Villalbilla
La mayoría de los estudiosos coinciden en que el nombre procede de la contracción de Villa y Albilla, término este último que podría aludir a la albura o a la blancura de los montes de yeso que rodean la localidad.
Gentilicio : Vubilleros/as
Los Hueros
El origen del nombre de Los Hueros no está del todo claro, existiendo distintas interpretaciones en la documentación histórica. En textos antiguos aparecen formas como Güeros, Uberos o Yugueros, lo que refleja la evolución y las dificultades de transcripción propias de la lengua medieval.
Algunos autores relacionan el topónimo con el término yugada, una antigua medida agraria que hacía referencia a la extensión de tierra que podía trabajar una yunta de bueyes, lo que apuntaría a un origen vinculado a la explotación del territorio.
Otras interpretaciones, de carácter más popular, lo asocian a la palabra huevos hueros, es decir, aquellos que no llegan a convertirse en pollitos, aunque esta explicación resulta menos consistente desde el punto de vista lingüístico.
En cualquier caso, la forma actual Los Hueros sería el resultado de la evolución de estas denominaciones a lo largo del tiempo.
Gentilicio : huereros/as · huerense/as

El territorio de Villalbilla y Los Hueros ha estado habitado desde tiempos muy antiguos, como demuestra su proximidad al cerro de San Juan del Viso, donde se han documentado restos de ocupación desde la prehistoria, pasando por la cultura carpetana y la presencia romana vinculada a Complutum. Sin embargo, no puede hablarse aún de núcleos de población definidos, sino de un espacio rural aprovechado de forma dispersa. Las etapas visigoda y altomedieval son poco conocidas, envueltas en tradiciones sin base documental clara.
En el Siglo XI, el territorio pasa a dominio cristiano tras la conquista de Toledo en 1085. No obstante, la zona no se estabiliza completamente hasta décadas después, debido a las incursiones almorávides. Será a partir de entonces cuando se inicie la repoblación efectiva del entorno.
Durante el Siglo XII, se consolida el poblamiento. Villalbilla surge como aldea dependiente del alfoz de Alcalá de Henares, bajo la jurisdicción del arzobispado de Toledo. En 1150 aparece ya documentado el lugar de Los Hueros, señal de que ambos núcleos estaban integrados en una organización territorial en desarrollo.
En el Siglo XIII, se organiza definitivamente la Tierra de Alcalá, quedando dividida en varios cuartos, uno de ellos el de Villalbilla. La aldea adquiere cierta relevancia dentro del conjunto y consolida sus aprovechamientos comunales. En 1274 obtiene autorización para deslindar su dehesa, fundamental para la economía local.
Durante el Siglo XIV, continúa la consolidación del sistema concejil. Los Hueros obtiene en 1372 derechos sobre su dehesa y montes, reflejo de su desarrollo como comunidad agrícola. El paisaje y la economía quedan ya definidos por el cultivo de cereal, el uso de pastos y una organización rural basada en el concejo.
En el Siglo XV, la vida local se mantiene estable, con una economía modesta y vínculos con Alcalá de Henares. Aparecen algunas fundaciones piadosas destinadas a ayudar a los vecinos más necesitados, lo que refleja la continuidad de una sociedad rural sin grandes cambios.
En el Siglo XVI, Villalbilla experimenta su mayor desarrollo. A mediados de la centuria obtiene el privilegio de villazgo, separándose de Alcalá y adquiriendo jurisdicción propia, aunque a costa de un fuerte endeudamiento. La población crece y se intensifica el cultivo de cereal, viña y olivar.
En estos años, se produce también la venta de la villa a un señor particular, situación que los vecinos logran revertir mediante el derecho de tanteo, recuperando su condición de realengo. Los Hueros seguirá un proceso similar pocos años después.
Hacia finales del siglo comienzan a apreciarse signos de decadencia demográfica y económica, tras haber alcanzado su máximo desarrollo.
Durante el Siglo XVII, la villa atraviesa una etapa de dificultades. La economía sigue siendo agrícola, con continuos esfuerzos por proteger cultivos y recursos. Se construyen y mantienen ermitas como las de San Roque o Santa Quiteria, reflejo de la vida religiosa local.
Las necesidades económicas de la monarquía provocan nuevas cargas fiscales y, finalmente, la venta de la jurisdicción en 1649, pasando Villalbilla a señorío. A pesar de ello, la vida cotidiana continúa con una organización basada en el concejo y el trabajo del campo.
En el Siglo XVIII la Guerra de Sucesión trae reclutamientos, paso de tropas y daños en la zona, a lo que se suman plagas de langosta que agravan la situación. La población desciende notablemente a comienzos del Siglo.
Con el paso de las décadas se inicia una recuperación. Villalbilla sigue siendo una comunidad agrícola, con cultivos de cereal y olivar, pequeña ganadería y oficios básicos. Los vecinos intentan reducir la presión señorial y mejorar su situación, aunque con grandes esfuerzos económicos.
En el Siglo XIX, se producen importantes transformaciones administrativas y sociales. A comienzos de la centuria, el antiguo partido de Alcalá de Henares pasa a depender de Madrid, en un proceso que culminará en 1833 con la reforma territorial impulsada por Javier de Burgos, integrando definitivamente a Villalbilla en la actual provincia y organización administrativa.
La Guerra de la Independencia, iniciada en 1808, tuvo también repercusiones en la zona. Aunque no se documentan grandes destrucciones, sí se produjeron saqueos, como en la parroquia de Los Hueros, además de exacciones y el paso de tropas y partidas guerrilleras por el término.
Durante estos años se consolida el final del Antiguo Régimen con la abolición de los señoríos decretada por las Cortes de Cádiz en 1812, lo que supone un cambio en la estructura jurídica del territorio. Sin embargo, el proceso que más afectó a la economía local fue la desamortización, iniciada con Mendizábal en 1835 y continuada con Madoz en 1855. Estas medidas provocaron la venta de propiedades eclesiásticas y comunales, alterando profundamente la estructura de la propiedad y perjudicando especialmente a los vecinos más modestos, que dependían de los aprovechamientos tradicionales.
A mediados del Siglo, Villalbilla seguía siendo una población de carácter agrícola, con casas de construcción sencilla, molino de aceite, ayuntamiento, escuela e iglesia parroquial. La economía se basaba en el cultivo de cereales, el olivar y una modesta ganadería. Los Hueros, por su parte, presentaba un aspecto mucho más reducido y precario, con escasa población y dependencia de los núcleos cercanos.
Durante la segunda mitad del Siglo se intentaron mejorar las comunicaciones mediante la apertura y proyecto de nuevos caminos, especialmente hacia Corpa, Santorcaz y el entorno de Alcalá, aunque su ejecución fue lenta. Al mismo tiempo, la población de Villalbilla experimentó un crecimiento moderado, mientras que Los Hueros permanecía estancado.
El hecho más relevante de este periodo fue la anexión definitiva de Los Hueros a Villalbilla en 1882, tras varios intentos anteriores. Esta unión configuró el municipio tal como ha llegado hasta la actualidad. Ese mismo año se amplió y renovó la casa consistorial, símbolo de una nueva etapa administrativa.
A finales del Siglo, Villalbilla seguía siendo una localidad rural de modesto desarrollo, con una economía basada en la agricultura y unos servicios limitados, pero ya con una estructura municipal consolidada.
En el Siglo XX, se mantiene inicialmente el carácter rural del municipio. La Guerra Civil provoca pérdidas documentales y daños en el patrimonio, aunque la población se recupera en la posguerra.
A partir de la segunda mitad del Siglo se produce una transformación profunda con la aparición de industrias y, sobre todo, con el desarrollo de urbanizaciones residenciales. Villalbilla comienza a integrarse en el entorno metropolitano de Madrid.
En el Siglo XXI, el crecimiento urbano se consolida. El municipio experimenta un fuerte aumento de población y se desarrollan nuevas infraestructuras, servicios y equipamientos.
Villalbilla pasa de ser una pequeña localidad agrícola a un municipio residencial en expansión, manteniendo aún en su paisaje y en su memoria las huellas de su pasado rural.

Como quiera que aparcar el coche en las calles circundantes a la Plaza Mayor es bastante complicado, después de dar algunas vueltas se optó por hacerlo en la Plaza de la Plazuela a unos trescientos metros. En esta última plaza se encuentra una fuente moderna de traza sencilla, integrada en el espacio urbano junto a una zona arbolada, que sirve hoy como punto de descanso y encuentro para los vecinos, aunque en esta ocasión sin agua.
Desde este lugar empezamos a caminar por la Calle de La Plaza hasta encontrarnos con la Calle Costanerilla por la que giramos a la izquierda. Continuando caminando por esta última llegaremos hasta la Calle Alcalá para girar por esta a la derecha hasta la Plaza Mayor.
En la misma aparte del nuevo Ayuntamiento, se encuentra el antiguo ayuntamiento, edificio que fue restaurado o levantado en 1882 sobre una construcción anterior, coincidiendo con la anexión de Los Hueros al municipio.
De líneas sencillas y carácter funcional, este inmueble fue durante años el centro de la vida administrativa local, antes de la construcción del actual consistorio.
En la misma plaza, se encuentra una fuente titulada "Homenaje a los niños", en la que se representan una niña y un niño, este último sosteniendo un pequeño barco de papel, en una escena que evoca el juego y la infancia.
Salimos de la Plaza Mayor por la Calle Cazadores de Melilla para girar a la izquierda por la Calle Julio Romero, hasta encontrarnos frente a la Iglesia Parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, hasta mediados del siglo XX bajo la advocación de Santa María la Mayor.
Se trata de una construcción de planta rectangular, levantada en mampostería concertada, con sillería en el basamento, esquinas y en los elementos que requieren mayor solidez, como ventanas, portadas y cornisas.
En la fachada principal se encuentra una escalera doble coronada por una pequeña meseta, a la que se abre la portada principal, con arco moldurado de medio punto entre dos pilastras de estilo jónico, las cuales sujetan un frontón triangular con una hornacina avenerada en su tímpano; sobre la misma se abre un pequeño óculo abocinado con tracería gótica.
La fachada meridional presenta un pórtico corrido dividido en cinco tramos, con arcos de medio punto apoyados sobre pilastras rectangulares de sillería, que a su vez sostienen una cubierta a un agua. Frente al primer arco se encuentra la entrada habitualmente empleada para el acceso al templo. Se trata de una portada plateresca con arco carpanel, flanqueado por dos columnas corintias sobre pedestales que sujetan un frontón triangular, en cuyo tímpano se encuentra la figura de Dios Padre.
La torre, presenta un único cuerpo que se encuentra rematado por el campanario de ladrillo, en la actualidad enfoscado, con dos arcos apuntados por cada cara, coronado por un tejado a cuatro aguas y cruz con veleta.
Del interior al que no pude acceder, según he podido leer, consta de tres naves separadas por columnas jónicas y coro alto a los pies. La capilla mayor se organiza en dos tramos cuadrados cubiertos por bóvedas tardogóticas de yeso, con retablo dieciochesco de madera. La pila benditera es de estilo renacentista del siglo XVI. Durante la Guerra Civil, se destruyeron la mayoría de imágenes y retablos, mientras que el edificio en sí casi no sufrió desperfectos.
Dejamos atrás la iglesia parroquial y nos dirigimos caminando por la Calle Antonio Canella Peirole, hacia la parte alta de Villalbilla, hasta el número 35 de la mencionada calle, donde se encuentran la Fuente de Arriba y el antiguo lavadero, este último cubierto desde 1931.
La fuente levantada seguramente en el siglo XVII, está conformada por un arca con una cornisa volada, sobre la que descansa la cubierta piramidal que se corona con una bola herreriana. De la pared frontal del arca, emergen tres caños, dos paralelos y uno superior cegado. El agua proveniente de ambos caños se deposita en un pilón rectangular dividido en dos partes por un murete de ladrillo. La primera parte servía para el aprovisionamiento de agua de los vecinos, mientras que la segunda hacía las veces de abrevadero. Junto a la pared de la que emergen los caños arranca un canalillo por donde discurre el agua desde la fuente hasta el lavadero.
El lavadero, cubierto como se ha indicado anteriormente en 1931, consta de un gran pilón de planta cuadrada cuyos bordes se encuentran inclinados para favorecer la colocación de las tablas de lavar. El cubrimiento se efectuó mediante unos muros que se apoyan en un basamento de mampostería, sobre el que se alzan diez pilares de ladrillo visto que soportan la techumbre. Los muros laterales son ciegos y encalados, mientras que el delantero y trasero se encuentran enrejados con sendas aperturas para facilitar el acceso al interior.
Desde la Fuente de Arriba, retrocedemos para desviarnos a la derecha por la Calle Cazadores de Melilla hasta llegar al parque de la Hontanilla, donde se encuentra la fuente del mismo nombre, de la que no he podido averiguar el año de su construcción.
La fuente está compuesta por un muro de mampostería cortando el desnivel, del cual brota un único caño cuyas aguas son vertidas a un pilón rectangular de muros igualmente de mampostería, rematados por una plancha de piedra blanca pulida. Según algunas fuentes, a sus pies existía un abrevadero, hoy completamente cubierto.
Terminada la visita a Villalbilla, nos dirigimos al barrio perteneciente a esta última población, conocido como Los Hueros. Para ello tomaremos la M-204 en dirección a Alcalá de Henares hasta desviarnos por la M-220 en dirección Torres de la Alameda, que nos llevará directamente a este núcleo.
Una vez allí, nos dirigimos a la Calle de la Iglesia, donde se encuentra la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, construida entre los siglos XVI y XVIII. Presenta planta rectangular de una sola nave, levantada con muros de aparejo toledano, que combina cajones de mampostería vista colocada entre bandas de ladrillo. La cubierta es a dos aguas, excepto la de la capilla mayor, adosada a la nave, que es de cuatro aguas.
En la fachada meridional se encuentra un pórtico con cinco vanos, construido en 1530, que protege la entrada al templo, separados por cuatro columnas de estilo jónico renacentista y cerrado mediante una verja.
A los pies se alza la espadaña, formada por dos cuerpos. El primero está levantado en aparejo toledano con refuerzo de sillares en las esquinas, mientras que el segundo, de sillería, presenta dos vanos de medio punto donde se alojan las campanas. Este cuerpo se remata con un frontón partido, en cuyos vértices se sitúan pedestales con bolas, elevándose en el centro un vano adicional de medio punto, coronado por un frontón curvo sobre el que descansa una cruz de forja con veleta.
Retrocedemos hasta la Calle Mayor o M-220 para girar a la izquierda, hasta encontrarnos en la esquina con la Calle Juan Eusebio López Soldado con el edificio de las antiguas escuelas, levantadas según proyecto del arquitecto Daniel Zabala en 1946, dentro de los programas de reconstrucción impulsados por la Dirección General de Regiones Devastadas.
Se trata de un edificio sencillo de una sola planta, de carácter funcional, donde se combinan muros enfoscados con elementos de ladrillo visto, que en la actualidad acoge a la Casa de las Mujeres.
De camino a la Plaza de la Isabela por la Calle Mayor o M-220, nos encontramos en la Plaza de la Iglesia con una peculiar fuente, conocida como la fuente de los caballos, de carácter escultórico, en la que se representan dos caballos enfrentados.
Ya situados en la Plaza de la Isabela, nos encontramos con el elemento quizás más original de esta visita. Se trata de un antiguo leguario, trasladado a este lugar desde su ubicación original.
Este tipo de hitos servían para señalar distancias en los antiguos caminos, empleando como medida la legua. En una de sus caras puede leerse la inscripción “A Madrid 6 1/2 leguas”, indicando la distancia existente hasta la capital.
De sencilla labra y rematado en forma piramidal, este leguario constituye un interesante testimonio de la antigua red de comunicaciones y de la forma en que se medían los trayectos antes de la implantación del sistema métrico decimal.
En la misma plaza se pueden ver dos fuentes, una de carácter ornamental y otra de fundición, que completan el conjunto urbano del entorno.
Con estas visitas terminamos nuestro recorrido por Villalbilla y Los Hueros, con la sensación de que quizás se nos haya pasado algún que otro rincón.

Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento,COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
