpula de 1758 sí la tuvo. En su decoración original existieron pinturas con representaciones de Moisés con las Tablas de la Ley y los cuatro Evangelistas, conocidas por algunos vecinos antes de su destrucción en 1936.
El interior de la capilla responde a un lenguaje barroco clasicista, cercano ya a las formas del neoclasicismo. El enlace entre los muros y la bóveda se realiza mediante un arquitrabe de líneas sobrias, mientras que la iluminación procede de vanos termales abiertos en el arranque de la bóveda. Estas características reflejan la influencia de las corrientes arquitectónicas procedentes de la Corte en la arquitectura religiosa del sur madrileño.
La torre y la capilla se comunican mediante un arco de herradura apuntado, que al parecer permaneció cegado durante un tiempo y fue reabierto en época reciente. Este detalle refuerza el interés del conjunto, ya que permite observar la superposición de fases constructivas medievales, barrocas y contemporáneas en un mismo edificio.
En conjunto, la Iglesia Parroquial de Santo Domingo de Guzmán conserva varios momentos esenciales de la historia de Humanes de Madrid. La torre recuerda el origen medieval del enclave y su posible relación con los edificios religiosos de la Orden de San Juan; la capilla del Cristo de la Columna refleja la influencia artística de la Corte en el Siglo XVIII; y la nave actual testimonia la reconstrucción de posguerra y la continuidad del templo como centro religioso y simbólico de la localidad.
En la esquina de la Plaza de la Constitución con la Calle del Prado se encuentra la llamada Casa Escobar, nombre que se le atribuye, aunque no existe documentación al respecto, por haber sido propiedad de Don Manuel Martín Escobar, cofrade de la Hermandad del Cristo, quien, como se ha mencionado antes, costeó la construcción de la capilla del Santísimo Cristo de la Columna.
Se trata de una construcción de ladrillo en aparejo toledano, con cajas de mampostería encintada separadas por hiladas de ladrillo. La casa consta de dos plantas: la superior con balcones y la baja con ventanales enrejados. La cubierta es a dos aguas, con teja curva árabe sobre estructura de madera.
Terminada la visita a la Plaza de la Constitución, salimos de la misma por la Calle de Francisco Encinas y continuamos por la Calle Hermanos Tora. Al final de esta última tenemos dos opciones: girar a la derecha por la Calle de la Estación o cruzar la vía del ferrocarril por el paso subterráneo hasta situarnos en la Avenida de la Estación. En ambos casos, nuestro objetivo es visitar la antigua estación de ferrocarril, aunque optamos por esta segunda opción para obtener una visión más amplia del edificio.
El origen ferroviario de Humanes de Madrid comenzó el 20 de junio de 1876 con la apertura de la línea de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Cáceres y Portugal (MCP). Durante sus primeras décadas, el lugar funcionó únicamente como un modesto apeadero de vía única, con un edificio mínimo que servía de vivienda al encargado. Sin embargo, el auge agrícola e industrial de los años veinte obligó a replantear la infraestructura. La gran transformación llegó el 25 de agosto de 1927, cuando el ingeniero de caminos Francisco Rivera firmó el proyecto para convertir el apeadero en una estación operativa. Esta ampliación incorporó dos nuevas vías de apartado para el cruce de convoyes y la carga de mercancías, dotando al municipio de una infraestructura ferroviaria más completa.
La nueva edificación, ejecutada en 1928, se diseñó siguiendo el modelo de estación de tercera clase de la compañía. Afortunadamente, y a diferencia de otras infraestructuras de la línea, el histórico edificio de viajeros ha logrado sobrevivir al paso del tiempo y permanece en pie junto al trazado ferroviario actual. Arquitectónicamente, el inmueble destaca por su sobria funcionalidad industrial, con paramentos exteriores de ladrillo visto combinados con cajas de mampostería concertada, todo ello levantado sobre un zócalo de piedra que protegía la base frente a la humedad. La fachada principal presenta una composición simétrica, con huecos de puertas y ventanas enmarcados por recercados de ladrillo. Los accesos principales se rematan mediante arcos de ladrillo dispuestos a sardinel. El conjunto se coronaba con una cubierta de teja árabe a cuatro aguas, que originalmente se proyectaba hacia el andén mediante una cornisa de aleros pronunciados.
Tras la nacionalización del ferrocarril en 1941, el complejo pasó a manos de RENFE, y el edificio diseñado por Francisco Rivera prestó servicio comercial hasta finales del Siglo XX. Con la llegada de la electrificación de la línea y la inauguración de la moderna estación modular de la línea C-5 de Cercanías en el año 2004, el viejo inmueble quedó sin uso y con sus accesos tapiados. Aun así, permanece como un valioso testimonio de la arquitectura ferroviaria histórica y de la importancia que tuvo el ferrocarril en la evolución de Humanes de Madrid.
Desde el punto anterior volvemos donde tenemos aparcado el coche, en un parking público existente a espaldas de la Iglesia Parroquial, para dirigirnos al final de la Calle Islas Medas y estacionar el coche de nuevo. Frente a dicha calle y casi como prolongación de la misma, parte una vía pecuaria, por la cual caminaremos sin sombra alguna aproximadamente un kilómetro doscientos metros hasta llegar a la Ermita de la Virgen del Amor Hermoso, situada dentro del Parque del Prado de la Casa.
Existe una segunda opción para aproximarse a la ermita: situarse en la Avenida de los Deportes, que aparece asfaltada en Google Maps, y continuar hasta el final de la misma, desde donde parte una pista o camino de tierra hacia la izquierda. No he podido comprobar personalmente el estado de este acceso, aunque por la información visible en mapas parece tratarse de un tramo estrecho, irregular y posiblemente embarrado en épocas de lluvia. Por ello, no puedo recomendarlo como acceso seguro para personas con movilidad reducida sin una comprobación previa sobre el terreno.
El proyecto de construcción de la ermita se inició en 1990, inaugurándose el 15 de septiembre de 1994. En su interior se encuentra una réplica de la imagen de la Virgen, ya que la primera que tuvo la hermandad fue quemada durante la Guerra Civil. Esta nueva imagen se adquirió mediante la creación de una compañía de teatro formada por personas del pueblo, cuya recaudación se destinó a este fin.
Arquitectónicamente, se trata de una construcción sencilla y de reducidas dimensiones, concebida como ermita de carácter devocional. Presenta planta rectangular, cubierta de teja curva a dos aguas y una pequeña espadaña de piedra situada sobre la fachada principal. La entrada queda protegida por un pórtico cubierto, cerrado mediante rejería metálica, que forma un espacio previo antes del acceso al interior.
El edificio combina una base de piedra y esquinales reforzados del mismo material con paramentos laterales enfoscados. En los muros se abren vanos estrechos rematados en arco de medio punto, que aportan iluminación al interior y refuerzan el carácter religioso del conjunto. La ermita se encuentra rodeada de vegetación y precedida por una amplia escalinata, lo que le da cierta presencia visual dentro del entorno del parque.
A pocos metros de la ermita, accediendo por un camino de tierra bastante cómodo, se llega a un pequeño estanque habitado por algunos patos. Aunque no dispone de bancos ni de un lugar específico para sentarse, constituye un rincón agradable para detenerse unos minutos y descansar.
Como observación práctica, el acceso a la ermita presenta dificultades importantes. El camino de llegada discurre por una vía pecuaria sin apenas sombra y, una vez ante el edificio, la entrada se realiza mediante una escalinata, sin que se aprecie una rampa alternativa ni una barandilla que facilite el acceso. Tratándose de un lugar de romería y devoción popular, sería deseable estudiar alguna solución que hiciera la visita más accesible para personas mayores o con movilidad reducida.

SAN BLAS. Se celebra el 3 de febrero. Tradicionalmente se ofrecían al santo gargantillas de cera adornadas con cintas de colores, que después eran repartidas mediante puja, por la creencia de que protegían frente a los males de garganta.
CRISTO DE LA COLUMNA Y VIRGEN DE LA GUÍA. Se celebran el segundo domingo de mayo. Antiguamente eran dos fiestas separadas: la Virgen de la Guía el 1 de mayo y el Cristo de la Columna el segundo domingo de mayo. La fiesta del Cristo ha sido una de las celebraciones más importantes de Humanes de Madrid, con actos religiosos, populares y una larga tradición vinculada a su cofradía.
VIRGEN DEL AMOR HERMOSO. Se celebra el 31 de mayo, aunque en los últimos años parece haberse extendido la costumbre de trasladarla al último domingo de mayo. En Humanes de Madrid es conocida como la “Virgen de las Mozas”, ya que su hermandad estuvo tradicionalmente formada solo por mujeres. La fiesta conserva la tradición de las mayordomas, encargadas de portar las cintas de la Virgen y de participar en la organización de los actos.
SANTO DOMINGO DE GUZMÁN. Es el patrón de Humanes de Madrid. Su festividad se celebraba tradicionalmente el 4 de agosto, aunque actualmente tiene lugar el 8 de agosto. Los actos principales incluyen misas, procesiones, verbenas y bailes en la plaza.
CRISTO DE LA AGONÍA. Se celebra el tercer fin de semana de septiembre. Esta fiesta adquirió gran importancia al situarse al final de las actividades agrícolas, cuando la población encontraba más tiempo para el descanso y la celebración. Sus actos religiosos guardan similitudes con los del Cristo de la Columna, y entre los actos populares han destacado tradicionalmente los festejos taurinos, encierros y corridas de toros.
Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento, COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
