Hasta 1954, el municipio llevó el nombre de Olmeda de la Cebolla. Sin embargo, en las Relaciones Topográficas de Felipe II ya aparece citado como El Olmeda de las Cebollas, “por razón que es un lugar muy fresco de muchos olmos, y en el que se crían mucha cebolla”. En 1954 se sustituyó la referencia a la cebolla por otra más acorde con la abundancia de manantiales y fuentes existentes en su término, adoptando así la denominación actual de Olmeda de las Fuentes.
Gentilicio: olmedeños/as

Aunque los datos sobre el actual término de Olmeda de las Fuentes son escasos para la prehistoria y la Antigüedad, su situación en un entorno de valles fértiles hace pensar en una ocupación humana muy antigua. En las cercanías del pueblo se han localizado restos de un poblado de la Edad del Bronce, datado hacia el 1700 a. C. También se ha relacionado su territorio con antiguas vías de paso, entre ellas la senda Galiana y una posible calzada secundaria de época romana que discurriría por sus inmediaciones. Para época visigoda no existen pruebas concluyentes, aunque algunos autores han planteado la hipótesis de un asentamiento vinculado a esas rutas. Más tarde, durante la etapa andalusí, se sitúan en la segunda mitad del siglo X los primeros indicios de un núcleo islámico en La Olmeda, de carácter defensivo, dentro de un territorio inestable por la presión militar de la Reconquista.
En el Siglo XI, tras la conquista cristiana de Toledo en 1085 y la rendición de Alcalá en 1088, la zona siguió siendo insegura por las incursiones musulmanas. La derrota cristiana de Uclés en 1108 devolvió temporalmente estos territorios al dominio islámico, hasta la recuperación definitiva de Alcalá y su fortaleza en 1118. A partir de ese momento comenzó la consolidación cristiana del territorio en el que se asentaba Olmeda.
Durante el Siglo XII, en 1127 una bula del papa Honorio II confirmó estas tierras al arzobispado de Toledo. Poco después, con el Fuero Viejo de Alcalá de 1135, Olmeda quedó integrada en el alfoz complutense. Sin embargo, su pertenencia jurisdiccional no fue estable. En 1190 Alfonso VIII separó Olmeda y otras aldeas de la mitra toledana para incorporarlas a Segovia, dentro de un efímero Sexmo del Tajuña. Esta situación duró poco: tras la batalla de las Navas de Tolosa, Alfonso VIII devolvió en 1214 las diecinueve aldeas, entre ellas El Olmeda, al arzobispado de Toledo.
Durante el Siglo XIII, Olmeda quedó plenamente integrada en la Tierra de Alcalá, regida por el fuero otorgado en 1223 por el arzobispo Jiménez de Rada. Administrativamente formó parte del llamado Cuarto de Pezuela, junto con Corpa, Orusco, Pezuela y Villar del Olmo. Fue en esta etapa cuando se afianzó su organización como aldea del alfoz complutense.
En estos siglos medievales tuvo importancia el cercano núcleo de Valmores, hoy desaparecido, cuya antigua iglesia románica demuestra que llegó a tener una entidad considerable. Sin embargo, durante el Siglo XIV su población decayó notablemente, posiblemente como consecuencia de la gran crisis demográfica y de la peste de mediados de siglo. Finalmente acabó despoblándose, y su término se repartió entre Pezuela, Corpa y la propia Olmeda.
Durante el Siglo XV, aunque la documentación es escasa para este periodo, Olmeda debió de continuar como un pequeño núcleo agrícola dependiente de la Tierra de Alcalá, heredando parte del espacio y quizá también de la población de la desaparecida Valmores.
El Siglo XVI fue una etapa de cierto crecimiento. A comienzos de la centuria Olmeda contaba con unos 50 vecinos, cifra que fue aumentando en las décadas siguientes. En 1564 obtuvo el privilegio de villazgo por concesión de Felipe II, previo pago de una importante suma. Gracias a ello dejó de depender judicialmente de Alcalá de Henares y pudo nombrar sus propias justicias, con jurisdicción alta y baja, así como levantar horca y picota como símbolos de su nueva condición. Aun así, siguió formando parte de la Comunidad de Tierra de Alcalá.
Las Relaciones Topográficas de 1576 ofrecen una valiosa imagen del lugar. Entonces Olmeda tenía alrededor de cien vecinos y se extendía por una ladera, con parte del caserío en lo alto y parte en la zona baja, lo que hacía que fuese un pueblo “áspero de andar”. Las casas eran de tierra, yeso y madera, y se citan ya varias fuentes, entre ellas la de la Aldea y la de Suso, conservadas todavía hoy. La economía se basaba en la agricultura de cereal, vino, aceite, cáñamo, lino, cebollas y huerta, además del aprovechamiento de montes, leñas y caza. El ganado, sin embargo, era escaso. También existían dos ermitas y un hospital levantado por el concejo.
La prosperidad, no obstante, fue limitada. Las deudas derivadas de la compra del villazgo obligaron a vender la villa como señorío a finales del siglo. Aunque los vecinos recuperaron temporalmente su independencia ejerciendo su derecho de tanteo, el siglo terminó con un contexto de declive demográfico y dificultades económicas, agravadas por la peste de 1599.
Durante el Siglo XVII continuaron las dificultades. En 1683, asfixiada por las deudas y la crisis, la villa volvió a vender su jurisdicción, señorío y vasallaje, pasando a manos de Fernando Antonio de Loyola. Desde entonces el señorío quedó vinculado al marquesado de La Olmeda. La villa perdió así buena parte de la autonomía que había logrado en el siglo anterior.
El Siglo XVIII, fue decisivo para la historia de Olmeda. A comienzos de la centuria Juan de Goyeneche, figura clave del reformismo borbónico, adquirió amplias propiedades en el entorno y puso en marcha un ambicioso proyecto económico e industrial. En 1710 abrió en Olmeda una fábrica de paños destinada al abastecimiento del ejército, que llegó a alcanzar una gran importancia. Poco después impulsó la creación de Nuevo Baztán, planificado por José Benito de Churriguera, como núcleo industrial y residencial modélico, aunque durante un tiempo dependió civilmente de Olmeda.
El desarrollo económico de la zona fue muy notable. Se instalaron fábricas de sombreros, aguardiente, tejidos de seda, medias, cardas, curtidos y vidrio, y se levantaron batanes y otras infraestructuras. La industria de paños de Olmeda llegó a emplear a centenares de personas y convirtió a la comarca en uno de los experimentos fabriles más singulares de la España borbónica. Sin embargo, este crecimiento descansaba en privilegios fiscales, contratas públicas y un sistema económico muy frágil. Tras la muerte de Goyeneche en 1735, el modelo entró en decadencia. A mediados del siglo, aunque seguían funcionando algunos telares y otras instalaciones, el peso de la agricultura volvió a imponerse.
El Catastro de Ensenada de 1752 muestra una villa todavía marcada por la agricultura, con regadíos, secanos, montes, viñas, olivares y ganadería, aunque todavía subsistían restos de la antigua actividad industrial. En la segunda mitad del siglo las fábricas fueron languideciendo hasta desaparecer prácticamente en 1778. Aun así, Olmeda mantenía una población estable y una economía agraria apoyada en cereal, legumbres, hortalizas, viñas, olivares, montes y pequeños rebaños.
El Siglo XIX, se abrió con una importante novedad administrativa: en 1801 Olmeda y Nuevo Baztán quedaron adscritos a la provincia de Madrid, dentro del partido de Alcalá de Henares, dejando atrás su antigua vinculación a la intendencia toledana, aunque siguieron perteneciendo al arzobispado de Toledo.
En 1804 el pueblo sufrió un grave desprendimiento de tierras provocado por las lluvias. El derrumbe partió el casco histórico en dos, arrasó huertas, sepultó edificaciones y alteró profundamente la fisonomía urbana. Todavía hoy puede apreciarse la huella de aquel deslizamiento en el trazado del pueblo.
Durante la Guerra de la Independencia, en 1812, al igual que en muchos otros municipios, se juró en Olmeda la Constitución de Cádiz. Precisamente las Cortes de Cádiz abolieron en ese mismo año los señoríos jurisdiccionales, poniendo fin al régimen señorial que había marcado buena parte de la historia moderna del municipio. Poco después, Nuevo Baztán terminó por segregarse como núcleo independiente.
A lo largo del siglo se produjeron además los procesos desamortizadores. La desamortización de Mendizábal y, más tarde, la de Madoz, afectaron a propiedades eclesiásticas, municipales y benéficas situadas en el término de Olmeda. Se vendieron numerosas tierras, huertas, montes y fincas, alterando la estructura tradicional de la propiedad.
En 1833, con la reforma territorial de Javier de Burgos, Olmeda quedó definitivamente integrada en la provincia de Madrid, dentro del partido judicial de Alcalá de Henares. A mediados del siglo, según Madoz, era una villa de algo menos de 400 habitantes, con ayuntamiento, cárcel, escuela, posada, dos plazas, unas veinte calles y una economía basada en la agricultura, la ganadería y una modesta producción de paños. En las décadas finales del siglo mejoraron las comunicaciones y se proyectó la carretera que acabaría enlazando Nuevo Baztán, Olmeda y Ambite, antecedente de la actual M-219.
Olmeda inició el Siglo XX con una población modesta y una economía aún apoyada en la agricultura, aunque con una tendencia demográfica descendente. En 1934 se construyó un nuevo cementerio, sustituyendo al antiguo camposanto anejo a la iglesia.
Tras la Guerra Civil, el templo parroquial perdió imágenes y retablos, pero en las décadas posteriores se acometieron mejoras en el pueblo: centro de higiene con vivienda para el médico, nuevas escuelas, fuentes y abrevaderos, central telefónica, servicio de línea regular y otras infraestructuras. En 1954 el municipio cambió su antiguo nombre de Olmeda de la Cebolla por el actual de Olmeda de las Fuentes, una denominación mucho más acorde con su identidad local.
A pesar de estas mejoras, la emigración hacia Madrid provocó una fuerte pérdida de población desde mediados de siglo. Sin embargo, en esos mismos años comenzó a surgir otro fenómeno que marcaría su evolución reciente: la llegada de pintores y artistas atraídos por el paisaje, la tranquilidad y el carácter del pueblo. Desde los años cincuenta y sesenta Olmeda fue reuniendo a numerosos creadores, convirtiéndose en un pequeño foco artístico dentro de la Comunidad de Madrid. Esa dimensión cultural fue reforzándose con el tiempo y acabó dando una personalidad singular al municipio.
En las primeras décadas del Siglo XXI, Olmeda ha ido recuperando población lentamente, impulsada por su atractivo paisajístico, cultural y residencial. Se han construido nuevas viviendas, se han mejorado servicios e infraestructuras y se ha potenciado el turismo rural. Entre las actuaciones más destacadas figuran la rehabilitación de edificios, la mejora del abastecimiento de agua, la remodelación de la plaza y del viario, la reconstrucción de la casa consistorial y la apertura de equipamientos como la Casa de Cultura o el Centro de Interpretación de la Alcarria Madrileña.
Hoy Olmeda de las Fuentes mantiene su carácter rural, su paisaje de laderas y vegas, y una identidad muy marcada por la convivencia entre patrimonio, naturaleza y tradición artística. Todo ello hace del pueblo uno de los núcleos más singulares del sureste madrileño y uno de los lugares con más personalidad dentro del conjunto de municipios que amiaire.net viene documentando pueblo a pueblo.

Antes de comenzar esta visita, conviene señalar que Olmeda de las Fuentes, debido a su complicada orografía, no resulta fácilmente accesible para personas con movilidad reducida, ya sea por el uso de silla de ruedas o por dificultades al caminar. No obstante, algunos de los lugares reseñados pueden visitarse en coche, siempre con la limitación del aparcamiento, que aunque no es escaso, sí cuenta con poca capacidad.
A lo largo del recorrido, especialmente en la Calle Mayor, pude observar pequeños espacios habilitados para el aparcamiento de uno, dos o tres vehículos, algo poco habitual en este tipo de trazados urbanos, en uno de los cuales pude estacionar el vehículo.
Empezamos la visita a Olmeda de las Fuentes en la Plaza de la Villa, actualmente en proceso de remodelación, donde se encuentra el edificio del Ayuntamiento levantado en 1993 sobre el solar que ocupaba la anterior Casa Consistorial. En la fachada principal, se encuentra el escudo del marqués de Belzunce, labrado en arenisca dorada, que podría datarse en el siglo XVIII, toda vez que en las Respuestas a Lorenzana ya aparecía como decorando la fachada del antiguo ayuntamiento.
Salimos de la Plaza de la Villa y giramos a la izquierda por la Calle Real hasta su intersección con la Calle de las Cruces. Allí giramos a la derecha para continuar hasta la Calle de la Fragua, donde de nuevo tomamos la derecha para llegar al Mirador del Olmo, desde donde se obtienen buenas vistas de la parte baja del pueblo y donde existe un pequeño espacio para aparcar, si bien su disponibilidad puede ser reducida, sobre todo en fines de semana.
A escasos metros del Mirador del Olmo, se encuentra la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol, de la que se construyeron la torre y el ábside en el siglo XIV y la nave en el XVIII. Presenta planta rectangular, con muros de mampostería mixta y sillería como refuerzo en las esquinas y en el recercado de los huecos, así como cubierta a dos aguas de teja cerámica. Destaca el ábside semicircular de la cabecera, con muros de mampostería combinados con cadenas de ladrillo y cierto aire mudéjar, apreciable en la cornisa de ladrillo.
Adosada a los pies, en el lado del evangelio, se encuentra la torre campanario, de planta cuadrada y tres cuerpos, separados por impostas de sillería de gran tamaño. Los dos primeros están levantados en mampostería vista con sillería de refuerzo en las esquinas, mientras que el tercero, donde se alojan las campanas, aparece enfoscado y encalado, con dos huecos de medio punto por cada lado, y rematado por una cornisa sobre la que apoya la cubierta a cuatro aguas. La torre campanario fue restaurada en 1976, como se indica en una inscripción situada bajo un pequeño hueco abierto en el primer cuerpo, con unas iniciales algo más abajo.
El acceso se efectúa mediante una portada de medio punto adovelada. Por encima de esta existe otro hueco rectangular, con jambas y dintel monolíticos, que ilumina la zona del coro. Más arriba, y de manera un tanto descentrada, se encuentra un óculo ovalado que ilumina el primer tramo de la nave. En el lado de la epístola, adosadas a la nave, se encuentran la sacristía, de planta alargada, y la capilla del Santísimo.
El interior, al que no pude acceder, presenta según la descripción recogida en el archivo del COAM una sola nave cubierta por bóveda de medio cañón con lunetos, apoyada sobre una cornisa volada corrida y dividida en dos tramos mediante arcos fajones apareados, sustentados sobre ménsulas barrocas de placas. La nave queda separada de la capilla mayor por un arco toral.
Dejando atrás el ábside de la iglesia de San Pedro Apóstol, continuamos caminando unos 200 metros hasta llegar a la Plaza de Pedro Páez, donde se encuentra la Fuente del Chorrillo, una de las cuatro fuentes del recorrido en Olmeda.
La fuente presenta un sencillo frente de mampostería irregular, rematado en su parte superior por un perfil semicircular, en cuyo centro se dispone un azulejo decorativo con el nombre de la misma. El agua mana a través de caños situados en el murete lateral izquierdo, vertiendo hacia un pilón de recogida construido en bloques de piedra granítica, conformando un conjunto de carácter funcional, sin apenas elementos ornamentales, integrado con naturalidad en el entorno urbano.
En 1576 esta fuente aparece mencionada como Fuente del Pilar, encontrándose entonces fuera del casco urbano, hasta que en 1919 fue trasladada a su emplazamiento actual con el fin de aprovechar mejor sus aguas.
Continuamos nuestro paseo dejando atrás la fuente anterior y nos encaminamos por la Calle Real hasta su confluencia con la Calle del pintor Álvaro Delgado, por la que bajaremos hasta encontrar a nuestra izquierda la Calle Fuente del Cura, dentro de una urbanización que lleva el mismo nombre. Tras recorrer escasos 20 metros, nos encontramos con la Fuente del Cura.
Se trata de una fuente de nueva construcción, levantada en el lugar donde antiguamente manaba agua de forma natural. Su configuración es muy sencilla, resuelta mediante un pequeño frente en el que se dispone el caño y una reducida pila de recogida, sin apenas elementos destacables desde el punto de vista arquitectónico, cumpliendo una función más práctica que ornamental.
Salimos de la urbanización citada hasta llegar de nuevo a la Calle del pintor Álvaro Delgado, donde continuaremos por la izquierda, bajando una fuerte pendiente hasta alcanzar la Calle Mayor, donde giraremos a la derecha para encontrarnos, apenas 20 metros más adelante, con una pequeña pendiente a la izquierda que nos conducirá directamente a la Fuente del Suso y el abrevadero.
Nos encontramos ante el conjunto hidráulico más interesante de Olmeda. La fuente se compone de un sólido pilar de piedra, construido en sillería bien escuadrada y rematado por una cubierta pétrea a modo de tejadillo, del que emergen tres caños, vertiendo el agua hacia un pequeño pilón frontal y, principalmente, hacia un amplio abrevadero longitudinal, ejecutado en piedra granítica con bloques bien trabajados, de líneas sencillas y robustas. Este último, de mayor desarrollo, evidencia su vinculación tradicional con el uso ganadero, conformando un conjunto funcional en el que prima la utilidad sobre cualquier elemento ornamental.
Esta fuente aparece citada en las Relaciones topográficas de Felipe II (1576) situada en las afueras del pueblo. Sin embargo, ya en 1782 se documenta su ubicación en el interior del casco urbano, dando nombre al conocido como barrio de arriba. A lo largo del tiempo ha sido objeto de numerosas remodelaciones, destacando la de 1804, cuando quedó sepultada por un corrimiento de tierras.
Dejamos atrás la fuente mencionada para continuar caminando unos 120 metros, siguiendo el curso del agua que discurre por una acequia, hasta encontrarnos con el Centro de Interpretación de la Alcarria Madrileña.
Se trata de una estructura de planta rectangular, con armazón de madera y cubierta a dos aguas, en la que se exponen diversos aparejos de agricultura, así como paneles dedicados a la fauna y a la flora de esta comarca madrileña, vinculada a la Alcarria de la provincia de Guadalajara.
Retrocedemos hasta la Calle Mayor, donde giraremos a la izquierda para subir por una suave pendiente hasta la Calle de la Aldea, por la que descenderemos hasta encontrar a nuestra izquierda, frente al número 10, un pequeño espacio donde se encuentra la Fuente de la Aldea.
Su localización me llevó un buen rato de búsqueda. Finalmente, localicé esta discreta salida de agua que, a simple vista, difícilmente podría identificarse como una fuente. Su aspecto, extremadamente sencillo, podría hacerla pasar por el desagüe de una conducción doméstica. Sin embargo, según las referencias históricas, en el año 1576 fue la fuente principal del pueblo, algo que cuesta entender a la vista de su estado actual y que invita a pensar en una intervención poco acertada o en la pérdida total de su configuración original.
Con esta última visita, di por concluida mi estancia en Olmeda de las Fuentes. No sin antes hacer una pequeña mención a su hijo predilecto, Pedro Páez Xara Millo, misionero jesuita que descubrió el nacimiento del Nilo Azul el 21 de abril de 1618 en las montañas de Etiopía. Así lo describe en sus escritos: "Está la fuente casi al poniente de este reino en la cabeza de un vallecito, y no parecían más que dos ojos redondos de cuatro palmos de largo"
"Y confieso que me alegré de ver lo que tanto desearon ver antiguamente el Rey Ciro y su hijo Cambises, el gran Alejandro y el famoso Julio César", texto recogido en la placa conmemorativa situada en un muro a la entrada de la iglesia parroquial.
Quedan fuera de este recorrido otros puntos de interés como las ruinas de la ermita de Valmores o la encina milenaria, cuya visita requiere de desplazamientos a pie por caminos y senderos que se alejan del casco urbano.

Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento,COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
