Valdemoro, situado en el sur de la Comunidad de Madrid, es un municipio con una larga tradición histórica vinculada a su estratégica ubicación entre Madrid y Aranjuez. En esta visita recorremos su casco urbano, su patrimonio más representativo y algunos de sus rincones más interesantes, como la Plaza de la Constitución, la Iglesia parroquial, antiguas fuentes y otros elementos ligados a su pasado.
El origen del topónimo Valdemoro podría ser de procedencia árabe, con el significado de río amargo, en alusión al sabor fuerte de sus aguas, debido a las zonas yesíferas por las que discurren. Igualmente, existe otra teoría más popular, aunque sin confirmación documental, según la cual el nombre derivaría también del árabe como valle del moro.
Gentilicio: Valdemoreños/as

El término municipal de Valdemoro estuvo habitado desde tiempos muy antiguos. Los restos arqueológicos localizados en la zona de El Espartal, en la parte oriental del municipio y próxima al arroyo de la Cañada, indican presencia humana al menos desde el **Paleolítico Superior**. Este espacio conserva una importante concentración de yacimientos, lo que demuestra que el territorio fue frecuentado por grupos humanos mucho antes de la formación del núcleo urbano actual.
Durante la Edad del Bronce se documentan fondos de cabaña y restos cerámicos relacionados con la cultura campaniforme, especialmente con la conocida cerámica de tipo Ciempozuelos. También se han identificado poblados con una clara intención defensiva y de control del territorio, así como tumbas en fosa pertenecientes a la Edad del Hierro. Todo ello muestra que el actual término de Valdemoro formó parte de un paisaje habitado, aprovechado y estratégico desde épocas muy tempranas.
La ocupación continuó durante la época romana. Se han localizado restos de dos villas o pequeños asentamientos rurales, uno cerca de la Ermita de Santiago y otro en las inmediaciones del arroyo de Espartinas. Además, por el término pudo discurrir una vía romana que comunicaba Meaccum con Titulciam, siguiendo un trazado próximo a la actual carretera de Andalucía. El hallazgo de un tramo empedrado refuerza la idea de que Valdemoro se encontraba en una zona de paso desde tiempos antiguos.
Aunque no se conocen con exactitud los orígenes del núcleo urbano, es probable que el territorio siguiera ocupado durante la época visigoda y musulmana. Algunos restos localizados cerca del casco actual apuntan a una cierta continuidad poblacional antes de la repoblación cristiana posterior a la conquista de la zona por Alfonso VI a finales del siglo XI.
Tras la conquista cristiana de la zona a finales del Siglo XI, el territorio de Valdemoro quedó vinculado a la expansión de los reinos cristianos hacia la Transierra. Alfonso VI incorporó estas tierras al ámbito de la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, por lo que los primeros repobladores cristianos del lugar debieron ser, en gran medida, segovianos.
Esta vinculación con Segovia marcaría profundamente los primeros siglos medievales de Valdemoro. Su situación, en un espacio de transición entre la sierra, la campiña y los caminos hacia el valle del Tajo, hizo que el lugar tuviera pronto importancia territorial y ganadera.
Durante el Siglo XII, Valdemoro formó parte del proceso de organización territorial de las tierras repobladas al sur de la sierra. El área quedó integrada dentro de los dominios segovianos, en un espacio donde eran frecuentes los conflictos por pastos, términos y aprovechamientos entre distintas comunidades.
Aunque el núcleo urbano aún no aparece con la claridad que tendrá en los siglos posteriores, el territorio debió ir consolidando su poblamiento rural, apoyado en la agricultura, la ganadería y su posición en los caminos que comunicaban el centro peninsular con el sur.
El Siglo XIII fue decisivo para la configuración medieval de Valdemoro. En 1208, Alfonso VIII, al donar Bayona —la actual Titulcia— a Segovia, otorgó también a dicha ciudad la cañada de Alcorcón a Valdemoro, reforzando la vinculación del territorio con la jurisdicción segoviana.
En 1239, Fernando III el Santo intervino en un litigio entre Madrid y Segovia por varios términos, entre ellos Valdemoro. Tras el amojonamiento de los territorios disputados, Valdemoro permaneció bajo jurisdicción de Segovia. Esta situación fue confirmada más tarde, en 1273, por Alfonso X.
La importancia del lugar dentro de las posesiones segovianas hizo que Valdemoro se convirtiera en cabeza de un sexmo, el denominado sexmo de Valdemoro. Este hecho indica que ya era un núcleo con entidad suficiente para organizar un territorio más amplio y ejercer un papel relevante dentro de la administración medieval de la zona.
A comienzos del Siglo XIV, Valdemoro alcanzó un primer reconocimiento jurídico importante al ser elevada a villa de por sí en 1300. Sin embargo, su situación jurisdiccional cambió varias veces durante esta centuria. En 1314, el infante don Juan Manuel donó las rentas y tributos reales de la aldea de Valdemoro a la Orden de Calatrava, y en 1344 Alfonso XI intercambió Bayona y Valdemoro por otros términos.
Pocos años después, hacia mediados del siglo XIV, Valdemoro pasó a manos de Hernán Pérez de Portocarrero, quien compró al rey Alfonso XI varios lugares, entre ellos Pinto, Valdemoro y Morata. De este modo se convirtió en el primer señor de Valdemoro.
A finales de siglo, la villa fue eximida del pago de diversos impuestos y pasó a depender de los arzobispos de Toledo como villa de abadengo, situación confirmada en 1393 por Enrique III. Aunque el resto del antiguo sexmo continuó bajo influencia segoviana, Valdemoro quedó con su propio término y una identidad municipal cada vez más definida.
Durante este periodo debió consolidarse el casco urbano primitivo, situado en una loma con cierto sentido defensivo, entre pequeños cursos de agua y caminos. El entorno de la iglesia, la plaza mayor y el espacio donde más tarde se levantaría el convento de las Clarisas parecen formar parte del núcleo original de la villa.
El Siglo XV fue una etapa de crecimiento, pero también de conflictos territoriales. Valdemoro se había convertido en una villa rica, favorecida por su agricultura cerealista, sus viñedos, sus pastos y su situación en rutas de comunicación importantes. La plaza pública aparece ya documentada desde mediados de siglo, y el núcleo urbano se articula en torno a varios espacios principales: la iglesia, la plaza mayor, la plaza de Autos y la plaza del Esparto.
La villa mantuvo numerosos pleitos con Segovia y con localidades vecinas por el uso de pastos, términos, veredas y aprovechamientos. También tuvo conflictos con Ciempozuelos, cuya creación a mediados del siglo XV con pobladores procedentes de Valdemoro y otros lugares supuso una reducción de su término y un motivo de tensión. En 1449 Valdemoro obtuvo sentencias favorables frente a Segovia, ratificadas más tarde en 1483.
En 1449 también se constituyó una comunidad de pastos con Chinchón, Morata, Ciempozuelos, San Martín de la Vega, Seseña, Bayona —actual Titulcia— y Valdelaguna, lo que refleja la importancia ganadera y territorial de la zona.
La riqueza de la villa queda reflejada en el hecho de que Isabel la Católica solicitara cereal y vino a Valdemoro en 1482 para abastecer a sus tropas. La producción agrícola, especialmente el vino, comenzaba a adquirir una relevancia que se mantendría durante los siglos siguientes.
En el ámbito religioso, el entorno de Valdemoro contaba ya con varios edificios vinculados al culto. En 1427 se mencionan tres iglesias o ermitas relacionadas probablemente con antiguos despoblados: Siete Pozuelos, El Casar y la ermita de Santiago. La iglesia parroquial primitiva, distinta de la actual, debió tener origen medieval y conservaría restos posiblemente mudéjares, algunos de ellos relacionados con la antigua cubierta y con elementos de ladrillo que sobrevivieron a transformaciones posteriores.
El Siglo XVI fue una de las etapas de mayor crecimiento de Valdemoro. La población aumentó de forma notable: en 1530 contaba con 558 vecinos y hacia 1575 alcanzaba los 1.005, lo que equivaldría a unos 4.500 habitantes. Este crecimiento convirtió a Valdemoro en una de las villas más importantes de su entorno, superior en población a localidades cercanas como Arganda o San Martín de la Vega.
La producción vinícola tuvo una gran importancia económica. Carlos I confirmó en 1552 una serie de privilegios destinados a proteger el vino de Valdemoro, prohibiendo la entrada de uva y mosto de fuera del término. Esta protección favoreció el desarrollo de viñedos y bodegas, que se convirtieron en una de las bases de la economía local.
En 1575, Felipe II compró Valdemoro al arzobispado de Toledo, al que pertenecía desde el siglo XIV. Poco después, en 1577, el rey vendió la villa a Melchor de Herrera, marqués de Auñón, uno de los financieros a los que la Corona recurrió para sostener sus gastos. Esta venta supuso un cambio importante, pues las presiones señoriales y la crisis económica castellana provocaron una etapa de decadencia y descenso demográfico.
A finales de siglo se produjeron transformaciones religiosas y urbanas relevantes. En 1588 se fundó el convento de Carmelitas Calzados junto a la calle Grande, cerca de la fuente que surtía de agua a la villa y que desde entonces sería conocida como fuente del Carmen. El convento llegó a ser un centro educativo y económico importante, con propiedades urbanas y rústicas.
También se planteó la construcción de una nueva iglesia parroquial, al considerarse insuficiente el templo existente para una población en crecimiento. Aunque la obra no llegó entonces a realizarse como se pretendía, sí se produjeron importantes reformas en la iglesia, como la terminación de la torre y la sacristía.
Durante esta centuria, Valdemoro reforzó su papel como lugar de paso entre Madrid, Toledo y Aranjuez. Felipe II utilizó la villa como parada en sus desplazamientos, lo que favoreció su visibilidad y su relación con la Corte. El casco urbano comenzó a expandirse más allá del núcleo medieval, especialmente hacia la calle Grande, la fuente y el convento del Carmen.
El Siglo XVII comenzó con un nuevo cambio decisivo. Tras la muerte de Melchor de Herrera, la villa fue puesta en venta y en 1602 fue adquirida por el duque de Lerma. La compra tenía un claro interés estratégico: Valdemoro era lugar de paso casi obligado del rey en sus viajes hacia Aranjuez y Toledo, y el valido quiso controlar y ennoblecer esta escala del camino real.
Bajo el patrocinio del duque de Lerma, Valdemoro vivió un momento de esplendor. En 1603 consiguió la celebración de una feria y mercado anual en la plaza Mayor, inicialmente de ocho días y ampliada posteriormente. En 1605 se construyó la Fuente Nueva o Fuente de la Villa, en el camino hacia Seseña y Toledo. En 1609 se fundó el convento de las Franciscanas Clarisas, también favorecido por el duque, quien apoyó además las obras de la iglesia parroquial y del convento de Carmelitas.
La plaza Mayor se formalizó como espacio amplio y porticado, apto para ferias, mercado y actos públicos. Para su ordenación se consultó a Francisco de Mora, lo que indica la importancia que se dio a este espacio urbano. También en 1613 se creó el pósito de trigo para labradores pobres, gracias a Antonio Correa, en una casa situada en la plaza pública, donde más tarde se ubicaría la torre del reloj.
Sin embargo, este periodo de esplendor fue seguido por una etapa de crisis. La venta de la villa a sí misma por el duque de Lerma, la retirada del valido del poder, la expulsión de los moriscos en 1609 y los problemas económicos del Ayuntamiento contribuyeron a un fuerte descenso demográfico. La población, que a finales del siglo XVI rondaba los 3.500 habitantes, bajó hasta alcanzar cifras mucho menores a comienzos del XVIII.
A pesar de la crisis, Valdemoro mantenía una intensa vida religiosa y asistencial. En 1665 existían numerosos oratorios privados, ermitas y hospitales, entre ellos los de la Concepción, San Andrés y San José. La villa contaba además con una importante actividad vinícola. Sus vinos, junto a los de San Martín de Valdeiglesias, llegaron a abastecer a la Corte, aunque esto provocó conflictos en años de escasez por el control del suministro a Madrid.
También tuvo importancia el comercio de la nieve y el hielo, con pozos documentados como el Pozo Chico y el Pozo Grande. La imagen de Valdemoro en esta centuria nos llega, entre otras fuentes, a través del viaje de Cosme de Médicis por España en 1668-1669, acompañado por los dibujos de Pier María Baldi, donde aparece la villa desde el norte, con la ermita del Cristo de la Salud, la iglesia de las Clarisas y la parroquial.
Urbanísticamente, en este siglo se consolidó el crecimiento extramuros: hacia el norte, en torno a la ermita del Cristo de la Salud; hacia el sur, con el convento de las Clarisas y la Fuente de la Villa; y hacia el este, siguiendo el trazado de la calle Grande y la carretera de Andalucía. También debió construirse o consolidarse la Casa de Postas o Casa de la Cadena, relacionada con el Camino Real.
El Siglo XVIII comenzó con Valdemoro inmersa en una profunda crisis económica. En 1712 la población había descendido hasta unos 1.276 habitantes, una caída muy acusada respecto al siglo anterior. Las deudas municipales, la decadencia del vino y los problemas derivados de la jurisdicción y de las alcabalas marcaron buena parte de esta etapa.
Para paliar esta situación, en 1712 José Aguado Correa impulsó la creación de una fábrica de paños finos, siguiendo los planes de reactivación económica promovidos en tiempos de Felipe V. Valdemoro reunía condiciones favorables para ello: mano de obra disponible, agua, madera procedente de Aranjuez, una vía de comunicación importante y tradición comercial. La fábrica llegó a emplear a varios centenares de trabajadores y fue una de las iniciativas industriales más relevantes de la villa.
A mediados de siglo, la fábrica entró en decadencia, aunque a finales del mismo, fue reactivada por la Compañía de Lonjistas de la Corte gracias a la intervención del conde de Lerena, vecino de Valdemoro, secretario de Hacienda y superintendente de las Reales Fábricas del Reino. La fábrica obtuvo el título de Real Fábrica, contrató con el Ejército, la Marina y la Casa Real, y dio trabajo a numerosos vecinos de la villa y localidades cercanas.
El conde de Lerena fue otro gran benefactor de Valdemoro. En 1792 fundó una cátedra de latinidad para la enseñanza de pobres en el antiguo colegio de San Juan y promovió escuelas de niños y niñas en edificios de su propiedad, dotando también a los maestros.
A pesar de sus dificultades, Valdemoro seguía siendo una villa importante. A mediados de siglo era una de las principales poblaciones de la actual Comunidad de Madrid por demografía. Contaba con feria anual de veinte días, mercado dominical, varios mesones, panaderías, tiendas, oficios artesanales, hospitales, escuela de primeras letras y una intensa actividad comercial vinculada al Camino Real de Aranjuez.
El paso del Camino Real fue uno de los factores fundamentales de la vida urbana y económica de Valdemoro. La villa se benefició de la circulación de viajeros, mercancías, diligencias y personajes de la Corte. El trazado de la carretera de Andalucía y la presencia de casas de postas, paradores y posadas reforzaron su condición de lugar de tránsito.
El casco urbano creció y se densificó, aunque conservando amplios espacios interiores de huertos, corrales y jardines. En 1751 se contabilizaban 550 casas, aunque no todas habitables. Las calles eran generalmente anchas, con casas de dos plantas, encaladas y acompañadas de patios, corrales y dependencias auxiliares.
El Siglo XIX comenzó con los efectos de la Guerra de la Independencia. La ocupación francesa causó daños importantes en la agricultura, la ganadería y algunos edificios, y aceleró la decadencia de la villa. La fábrica de tejidos desapareció durante este periodo, aunque la posición de Valdemoro seguía siendo favorable por la carretera de Andalucía, la salida de productos agrícolas y la llegada del ferrocarril a mediados de siglo.
La abolición de los señoríos por las Cortes de Cádiz en 1812 supuso el fin del antiguo régimen jurisdiccional. Posteriormente, la reforma territorial de Javier de Burgos de 1833 incorporó definitivamente Valdemoro a la provincia de Madrid. En el marco de la nueva organización administrativa, la villa pasó a depender del partido judicial de Getafe, dentro de la provincia madrileña.
Las desamortizaciones en este siglo, transformaron de forma profunda la estructura de la propiedad. El convento de Carmelitas Calzados, ya muy deteriorado, fue cerrado y sus bienes enajenados, mientras que otras propiedades del clero pasaron a manos particulares. Este proceso contribuyó a modificar el tejido urbano, facilitando la ocupación y transformación de antiguos espacios conventuales, huertas y fincas.
Durante este siglo, la economía volvió a centrarse en la agricultura, sobre todo cereal, viñedo y olivar, aunque con bajos rendimientos. La carretera de Andalucía siguió siendo una fuente de ingresos a través de posadas, paradores, correos y tránsito de viajeros, pero el ferrocarril redujo progresivamente la importancia de este comercio caminero.
La llegada del ferrocarril Madrid-Aranjuez en 1851 fue uno de los hechos urbanos más importantes de la centuria. La estación, situada a cierta distancia del casco, abrió nuevas posibilidades de comunicación y favoreció más adelante la aparición de una pequeña zona industrial y residencial en su entorno.
Uno de los grandes cambios de la segunda mitad de este siglo, fue la instalación en Valdemoro de instituciones vinculadas a la Guardia Civil. En 1856 se trasladó a la antigua fábrica de paños la Compañía de Guardias Jóvenes, impulsada por el duque de Ahumada para educar a los hijos del Cuerpo. Este edificio, situado en torno a la actual plaza del Duque de Ahumada, se convirtió en uno de los conjuntos más representativos de la villa hasta su traslado en 1972.
También se establecieron instituciones religiosas y asistenciales, como la Casa de San Diego y la Casa de San Nicolás de las Hermanas de la Caridad, además de la residencia de los Padres Paúles en la antigua Casa de Postas o Casa de la Cadena. Estas fundaciones modificaron la estructura urbana y reforzaron el papel de Valdemoro como centro asistencial, educativo y religioso.
A finales de siglo, Valdemoro había crecido en población, aunque sufrió epidemias como la de cólera de 1855. Se mejoraron infraestructuras básicas, como fuentes, lavadero, alumbrado, escuelas, espacios arbolados y jardines públicos. La Fuente de la Villa, el lavadero, la plaza de la Piña, el paseo de la Estación y la plaza del Duque de Ahumada formaron parte de una política de ornato y mejora urbana.
También destacó la presencia de casas de recreo y fincas de familias madrileñas, favorecidas por la cercanía a la capital y la comunicación ferroviaria. Entre ellas se encontraban las vinculadas a Pedro Antonio de Alarcón y a la familia de Cánovas del Castillo, ambas desaparecidas.
El Siglo XX comenzó con un crecimiento moderado. Valdemoro pasó de 2.895 habitantes en 1900 a 3.517 en 1930, aunque la gripe de 1918 y otros factores ralentizaron este avance. La Guerra Civil supuso un fuerte retroceso demográfico y material: en 1940 la población había descendido a 2.713 habitantes.
La contienda causó daños importantes en la villa. La línea de batalla estuvo próxima al municipio, y los bombardeos afectaron al casco urbano. Fueron dañados o destruidos edificios religiosos y civiles, entre ellos la Casa de San Diego de las Hermanas de la Caridad, el convento de las Clarisas, la iglesia parroquial, la ermita del Cristo de la Salud, la capilla de San Nicolás y las casas de los Padres Paúles. El Colegio de Guardias Jóvenes y El Juncarejo tuvieron usos relacionados con la guerra, como hospital o instalaciones militares.
Tras la guerra, el Ayuntamiento emprendió reparaciones urgentes en edificios públicos y medidas de apoyo a los agricultores. A mediados del siglo XX, la villa fue recuperando lentamente los niveles anteriores a la contienda. Contaba con escuelas, teatro-cine, fuentes, matadero, posadas, médicos, veterinario y farmacia.
Durante las primeras décadas de este siglo, siguió teniendo importancia la industria del yeso, actividad tradicional del término. En 1928 existían diez fábricas de yeso y escayola, aunque después entraron en decadencia por falta de modernización. También se mantuvieron actividades relacionadas con el vino, el aceite, el comercio local y pequeños talleres.
A partir de los años sesenta, Valdemoro entró en una nueva etapa. La industrialización de Madrid, la mejora de las comunicaciones y la incorporación del municipio al segundo cinturón productivo de la capital impulsaron un fuerte crecimiento demográfico. En 1960 contaba con 3.988 habitantes; en 1970 superaba los 6.000; en 1981 doblaba esa cifra; en 1994 rondaba los 20.000 y en el año 2000 alcanzaba aproximadamente los 24.000.
Este crecimiento transformó profundamente el paisaje urbano. La antigua villa agrícola y caminera fue dando paso a una ciudad residencial, industrial y de servicios. Se construyeron nuevos barrios, bloques de vivienda colectiva, polígonos industriales y equipamientos públicos. El desarrollo se produjo sobre todo hacia el norte, el oeste y el entorno de la antigua carretera de Andalucía, mientras la carretera nacional y el ferrocarril actuaban como barreras hacia el este.
En 1987 se aprobaron unas Normas Subsidiarias que impulsaron el crecimiento urbano y protegieron algunos valores patrimoniales. Se rehabilitaron edificios como el antiguo puesto de la Guardia Civil, la casa de Estrella de Elola, la torre del Reloj y el Consistorio Viejo. También se construyeron nuevos equipamientos como el Ayuntamiento nuevo, la Escuela Infantil y la Casa de la Juventud.
El casco histórico de Valdemoro fue inventariado como Conjunto Histórico-Artístico de segundo orden en 1967, incoado como Conjunto Histórico-Artístico en 1981 y declarado Bien de Interés Cultural ese mismo año. Otros elementos destacados, como la plaza de la Constitución y la Fuente de la Villa, también fueron catalogados por la Comunidad de Madrid. Al sur del término, la finca de El Espartal, de gran interés arqueológico, fue declarada Bien de Interés Cultural en 1995.
En las primeras décadas del Siglo XXI, Valdemoro ha consolidado su transformación en una ciudad de tamaño medio dentro del área sur de la Comunidad de Madrid. Su crecimiento residencial, la mejora de sus comunicaciones y el desarrollo de polígonos industriales y servicios han convertido al municipio en un importante foco de actividad metropolitana.
La antigua economía agropecuaria ha quedado reducida a un papel secundario, aunque el término conserva todavía superficies agrícolas, especialmente de secano, olivares y viñedos. La actividad económica se centra hoy en los polígonos industriales, la logística, el comercio, los servicios y los equipamientos asociados al aumento de población.
El desarrollo urbano reciente se ha articulado en torno a nuevos barrios como El Restón, grandes áreas residenciales, espacios comerciales, zonas verdes y equipamientos educativos, deportivos, culturales y asistenciales. La cercanía a la A-4, la M-404, el ferrocarril de cercanías y las conexiones con el sur metropolitano han reforzado su posición como uno de los municipios más dinámicos de la zona.
A pesar de este crecimiento, Valdemoro conserva un casco histórico de gran interés, con espacios como la plaza de la Constitución, la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, la Fuente de la Villa, el convento de Santa Clara, la torre del Reloj, la ermita del Cristo de la Salud y otros elementos que recuerdan su pasado como villa medieval, lugar de paso del Camino Real, centro de ferias, población vinícola, enclave industrial temprano y municipio vinculado a la historia de la Guardia Civil.
Hoy Valdemoro combina esa intensa expansión urbana con la necesidad de proteger su patrimonio histórico y arqueológico. Su evolución resume, de forma muy clara, la transformación de muchas antiguas villas madrileñas: de núcleo agrícola y caminero a ciudad residencial, industrial y de servicios, sin perder del todo las huellas de su larga historia.

Empezamos nuestra visita a Valdemoro dejando el coche a pocos metros de la Fuente de la Villa, situada en la Calle Illescas, 4.
Fue levantada en 1605 por iniciativa del Concejo de Valdemoro y financiada con fondos propios. Diseñada por el arquitecto Juan Gómez y construida en piedra caliza de Colmenar, consta de un machón formado por tres pilastras: una central, con un caño, que soporta el escudo de la villa, y otras dos laterales más pequeñas, con sendos caños. El agua procedente de los tres caños se deposita en un gran pilón rectangular.
En la composición original de la fuente, el machón central servía como separación entre dos pilones: el anterior, con caños destinados al agua potable, y otro posterior que funcionaba como abrevadero. Este último se completaba con otros dos pilones de mayor tamaño destinados al lavado de la ropa, por lo que el conjunto hacía también la función de lavadero descubierto. Al desaparecer el pilón que servía de abrevadero, la composición de la fuente quedó notablemente desvirtuada.
En la pilastra central, bajo el escudo mencionado, se conserva la siguiente inscripción:
HIZOLA / BALDEMO / RO Đ SVS / PROPIOS / SIENDO / COREGIDOR / EL DOTOR / BAZQUEZ / AÑO DE / 1605 / SEREDIFICO / AÑO / DE 1778
En la pilastra derecha existe otra inscripción alusiva a una restauración posterior:
RESTA / URADA / EN 1940 / SIENDO ALCALDE / D. EUSEBIO BLANCO / OTERO
En la parte posterior de la pilastra central se conserva una inscripción de 1778, hoy parcialmente desgastada, en la que se prohibía lavar en la fuente bajo pena de multa, destinándose su uso al abrevado del ganado por considerarse de beneficio común.
A escasos metros de la parte posterior de la fuente mencionada anteriormente se encuentra el antiguo lavadero, cubierto entre 1896 y 1898. En su origen contenía los dos grandes pilones destinados al lavado de la ropa, cuyo caudal procedía del antiguo abrevadero.
El edificio está levantado con muros de ladrillo visto y cajas de mampostería, a modo de aparejo toledano. Las esquinas aparecen reforzadas con machones de ladrillo, material que también se emplea en el recercado de los huecos y en los arcos dispuestos en sardinel.
El acceso se realiza mediante cuatro puertas de madera con arcos de medio punto. En las fachadas se abren grandes ventanales, también de medio punto y resueltos con ladrillo en sardinel, que aportan luz al interior del antiguo lavadero.
En la actualidad alberga una escuela de danza.
Desde la fuente y el lavadero, subimos por la Calle del Párroco Don Lorenzo hasta llegar al Convento de la Encarnación, construido entre 1613 y 1616 con muros de cajas de mampostería encerradas entre machones de ladrillo, reservándose este mismo material para las esquinas y el recercado de los huecos.
Del conjunto conventual destacan el claustro, que no se puede visitar, y la iglesia, cuyo acceso se efectúa por una portada de piedra de Colmenar, muy representativa del barroco madrileño del siglo XVII. Se trata de un hueco adintelado con friso y cornisa, rematado por un frontispicio donde se ubica un nicho con la estatua de Santa Clara, flanqueado por pilastras toscanas que sostienen un frontón curvo. El nicho aparece escoltado por dos escudos, pertenecientes a la Casa de Lerma y a la Casa de Medinaceli.
La iglesia es de una única nave de tres tramos, con bóveda de cañón, planta de cruz latina, crucero con cúpula de media naranja sobre pechinas y coro alto a los pies con reja de clausura. El retablo mayor se encuentra decorado con dos pinturas al óleo sobre lienzo, atribuidas a la escuela madrileña del primer tercio del siglo XVII.
El convento fue construido por iniciativa del duque de Lerma, a la sazón señor de Valdemoro, inaugurándose el 19 de mayo de 1616 con la presencia del rey Felipe III, el propio duque de Lerma y el arzobispo de Toledo.
Desde el convento citado, abandonamos la Plaza de las Monjas por la Calle de Eloy López de Lerena, por la que caminaremos hasta llegar a la Plaza de Autos, donde se encuentra la Casa de la Inquisición.
Los muros del edificio, levantados sobre un zócalo de mampostería, están realizados en ladrillo macizo y cajones de piedra de yeso mampuesta. Los huecos aparecen recercados en ladrillo, con dinteles dispuestos a sardinel, mientras que la portada y el balcón situado sobre ella se encuentran adintelados en piedra.
No se sabe con certeza cuál es el año de su construcción, aunque se cree que data del siglo XVII. El nombre de Casa de la Inquisición se debe a que, según la tradición, el edificio pudo albergar este tribunal, e incluso se dice que una de sus estancias fue utilizada como mazmorra. Sin embargo, de todo ello no se tiene constancia documental.
Lo que sí se sabe es que Antonio Correa, perteneciente al linaje de los Correa y benefactor de la villa, habitó esta casa en 1604. En aquel tiempo contaba con oratorio y con una portada presidida por el escudo de armas de la familia, elementos desaparecidos a principios del siglo XX. Asimismo, se cree que la construcción pudo existir ya en el siglo XVI como casa de labor, siendo posteriormente mejorada en el siglo XVII.
A finales del siglo XIX, la propiedad de la casa pertenecía a Manuela Sánchez Maldonado, madre del anterior dueño, Pedro García Sánchez, presbítero y capellán del Hospital de San José, desconociéndose cómo llegó a hacerse con el caserón.
Con el paso del tiempo, la casa pasó a ser propiedad de las biznietas de Manuela, Estéfana y Fernanda. Al fallecer sin descendencia, todas sus posesiones pasaron por donación al Asilo de San Rafael a mediados del siglo XX. Sus nuevos propietarios, con el fin de obtener beneficio económico, decidieron transformar el caserón en casas de vecinos, en las que llegaron a vivir 17 familias en 1970. Para ello fue necesario tabicar las numerosas y amplias estancias existentes.
En 1986, el edificio pasó a manos de Nicolás Rodríguez Sevillano, encontrándose entonces en estado semiruinoso. Su intervención permitió recuperar en parte la distribución original, derribando los tabiques que se habían levantado durante su etapa como casa de vecinos.
Apenas 50 metros separan la Casa de la Inquisición de la Plaza de Nuestra Señora del Rosario, donde se encuentra la Iglesia Parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, que a primera vista impone por su volumen, su complejidad constructiva y su elevada torre-campanario.
La construcción de la iglesia presenta varias fases. Su base o núcleo inicial se remonta a finales del siglo XVI, mientras que el conjunto principal quedó configurado en torno a 1658, con obras que se prolongaron aproximadamente hasta 1690. La Capilla del Rosario aparece documentada desde 1602. La torre, por su parte, corresponde a una fase posterior, con proyecto de 1752 y finalización hacia 1764. Ya en época contemporánea, el templo fue objeto de distintas restauraciones en 1940, 1985 y entre 1987 y 1992, mientras que sus bienes muebles fueron restaurados entre 1993 y 1996.
Exteriormente, el templo presenta una fábrica combinada de mampostería de piedra y ladrillo visto, empleado este último en arcos, recercados, pilastras, cornisas y otros elementos decorativos. En determinadas zonas bajas del edificio se aprecia además un zócalo de piedra labrada o sillería, a modo de basamento, que refuerza y protege los muros. Las portadas y algunos puntos singulares incorporan igualmente piezas de piedra labrada.
El templo conserva tres portadas de carácter diferente. La portada norte, abierta en un muro de mampostería, presenta un acceso adintelado en piedra labrada y un amplio arco de medio punto de descarga sobre la puerta. La portada occidental, situada bajo el atrio porticado, ofrece una composición más clasicista, con vano adintelado, pilastras y puerta de madera decorada con casetones. La portada sur, más sencilla y funcional, se abre en un paño de ladrillo y mampostería, con una puerta de madera adintelada, aparentemente con dintel del mismo material, y un tratamiento mucho más austero que el de los accesos principales.
La fachada occidental, situada a los pies del templo, presenta un atrio porticado de tres arcos de medio punto, construido en ladrillo visto y rematado por un frontón triangular. El conjunto queda flanqueado por dos cuerpos laterales de mampostería de piedra y protege el acceso principal, aunque no sea el utilizado habitualmente.
La torre-campanario consta de cuatro cuerpos de fábrica revocada, con un acabado que imita el ladrillo visto, y basamento de piedra. Los cuerpos se encuentran separados por impostas, mientras que las esquinas presentan un encadenado de revoco que imita la sillería.
En el primer cuerpo se aprecian pequeños huecos. En el segundo y tercero aparecen ventanas saeteras. En el último cuerpo se abre un vano de medio punto recercado en cada lado, donde se alojan las campanas. La torre queda coronada por una cornisa, chapitel de pizarra y zinc, bola, veleta y cruz de forja.
El interior presenta planta rectangular dividida en cinco tramos iguales, cubiertos por una bóveda de cañón, dividida a su vez en cinco compartimentos por arcos fajones. En el centro de estos compartimentos se conservan cinco pinturas al fresco, obra de Antonio Vandepere. El templo cuenta además con diez capillas laterales cupuladas, distribuidas a ambos lados de la nave y separadas por contrafuertes. Entre ellas destacan especialmente la Capilla del Santísimo Cristo de la Salud y la Capilla de Nuestra Señora del Rosario, dos de los espacios devocionales más relevantes de la parroquia.
La capilla mayor presenta ábside y una cúpula encamonada con tambor bajo sobre pechinas, decoradas con pinturas al fresco de los cuatro evangelistas, y linterna.
El retablo mayor, del siglo XVIII y de corte neoclásico, se compone de un solo cuerpo y tres calles. La calle central, de mayor tamaño que las laterales y rematada por arco de medio punto, presenta una pintura sobre lienzo con el tema de la Asunción de la Virgen, obra de Francisco Bayeu fechada en 1790.
En la calle de la derecha se encuentra la pintura sobre lienzo de Francisco de Goya, fechada en 1786, titulada Aparición de la Virgen a San Julián, obispo de Cuenca. En la calle de la izquierda se conserva la pintura sobre lienzo de Ramón Bayeu, fechada en 1770, con la representación de San Pedro Mártir. Estas dos últimas obras fueron restauradas por María Teresa Barrios y Carmen Trujillo en 1988, mientras que la pintura central fue restaurada por la Dirección de Patrimonio de la Comunidad de Madrid en 1996, junto con el resto del retablo.
En el lado del evangelio se conserva una interesante pila bautismal de piedra, descrita por la información turística municipal como de estilo románico. La pieza presenta copa semiesférica sobre pie central, decoración vertical en relieve y una inscripción parcialmente desgastada, constituyendo uno de los elementos antiguos más destacados del templo.
El coro, situado en alto a los pies del templo, se encuentra cubierto por la misma bóveda de cañón de la nave central y alberga un órgano instalado en 1737.
Desde la iglesia parroquial volvemos a la Plaza de Autos para continuar a la Plaza del Esparto y de aquí a la Plaza de la Constitución, uno de los espacios históricos más representativos de Valdemoro y centro tradicional de la vida administrativa, comercial y social de la villa.
Según diversos autores, la construcción de la plaza, promovida por el poder municipal, pudo iniciarse a comienzos o mediados del siglo XVI. Sin embargo, su configuración definitiva no llegaría hasta principios del siglo XVII, cuando el duque de Lerma adquirió Valdemoro y promovió la creación de un espacio amplio, regular y porticado, adecuado para acoger el mercado, la feria anual y los festejos públicos que se celebraban con motivo de los desplazamientos de la familia real hacia Aranjuez.
Para dar forma a este nuevo espacio urbano se derribaron varias manzanas, configurándose una plaza de trazado regular con soportales. Bajo estos pórticos se instalaban puestos del mercado semanal y de la feria anual, arrendándose sus espacios para distintas actividades comerciales. La plaza también fue escenario de celebraciones públicas, incluidas corridas de toros, como ocurría en muchas plazas mayores castellanas.
Desde 1577 se documentan en este entorno las antiguas casas del Ayuntamiento y las carnicerías, situadas en el lateral oriental de la plaza. Estos edificios muestran la importancia que tuvo este espacio como centro del gobierno municipal y de los servicios básicos de la villa.
Otro de los elementos destacados de la plaza es la Torre del Reloj, levantada sobre el antiguo pósito de trigo. Este pósito fue fundado en 1613 por Antonio Correa, con la finalidad de ayudar a los labradores pobres mediante el almacenamiento y préstamo de grano en momentos de necesidad.
Sobre el edificio del pósito se levantó en 1672 una torre destinada a alojar el reloj público, conocida desde entonces como Torre del Reloj. Su construcción vino a sustituir al reloj que anteriormente se encontraba en la torre de la iglesia parroquial, derribada durante las reformas del templo.
La torre, de más de 20 metros de altura, presenta dos cuerpos diferenciados, siendo el superior de menor tamaño que el inferior. Se remata con cubierta a cuatro aguas y pieza metálica de coronación. A lo largo del tiempo fue objeto de diversas reparaciones, entre ellas la realizada en 1847.
En 1909 el edificio fue adquirido por el Ayuntamiento, que instaló en él unas escuelas públicas. Posteriormente tuvo distintos usos municipales e incluso llegó a utilizarse como toriles, cuando todavía se celebraban festejos taurinos en la plaza. Al reformarse el espacio urbano y prohibirse estos festejos, el inmueble pasó a destinarse a dependencias municipales. En la actualidad alberga la Oficina de Turismo.
En conjunto, la Plaza de la Constitución conserva buena parte del carácter tradicional de las plazas mayores castellanas, con soportales, balconadas, edificios vinculados al poder municipal y la presencia destacada de la Torre del Reloj, uno de los elementos más reconocibles del casco histórico de Valdemoro.
Salimos de la Plaza de la Constitución por la Calle Colegio hasta llegar a la Calle Estrella de Elola donde giramos a la izquierda, continuamos por la misma hasta la Calle del Cristo de la Salud para llegar a la Ermita del Santísimo Cristo de la Salud.
Se trata de una construcción del siglo XVIII de estilo barroco, levantada sobre un antiguo humilladero del siglo XVII. El interior presenta una nave central dividida en cuatro tramos, cubierta con bóveda de cañón con lunetos y separada por arcos fajones. A ambos lados se abren capillas laterales comunicadas entre sí mediante arcos de medio punto, separadas de la nave por pilastras toscanas.
La capilla mayor, de menor anchura que la nave, se cubre igualmente con bóveda de cañón con lunetos, mientras que algunas capillas laterales presentan cubiertas cupuladas o de casquete. El conjunto ofrece un espacio amplio, luminoso y de composición ordenada, presidido por la imagen del Cristo de la Salud. La imagen original fue destruida durante la Guerra Civil, esta imagen que se muestra, es una réplica de la original creada en el año 1941.
Exteriormente, la Ermita del Santísimo Cristo de la Salud presenta una arquitectura sobria, de volúmenes sencillos y escalonados, con predominio de paramentos revocados en blanco. La nave principal aparece acompañada por cuerpos laterales de menor altura, mientras que sobre la cubierta destaca un pequeño cuerpo superior rematado por veleta.
La fachada principal combina el revoco blanco con un zócalo de piedra y paños de ladrillo visto, material que también se emplea en el gran arco de medio punto que protege el acceso, en los recercados de los huecos y en las cornisas. A ambos lados se abren ventanas verticales con rejería, junto a otros pequeños vanos superiores que aligeran el conjunto.
En el lateral se aprecia mejor la disposición de los distintos cuerpos del edificio y su carácter funcional, con muros blancos, huecos sencillos y un cerramiento exterior que acompaña el perímetro de la ermita. El conjunto ofrece una imagen sencilla y luminosa, en la que se combinan materiales tradicionales como la piedra, el ladrillo y el revoco.
Terminada la visita a la ermita anterior, atravesamos el Parque del Cristo de la Salud, buen lugar para hacer un pequeño descanso en uno de sus bancos, hasta salir a la Calle San Vicente de Paúl. En el número 25 de esta calle se encuentra el Convento o Casa de San Nicolás, perteneciente a las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl.
El solar donde se ubica fue donado a las citadas hermanas en 1878 por los marqueses de Vallejo. En origen ocupaba toda la manzana y en su interior se encontraban también la Casa del Rey y la Casa de Labor, ambas derribadas a finales de los años sesenta del siglo XX para construir el Colegio San José.
La actual Casa de San Nicolás queda situada en la esquina de la Calle San Vicente de Paúl con el Callejón del Rey. La antigua Casa del Rey debía su nombre a que Felipe III, durante sus estancias en Aranjuez, despachaba allí con el duque de Lerma. También Carlos IV la utilizó como lugar de descanso en sus viajes al Real Sitio.
El edificio, construido en 1897, presenta dos plantas y una fachada que combina cajones de mampostería con machones y verdugadas de ladrillo. Este material también se emplea en el recercado de los huecos, rematados en su parte superior mediante ladrillos dispuestos a sardinel.
Desde este último punto, desandamos todo el recorrido mencionado hasta llegar al lugar donde estaba estacionado el coche, para dirigirnos a hacer la última visita a Valdemoro: la Estación de Cercanías de Renfe, ubicada en el Paseo de la Estación.
Se trata de un complejo ferroviario surgido a mediados del siglo XIX, con el establecimiento de la línea que une Madrid con Aranjuez, inaugurada en 1851. De entre los diversos edificios que lo componen, el más interesante es el de viajeros, que consta de dos plantas. En la planta inferior se encuentra el vestíbulo de viajeros, con las máquinas expendedoras de billetes y una taquilla de información. En la primera planta se ubicaban las viviendas del jefe de estación y de dos factores, personal encargado de distintas tareas de gestión operativa de la estación.
Los muros se encuentran levantados con rafas de mampuesto y bandas de ladrillo, imitando el aparejo toledano, y esquinas con encadenados de piedra. Los huecos, cornisas e impostas son de ladrillo, con detalles neomudéjares y neoclásicos, como dinteles y arcos a sardinel.

Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento, COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
![]() Ayuntamiento
Plaza de la Constitución, 11 28341 - Valdemoro Tfno: 91 809 98 90
Distancia a Madrid: 31,9 Km Municipios colindantes
Pinto EN COCHEDirigirse por la A4 E5 hasta salida 26B Valdemoro ![]() AUTOBUSES414 Madrid (Villaverde Bajo-Cruce)422 Madrid (Legazpi) 423 Madrid (Estación Sur) 424 Madrid (Legazpi) 426 Madrid (Legazpi) N401 Madrid (Atocha) N402 Madrid (Atocha) TREN-CERCANÍASC3 Aranjuez-Atocha-Sol-Chamartín |
