```html
Cubas de la Sagra es uno de los municipios del sur madrileño que mejor reflejan la transición entre el mundo rural tradicional y el crecimiento urbano de las últimas décadas. Situado en la comarca de La Sagra, su historia ha estado ligada durante mucho tiempo a la agricultura, al aprovechamiento del agua, a los caminos históricos y a la vida cotidiana de una pequeña población castellana.
El origen del topónimo Cubas se ha relacionado con la palabra latina cupra, asociada a recipientes utilizados para sacar o contener agua u otros líquidos. Esta explicación podría vincularse con la abundancia de pozos existentes en el término. También se ha planteado que el nombre proceda de la antigua presencia de viñas y de la fabricación de cubas para almacenar el vino. El apellido de la Sagra hace referencia a la comarca histórica donde se sitúa el municipio.
Gentilicio: Cuberos/as

El término de Cubas de la Sagra conserva indicios de ocupación humana desde épocas muy antiguas, aunque los restos conocidos no siempre permiten hablar de asentamientos estables. Las prospecciones arqueológicas realizadas en el municipio permitieron localizar varios yacimientos con materiales atribuidos al Paleolítico Inferior y Medio y a la Edad del Bronce. Sin embargo, algunos de estos restos parecen haber sido desplazados de su lugar original, posiblemente por reutilizaciones posteriores o por la escasez de materias primas en la zona.
También se han documentado hallazgos de época romana, principalmente fragmentos cerámicos tardorromanos y la posible existencia de una villa en las cercanías del núcleo actual. Estos restos, muy alterados por la proximidad del casco urbano, indican que el territorio pudo formar parte de una red de explotaciones rurales vinculadas a los caminos y a los aprovechamientos agrícolas del sur madrileño. De época visigoda se tiene noticia del hallazgo, a comienzos del siglo XX, de una placa de bronce perteneciente a un cinturón, aunque no se ha podido localizar con seguridad el yacimiento del que procedía.
La tradición ha señalado durante mucho tiempo que Cubas pudo ser un enclave de origen islámico fundado en el siglo X. Esta hipótesis se relaciona con la existencia de un posible núcleo de población musulmana en torno al actual casco urbano y con una vía de comunicación de dirección este-oeste. Sin embargo, las prospecciones arqueológicas no han confirmado hasta ahora la presencia de restos materiales suficientes para asegurar esta fundación islámica. Aun así, la tradición local ha conservado esa memoria de origen antiguo, vinculada al territorio de la Sagra y a los caminos entre Madrid, Toledo y las poblaciones del entorno.
En el Siglo XI tras la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085, el territorio donde se encuentra Cubas quedó integrado en la amplia zona de influencia castellana que se organizó al sur de la sierra de Guadarrama. La tradición recogida en las Relaciones de Felipe II afirmaba que Cubas fue incorporada a la Corona junto con otros poblados del antiguo reino de Toledo. A partir de este momento, el lugar quedó situado en una zona ya estabilizada dentro del proceso de repoblación y organización del territorio castellano.
Durante estos primeros tiempos, el poblamiento debió ser reducido y disperso, con pequeñas comunidades dedicadas a la agricultura, al aprovechamiento del agua y al uso de los caminos. La situación de Cubas, en una comarca llana y fértil, favoreció el desarrollo de cultivos de cereal y vid, así como la existencia de pozos, huertas y pequeñas explotaciones rurales.
En el Siglo XII, el territorio continuó formando parte del espacio de reorganización castellana situado entre Madrid, Toledo y Segovia. Estos concejos mantuvieron frecuentes disputas por la posesión de tierras, términos y derechos de aprovechamiento. Cubas se encontraba en una zona de contacto entre distintas jurisdicciones, lo que explica que su nombre aparezca más adelante en documentos relacionados con la delimitación de términos.
Aunque no se conservan abundantes noticias directas de Cubas para esta centuria, es probable que el núcleo comenzara a consolidarse como pequeña aldea vinculada al alfoz madrileño. Su economía estaría basada en la agricultura, la ganadería menor y el aprovechamiento comunal de los recursos disponibles.
En el Siglo XIII, la primera referencia documental clara a Cubas aparece en 1208, cuando Alfonso VIII firmó en Segovia un documento relacionado con la separación de las tierras del concejo de Segovia respecto a las de Madrid y Toledo. En este privilegio se menciona expresamente Cubas junto a otros lugares del entorno, lo que demuestra que a comienzos del siglo XIII el lugar ya formaba parte de la organización territorial castellana.
Durante esta etapa, Cubas quedó vinculada al ámbito madrileño y al sistema de aldeas dependientes del concejo de Madrid. Su posición en la Sagra madrileña, próxima a Griñón, Casarrubuelos, Serranillos y otras poblaciones cercanas, hizo que participara de los conflictos de límites, jurisdicciones y aprovechamientos que caracterizaron a esta zona durante la Edad Media.
A mediados del Siglo XIV, Cubas era una aldea de realengo integrada en el alfoz de Madrid y adscrita administrativamente al sexmo de Villaverde. En esta época, junto con Griñón, pasó a manos del caballero toledano Juan Ramírez de Guzmán, aunque no permaneció mucho tiempo bajo su dominio. En 1374, sus bienes fueron confiscados por la Real Hacienda a causa de unas deudas relacionadas con la recaudación de impuestos, y las villas de Cubas y Griñón fueron subastadas.
El concejo de Madrid intervino en la subasta y consiguió recuperar ambas aldeas, que volvieron a quedar bajo jurisdicción madrileña. Desde entonces, Cubas dejó de pagar determinados derechos al señor de la villa y pasó a satisfacerlos directamente al concejo de Madrid y a la Hacienda Real. A pesar de los intentos posteriores de los herederos de Juan Ramírez de Guzmán por recuperar el señorío, Enrique II prometió que Cubas y Griñón permanecerían en el alfoz madrileño.
En estos años también se aprecia el deseo de Cubas de reforzar su autonomía local. Aunque el documento del COAM sitúa la concesión del título de villa al comenzar el siglo XIV, la tradición la vincula al privilegio otorgado por Enrique III. Con la condición de villa, Cubas pudo contar con concejo propio y una mayor capacidad para gestionar sus asuntos municipales.
El Siglo XV fue una etapa decisiva para la historia de Cubas. En 1445, Juan II donó Cubas y Griñón a Luis de la Cerda, conde de Medinaceli, pese a las promesas anteriores de no separar estas villas de la Corona ni del ámbito madrileño. Poco después, en 1450, Luis de la Cerda vendió ambas villas a Alfonso Álvarez de Toledo, contador mayor del rey. El concejo de Madrid protestó, alegando que Cubas y Griñón le pertenecían, pero no pudo impedir el cambio de dominio.
A la muerte de Alfonso Álvarez de Toledo, el señorío pasó a su hijo Pedro Núñez de Toledo, cuyo gobierno provocó numerosos conflictos con los vecinos. Se le acusó de exigir préstamos de trigo y cebada que no devolvía, de apropiarse de bienes y de encarcelar a quienes protestaban. En 1478, los concejos de Griñón y Cubas elevaron sus quejas ante los Reyes Católicos, quienes ordenaron al señor que devolviera lo usurpado y liberara a los vecinos encarcelados.
También se produjeron enfrentamientos entre el señorío de Cubas y el concejo de Madrid por cuestiones de límites y jurisdicción. En 1499, los Reyes Católicos ordenaron retirar los signos señoriales, como horcas y picotas, para limitar el poder de los señores. En Cubas, la horca fue derribada por orden del corregidor madrileño, aunque más tarde la Chancillería de Valladolid falló a favor de Pedro Núñez de Toledo, permitiéndole recuperar los símbolos de su autoridad.
Durante este siglo tuvo lugar uno de los episodios religiosos más importantes de la historia local. La tradición cuenta que el 3 de marzo de 1445 la Virgen se apareció a la niña Inés Martínez en el paraje de Fuente Cecilia. Tras varias apariciones, los vecinos levantaron una iglesia bajo la advocación de Santa María de la Cruz. En torno a este lugar se formó después un beaterio de mujeres, origen del monasterio de Santa María de la Cruz, fundado en 1464. La fama del santuario y de los milagros atribuidos a la Virgen atrajo pronto a numerosos fieles de la comarca.
A finales de este siglo, ingresó en este convento Sor Juana de la Cruz, natural de Azaña, la actual Numancia de la Sagra. Su vida religiosa, su fama de santidad y su papel reformador hicieron que el monasterio alcanzara una enorme importancia espiritual, hasta el punto de ser conocido más adelante como monasterio de Santa Juana.
Al comenzar el Siglo XVI, Cubas seguía siendo una villa de señorío. En lo eclesiástico dependía del arzobispado de Toledo y del arciprestazgo de Madrid, mientras que en lo jurídico sus pleitos de mayor importancia se resolvían en la Real Chancillería de Valladolid. El señorío pasó por distintas manos dentro de la familia de los Toledo y Mendoza, generando pleitos familiares y conflictos con los vecinos.
Durante esta centuria fueron frecuentes los enfrentamientos entre el poder señorial y el concejo de Cubas. Los señores intentaban controlar el nombramiento de cargos municipales, aumentar los impuestos e impedir la reunión del concejo público. La villa recurrió en varias ocasiones a la Chancillería de Valladolid y consiguió algunas resoluciones favorables, entre ellas el reconocimiento del derecho a reunirse en concejo abierto y la posibilidad de comprar a la Hacienda Real el Encabezamiento en 1595, lo que permitió al municipio recaudar determinados impuestos en beneficio de sus propias arcas.
La población se mantuvo relativamente estable. En 1528 se registraban 135 vecinos, mientras que las Relaciones de Felipe II indicaban en 1569 unos 200 vecinos “poco más o menos”. A finales de siglo, en 1593, se contabilizaron 166 vecinos. La actividad principal era la agricultura, con tierras de cereal, viñas, frutales y huertas. Las viñas eran abundantes y se producían vinos tintos y blancos. La villa carecía de río, por lo que sus habitantes tenían que desplazarse a otros lugares para moler el grano.
El casco urbano seguía siendo pequeño y poco consolidado. Las casas eran de tapial, con dependencias auxiliares para usos agrícolas y ganaderos. Existían también la iglesia parroquial de San Andrés, algunas ermitas, un pósito pío para prestar trigo a los labradores y varias construcciones vinculadas al señorío y a la vida religiosa.
El monasterio de Santa María de la Cruz vivió en el siglo XVI su etapa de mayor esplendor. Sor Juana de la Cruz, nombrada abadesa en 1506, impulsó la reforma de la comunidad con apoyo del cardenal Cisneros. El monasterio acumuló tierras, rentas y donaciones, hasta convertirse en uno de los principales propietarios del término. Reyes, nobles y devotos contribuyeron a su riqueza y prestigio. Sor Juana murió en 1534, y su fama continuó creciendo después de su muerte, especialmente tras hallarse su cuerpo incorrupto y trasladarse sus restos dentro del monasterio.
En los primeros años del Siglo XVII, el señorío de Cubas pasó a Enrique Dávila y Guzmán, marqués de Povar, quedando después vinculado al marquesado de Malpica. En 1619, Felipe III otorgó un privilegio por el que Cubas y Griñón quedaban eximidas de la jurisdicción de los alcaldes de Casa y Corte de Madrid, pasando a depender de sus alcaldes ordinarios y del alcalde mayor nombrado por el señor.
La población sufrió un fuerte retroceso durante esta centuria. Las epidemias, la emigración hacia ciudades como Madrid, Toledo, Valladolid o Segovia y las levas militares para las guerras de la Monarquía Hispánica redujeron notablemente el número de vecinos. Si en 1593 había 166 vecinos, en 1643 solo se contabilizaban 86, y en 1694 la cifra había descendido a 73.
La economía continuó basada en la agricultura y en una ganadería modesta, especialmente lanar y porcina. La industria era prácticamente inexistente y el comercio se reducía a establecimientos básicos como taberna, carnicería, mercería y tienda de aceite y pescado. Cubas seguía obligada a abastecer a Madrid con trigo y cebada, carga que resultaba pesada para una economía local debilitada.
En el ámbito religioso, el monasterio de Santa María de la Cruz mantuvo su prestigio. La devoción a Sor Juana siguió extendiéndose, y sus restos fueron depositados en un arca de plata en 1614. En torno al 9 de marzo, fecha de la aparición de la Virgen, se reunía gran número de fieles y comerciantes en la pradera cercana al monasterio. Esta concentración llegó a funcionar como una feria espontánea, aunque fue prohibida por la Corona por celebrarse sin autorización y sin tributar al fisco.
En 1618 se fundó también un convento de franciscanos bajo el impulso del marqués de Povar. Los frailes se instalaron primero en unas casas situadas junto a la ermita de San Blas, mientras se construía el convento definitivo. Las obras fueron lentas y sufrieron interrupciones, pero finalmente el convento quedó bajo la advocación de Santa Catalina de Alejandría. Cubas contaba además con el hospital de San José, fundado en el siglo anterior y dotado con camas, médico y cirujano remunerados por el concejo.
Durante el Siglo XVIII, Cubas continuó perteneciendo al señorío del marqués de Malpica, que mantenía la facultad de nombrar los cargos municipales. Administrativamente estaba incluida en el Corregimiento de Madrid y, desde 1746, en su Intendencia. En lo eclesiástico seguía dependiendo del arzobispado de Toledo.
Las reformas administrativas de la segunda mitad del siglo introdujeron nuevas figuras de control municipal, como los Diputados del Común y el Síndico Personero, destinadas a vigilar los abastos, defender los intereses de los vecinos y limitar en parte los abusos tradicionales del régimen señorial.
La población siguió descendiendo. El Catastro del Marqués de la Ensenada, realizado hacia 1751, registraba 64 vecinos, mientras que las respuestas al cuestionario del cardenal Lorenzana, de 1786, reducen la cifra a unos 50. La economía continuaba centrada en la agricultura, con cultivos de trigo, cebada, centeno, legumbres, olivos, viñas, hortalizas y algunos árboles frutales. También se mencionan guindos, álamos negros y prados para el ganado de labor y lanar.
Aunque Cubas no contaba con río, el agua era abundante y de buena calidad. Las fuentes y manantiales permitían el riego de huertas y alamedas, lo que daba al lugar un aspecto más frondoso y agradable que el de otros pueblos del entorno. El comercio seguía siendo de subsistencia, con panaderos, taberna, carnicería, mesón y tienda de abacería.
El casco urbano conservaba una estructura sencilla. En 1751 se contabilizaban 66 casas, algunas deshabitadas, además de varios pajares. La calle Real funcionaba como eje principal y existían dos espacios destacados: la plaza de la Iglesia y la plaza de la Fuente de los Cuatro Caños. En esta época se mencionan varias ermitas, entre ellas las de San Blas, San Marcos, el Santo Cristo del Humilladero y San Sebastián y San Fabián, esta última vinculada más adelante al cementerio.
El Siglo XIX supuso una profunda transformación para Cubas. Durante la Guerra de la Independencia, en 1808, las tropas francesas pasaron por la villa, saquearon casas y profanaron la iglesia, ocasionando daños de diversa consideración. El monasterio de Santa María de la Cruz también sufrió robos, aunque el saqueo más grave se produjo después, cuando vecinos y gentes del entorno se llevaron objetos, vigas y mármoles de sus altares.
La abolición de los señoríos, impulsada por las Cortes de Cádiz en 1812, puso fin al régimen señorial y permitió que Cubas dejara atrás la tutela del marqués de Malpica para convertirse en municipio libre. En el nuevo marco administrativo del siglo XIX, y tras la reforma territorial de Javier de Burgos de 1833, Cubas quedó incorporada a la provincia de Madrid. En ese contexto aparece vinculada al partido de Madrid, manteniendo todavía su dependencia eclesiástica del arzobispado de Toledo hasta la creación del obispado de Madrid en 1885
La Desamortización de Mendizábal afectó de manera decisiva al monasterio de Santa María de la Cruz. Sus tierras y propiedades, acumuladas durante siglos, fueron vendidas en pública subasta y adquiridas en buena parte por vecinos acomodados de Madrid y Toledo. Aunque el edificio conventual no fue expropiado, la comunidad quedó prácticamente sin patrimonio, reducida al inmueble y su huerta, y tuvo que vivir en gran medida de la limosna. También fueron enajenados bienes de la parroquia y del convento de los Capuchinos.
La población se mantuvo en cifras modestas. Miñano recogía en 1827 unos 45 vecinos y 240 habitantes; Madoz indicaba en 1847 unos 60 vecinos y 238 habitantes; el censo de 1860 alcanzaba 253 habitantes, para descender después a 209 en 1887. La economía seguía centrada en la agricultura, especialmente cereales, viña, olivo, frutas y hortalizas, con una ganadería escasa y una industria reducida a la elaboración de pan, vino, aceite y algunos productos locales.
El casco urbano seguía siendo pequeño. Madoz indicaba a mediados de siglo que Cubas contaba con 36 casas distribuidas en cinco calles y una plaza. El Ayuntamiento, que también albergaba la cárcel, se incendió en 1846 y fue reconstruido en 1848. En la primera mitad del siglo se construyó el cementerio al sur del casco urbano, junto a la ermita de San Fabián y San Sebastián, que quedó incorporada al recinto como capilla.
La desamortización y la llegada de propietarios madrileños favorecieron la aparición de casas de recreo, hoteles o cigarrales utilizados como segundas residencias. Este fenómeno dio lugar a una pequeña colonia residencial que influyó en la estructura urbana de Cubas y en la presencia de algunas villas y casonas rodeadas de jardines.
Al comenzar el Siglo XX, Cubas seguía siendo una población pequeña, con una economía todavía muy vinculada al campo. En 1900 contaba con poco más de trescientos habitantes. Durante las primeras décadas del siglo se mantuvieron los cultivos de cereal, olivo, frutales, leguminosas y viñedo, mientras que la ganadería continuó teniendo un papel secundario.
Uno de los hechos económicos más destacados fue la instalación, hacia 1920, de la Fábrica de Tapices de San Antonio, fundada por Francisco Stuyck, hijo de Gabino Stuyck, director de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. En ella se fabricaban sobre todo alfombras y llegaron a trabajar más de cien personas de la localidad. La fábrica fue destruida durante la Guerra Civil y no volvió a recuperar su actividad anterior, aunque durante algunos años se mantuvo cierta producción en telares instalados en casas particulares.
La Guerra Civil tuvo consecuencias muy graves para Cubas. Al inicio de la contienda, el municipio quedó convertido en frente bélico y muchos vecinos se refugiaron en Madrid o en pueblos cercanos. En octubre de 1936 fue tomado por las tropas sublevadas, que instalaron en la localidad una escuela de carros de combate y antitanques. El monasterio de Santa María de la Cruz fue abandonado tras la salida de las monjas, saqueado y parcialmente destruido. Más tarde, al ser utilizado como objetivo de prácticas militares, quedó casi completamente arruinado. Tras la guerra fue reconstruido por la Dirección General de Regiones Devastadas.
Después de la contienda, Cubas inició una lenta recuperación demográfica. En 1940 contaba con 307 habitantes; en 1950 alcanzó los 344; en 1960 llegó a 408; en 1970 a 531; en 1981 a 765; y en 1995 superó los mil habitantes. Este crecimiento se vio favorecido por la transformación del municipio y por la llegada de nuevas funciones residenciales y asistenciales.
En 1954, las Misioneras Cruzadas de la Iglesia compraron a la familia Stuyck el edificio de la antigua fábrica de tapices, donde instalaron su noviciado. Posteriormente crearon la Escuela Hogar Santa María de los Apóstoles, destinada a niños de la provincia de Madrid que vivían lejos de los centros educativos. Con el paso del tiempo, estas instalaciones fueron adaptándose a nuevas funciones religiosas y de acogida.
En 1975 se establecieron en Cubas las Franciscanas de la Inmaculada, impulsadas por el sacerdote sordomudo Agustín Yáñez, con el propósito de crear una residencia para ancianos sordomudos en el edificio de Santa Rosalía. Esta institución tuvo un papel importante en la vida social del municipio durante las últimas décadas del siglo.
Urbanísticamente, Cubas mantuvo una estructura esponjada, organizada en torno a la calle Real, con calles transversales de trazado curvo y una notable presencia de villas, jardines y casonas. A finales del siglo XX se desarrollaron nuevas urbanizaciones, viviendas adosadas, equipamientos municipales, polígonos industriales y actuaciones de mejora urbana. Entre ellas destaca la remodelación de la plaza de la Constitución, concluida en 1995, que reorganizó el espacio central del municipio con pavimentos, arbolado, fuente, templete y elementos simbólicos vinculados a la identidad local.
En el Siglo XXI, Cubas de la Sagra ha continuado el proceso de transformación iniciado en las últimas décadas del siglo anterior. Su cercanía a Madrid, Parla, Griñón, Casarrubuelos y Torrejón de la Calzada ha favorecido el crecimiento residencial y la integración del municipio en las dinámicas metropolitanas del sur madrileño. La agricultura, que durante siglos fue la base de la economía local, ha quedado relegada a un papel secundario frente al peso de los servicios, la construcción, la industria y la función residencial.
A pesar de este crecimiento, Cubas conserva elementos significativos de su identidad histórica: la iglesia parroquial de San Andrés Apóstol, el monasterio de Santa María de la Cruz o de Santa Juana, el recuerdo de las antiguas ermitas, las casas de recreo y villas de los siglos XIX y XX, los palomares, la trama de la calle Real y la plaza de la Constitución. Todos estos elementos recuerdan la evolución de una pequeña villa castellana marcada por el agua, la agricultura, la devoción religiosa y los cambios sociales de la Edad Moderna y Contemporánea.
Hoy, Cubas de la Sagra combina su herencia rural y patrimonial con su condición de municipio residencial del sur de la Comunidad de Madrid. Su historia refleja el paso de aldea medieval a villa de señorío, de población agrícola a lugar de devoción comarcal, de pequeño núcleo rural a municipio integrado en el área metropolitana madrileña, sin perder por ello algunos de los rasgos que han definido su personalidad a lo largo de los siglos.

Comenzamos la visita a Cubas de la Sagra en la Plaza de la Constitución, donde se encuentra la Iglesia Parroquial de San Andrés Apóstol.
La Iglesia Parroquial de San Andrés Apóstol es uno de los edificios más interesantes de Cubas de la Sagra, especialmente por conservar restos de su primitiva fábrica medieval. Su elemento más destacado es el ábside gótico-mudéjar, cuya parte inferior puede datarse entre finales del siglo XII y el siglo XIII, dentro de la tradición mudéjar toledana difundida por distintos templos de la comarca.
El templo presenta planta basilical de una sola nave, con capilla mayor ochavada separada de la nave mediante un arco toral. Está construido con muros de ladrillo y cajones de mampostería, y se cubre exteriormente con teja curva. La torre, situada a los pies en el lado de la Epístola, está realizada en ladrillo y probablemente corresponde al siglo XVII. Consta de zócalo de mampostería y varios cuerpos separados por impostas, rematados por un chapitel de pizarra.
El ábside constituye la parte más antigua y singular del conjunto. Su zona baja conserva el resto del primitivo templo medieval, con basamento de mampostería y dos bandas superpuestas de arcos ciegos doblados. En la inferior aparecen arcos de medio punto, mientras que en la superior se emplean arcos lobulados con herraduras túmidas, siguiendo modelos mudéjares toledanos. La parte alta del ábside corresponde a una transformación posterior, realizada a finales del siglo XV o comienzos del XVI, cuando la cabecera fue recrecida y adaptada a las formas del gótico final.
En el interior destaca el presbiterio, cubierto con bóvedas de crucería. La zona semicircular presenta dos tramos de bóveda separados por un nervio central, mientras que el tramo recto se cubre con una bóveda de crucería con terceletes y cuadrifolio central. Esta solución refleja la reforma de la cabecera llevada a cabo entre finales del siglo XV y comienzos del XVI.
La nave fue también recrecida en el primer tercio del siglo XVI y se cubre con un notable artesonado de madera de tradición mudéjar, ochavado, con tirantes y decoración geométrica. Este artesonado, restaurado en 1970 por Fernando Chueca y José Miguel Merino de Cáceres, constituye junto con el ábside uno de los elementos más valiosos del edificio.
A los pies de la iglesia se sitúa el coro alto, sustentado por dos columnas pétreas con capiteles jónicos. En el lado del Evangelio se encuentran la capilla del Cristo, con un retablo barroco y una lápida sepulcral de los marqueses de Malpica, y la capilla bautismal, donde destaca una pila bautismal de estilo renacentista, atribuible al siglo XVI.
El retablo mayor, situado en la capilla principal, se encuadra dentro del clasicismo toledano y fue realizado entre finales del siglo XVI y mediados del XVII, interviniendo en él Pablo de Cisneros, Rafael de León y Francisco de Herrera. El edificio fue objeto de reparaciones importantes en el siglo XVII, de obras de conservación durante los siglos XVIII y XIX, y de restauraciones contemporáneas en 1970 y entre 1989 y 1993, estas últimas dirigidas por los arquitectos Manuel e Ignacio de las Casas Gómez.
Frente a la Iglesia, se encuentra el edificio del Antiguo ayuntamiento. En Cubas de la Sagra conviene diferenciar entre el antiguo edificio del Ayuntamiento, situado en la plaza, y la actual Casa Consistorial, ubicada en el espacio vinculado al antiguo convento de los Capuchinos. El primero responde a una arquitectura de inspiración toledana, muy presente en distintas construcciones históricas del municipio. Se trata de un edificio de dos plantas, con soportales en la fachada principal, frontón central con reloj y cubierta de teja curva a varias aguas. Su fábrica combina ladrillo, mampostería y paños enfoscados, manteniendo una imagen tradicional a pesar de las reformas sufridas con el paso del tiempo.
Por su parte, el Ayuntamiento actual ocupa el ámbito relacionado con el antiguo convento de los Capuchinos, fundado en el siglo XVII. La instalación de los frailes en Cubas estuvo vinculada a la donación de unas casas próximas a la ermita de San Blas, mientras se levantaba el convento definitivo, que quedó bajo la advocación de Santa Catalina de Alejandría. Tras la desaparición de la comunidad religiosa y los cambios derivados de la desamortización, el edificio y su entorno pasaron por distintos usos y transformaciones.
Con el tiempo, las dependencias municipales se trasladaron a este lugar, que fue adaptado para acoger la Casa Consistorial. Las reformas y rehabilitaciones posteriores han modificado su aspecto, de modo que hoy presenta más la imagen de una antigua finca o casona con jardín que la de un edificio conventual. Aun así, su ubicación conserva la memoria de aquel antiguo convento de los Capuchinos, uno de los espacios históricos destacados de Cubas de la Sagra.
En la Plaza de la Constitución se encuentra una curiosa fuente ornamental, relacionada simbólicamente con el propio nombre de la localidad.
La fuente está formada por un conjunto de tres cubas dispuestas en forma piramidal. De la cuba situada en la parte superior emerge un caño del que cae el agua hacia un pilón estrecho y alargado, que a su vez vierte en otro pilón perpendicular al anterior.
Estas cubas recuerdan uno de los elementos asociados tradicionalmente al topónimo de la localidad y a la antigua presencia de viñas y elaboración de vino en el municipio. Según algunas referencias, el conjunto se completaba con dos lagartos decorativos, integrados en el diseño de la fuente.
Salimos de la Plaza de la Constitución por la Calle Inmaculada, por la que caminaremos hasta encontrarnos con la Calle Real. Giraremos a la derecha hasta llegar a la Calle Sagrado Corazón, donde tomaremos a la izquierda para continuar hasta la Calle Livinio Stuyck, donde se encuentra la Casa de Espiritualidad Santa María de los Apóstoles - Antigua Fábrica de Tapices de San Antonio.
La actual Casa de Espiritualidad Santa María de los Apóstoles ocupa el edificio de la antigua Fábrica de Tapices de San Antonio, una construcción levantada hacia 1927 por la familia Stuyck, según proyecto del arquitecto Daniel Zabala Aguilar. Su origen está relacionado con la tradición tapicera de esta familia, vinculada desde el siglo XVIII a la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, y con la instalación en Cubas de la Sagra de una pequeña industria dedicada principalmente a la fabricación de alfombras de nudo.
La familia Stuyck había adquirido propiedades en Cubas tras los procesos desamortizadores del siglo XIX, quedando desde entonces ligada al municipio. Hacia 1920, Francisco Stuyck decidió instalar telares en una propiedad familiar de la calle de la Inmaculada, trasladando operarios desde Madrid para enseñar el oficio a trabajadores de la localidad. Poco después, hacia 1922, la actividad se trasladó al edificio construido expresamente para este fin, conocido como Fábrica de Tapices de San Antonio. En su etapa de mayor actividad llegó a emplear a cerca de un centenar de vecinos de Cubas, muchos de ellos trabajando a destajo.
La Guerra Civil supuso el final de esta etapa industrial. Al comenzar la contienda cesó la actividad de la fábrica y fueron destruidos los telares, el material almacenado y algunas alfombras antiguas de valor. Finalizada la guerra, el edificio no recuperó su función original, aunque durante los años cincuenta y sesenta algunos antiguos operarios continuaron fabricando alfombras en telares instalados en sus propias casas.
En 1953, las Misioneras Cruzadas de la Iglesia compraron el edificio a la familia Stuyck para instalar en él su noviciado, que hasta entonces se encontraba en Carabanchel. Las religiosas ocuparon la antigua fábrica en 1954 y, desde 1957, comenzaron a impartir clases de cultura general a jóvenes de la población. En 1965 se creó la Escuela-Hogar Santa María de los Apóstoles, destinada a la educación de niños de la provincia de Madrid que vivían en zonas alejadas de los centros escolares. Con el paso del tiempo, desaparecida aquella necesidad educativa y trasladado el noviciado, el edificio pasó a utilizarse como casa de espiritualidad y lugar de retiro.
Desde el punto de vista arquitectónico, se trata de un edificio de planta cuadrada, organizado en torno a un patio central y con dos alturas, aunque algunas zonas fueron ampliadas posteriormente. Su fábrica combina ladrillo visto y cajones de mampostería encalada, siguiendo una imagen muy característica de la arquitectura de inspiración toledana. También son de ladrillo las cornisas, los aleros y los recercados de los huecos, muchos de ellos colocados a sardinel. Las cubiertas son de teja curva, a dos aguas en las antiguas naves fabriles y a cuatro aguas en la zona destinada originalmente a vivienda.
En origen, el conjunto estaba formado por varias naves destinadas a la actividad fabril y por un cuerpo residencial situado en la fachada sur, prolongado hacia el patio central. En esta zona se construyó después la capilla, una vez instalado el edificio como casa religiosa. Las fachadas presentan una ordenación rítmica de vanos, en su mayoría de proporciones apaisadas, pensados para iluminar las antiguas naves de trabajo. El alzado principal conserva una composición cuidada, con puerta de acceso, balcón superior, cornisa de ladrillo y detalles decorativos que recuerdan el carácter representativo que tuvo el edificio.
El conjunto se encuentra rodeado por un jardín cerrado al exterior mediante una tapia realizada, al igual que el edificio, con cajones de mampostería encalada y ladrillo visto. Este espacio ajardinado, con arbolado, zonas de paseo y una fuente ornamental de piedra, contribuye a dar al lugar un ambiente recogido y tranquilo, acorde con su función actual como casa de espiritualidad. La presencia de estos jardines suaviza el carácter fabril original del edificio y ayuda a entender su posterior adaptación a usos religiosos, educativos y de retiro.
Desde el lugar anterior, regresamos al punto donde estaba estacionado el coche para conducir alrededor de dos kilómetros y medio hasta llegar a la Ermita de la Virgen de la Luna.
La primera piedra de esta ermita se colocó el 13 de mayo de 1982, en unos terrenos conocidos como El Pinar, donados por el Ayuntamiento. No obstante, las obras no comenzaron hasta el 15 de octubre de ese mismo año. La ermita fue bendecida el 19 de marzo de 1983 y se construyó gracias a donativos y préstamos solicitados por la Junta Directiva de la Hermandad a sus propios miembros y a una entidad bancaria.
Con el paso del tiempo, la afluencia de personas a la romería fue creciendo, por lo que se hizo necesaria la construcción de un pequeño salón multiusos y de los correspondientes servicios para mujeres y hombres. Estas nuevas dependencias fueron inauguradas durante la romería celebrada en 1991.
Las indicaciones para llegar a la ermita son visibles al comienzo del recorrido, aunque en el último tramo resultan escasas o inexistentes, salvo que no las viera durante mi visita. Por este motivo dejo sus coordenadas: 40º11'22"N 3º51'29"W / 40.189444, -3.858056.
Desde la Ermita de la Virgen de la Luna regresamos al casco urbano de Cubas de la Sagra para dirigirnos después al Monasterio de Santa María de la Cruz, más conocido como Monasterio de Santa Juana, situado aproximadamente a un kilómetro al sureste de la población, junto al camino de Santa Juana.
Su origen está unido a la tradición de las apariciones de la Virgen María a la joven pastora Inés Martínez Sánchez, ocurridas en marzo de 1449. Según esta tradición, la Virgen indicó el lugar donde debía levantarse una iglesia bajo la advocación de Santa María de la Cruz. Tras obtenerse la autorización del arzobispo de Toledo, se construyó una primera iglesia costeada por los vecinos.
La fama de los milagros atribuidos a la Virgen hizo que varias mujeres de Cubas y de los alrededores abrazaran la Orden Tercera de San Francisco. Primero se instalaron en una casa próxima a la ermita de San Blas y, más tarde, en 1464, se trasladaron al nuevo convento construido junto a la iglesia de Santa María de la Cruz.
A finales del siglo XV ingresó en el convento Juana Vázquez, natural de Azaña, la actual Numancia de la Sagra, que sería conocida como Sor Juana de la Cruz. Nombrada abadesa, impulsó la reforma de la comunidad con el apoyo del cardenal Cisneros, quien concedió al monasterio importantes privilegios en 1510. Gracias a donaciones, rentas y favores de nobles y devotos, el monasterio llegó a convertirse en uno de los principales propietarios de Cubas y en un centro religioso de gran prestigio en la comarca.
El conjunto original llegó a ser un amplio edificio conventual organizado en torno a un claustro, con iglesia, dependencias de clausura, sala capitular, sacristía, huerta, corral y otras construcciones auxiliares. La antigua iglesia destacaba por su amplitud y por la capilla mayor, levantada hacia 1540 a expensas de doña Teresa de Cárdenas. También sobresalía su cimborrio, cubierto exteriormente por un chapitel de pizarra con linterna.
Durante el siglo XIX comenzó la decadencia del monasterio. La desamortización de Mendizábal privó a la comunidad de buena parte de sus bienes, aunque el edificio no fue enajenado y las religiosas pudieron continuar en él. Desde entonces, su economía quedó muy reducida y dependió en buena medida del cultivo de la huerta, de las limosnas y de una hospedería abierta en el propio monasterio.
La Guerra Civil supuso la destrucción casi total del conjunto. Tras la salida de las monjas, el monasterio fue saqueado, perdió sus cubiertas y sufrió graves daños. Posteriormente, al ser utilizado como objetivo de prácticas militares, quedó reducido prácticamente a ruinas. Después de la contienda, la Dirección General de Regiones Devastadas encargó su reconstrucción al arquitecto Daniel Zabala Aguilar.
El proyecto de reconstrucción, redactado en 1942, no pretendió recuperar por completo el edificio original, sino levantar lo imprescindible para cubrir las necesidades de la comunidad. Las obras comenzaron hacia 1944 y finalizaron en 1948. Por este motivo, el conjunto actual conserva solo algunos elementos del antiguo monasterio, aunque mantiene la memoria de su trazado y de sus volúmenes principales.
En el exterior, el monasterio presenta sencillos volúmenes encalados, cubiertas de teja curva y una destacada espadaña de ladrillo visto, fruto de la reconstrucción de posguerra. Desde el patio lateral del convento se aprecia también el juego de cuerpos blancos y el chapitel que domina el conjunto.
La iglesia actual del monasterio se levantó en una zona distinta a la del antiguo templo, reduciendo considerablemente sus dimensiones. Presenta una nave sencilla y sobria, con arcos de medio punto, bancos dispuestos a ambos lados y un espacio litúrgico presidido por el altar mayor.
En el interior destaca la capilla dedicada a Santa Juana, con un altar dorado de inspiración neogótica presidido por la imagen de la religiosa. Este espacio recuerda la importancia que tuvo Sor Juana de la Cruz en la historia del monasterio y la devoción mantenida en Cubas desde hace siglos.
También se conserva en la iglesia una urna con los restos mortales de la beata Juana de la Cruz, abadesa del convento y figura central en la historia religiosa de Cubas de la Sagra. Su memoria ha permanecido unida al monasterio desde el siglo XVI, cuando su fama de santidad convirtió este lugar en uno de los principales centros de devoción de la comarca.

Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento, COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
![]() Ayuntamiento
Glorieta Gabino Stuyck, 3 28978 - Cubas de la Sagra Tfno: 91 814 22 22
Distancia a Madrid: 31,2 Km Municipios colindantes
Griñón EN COCHEDirigirse por la A42 hasta salida 17 (Polígonos industriales) y seguir indicaciones para llegar a la M-419 y por esta hasta Cubas de la Sagra ![]() AUTOBUSES460 Madrid (Plaza Elíptica)468 Getafe (Getafe Central) N807 Madrid (Atocha) |
