Torrejón de la Calzada, situado en la zona sur de la Comunidad de Madrid, junto a Torrejón de Velasco y muy cerca del límite con la provincia de Toledo, es un municipio pequeño y llano, vinculado históricamente a los caminos que comunicaban esta parte del sur madrileño. En esta visita recorremos su casco urbano, la iglesia parroquial y otros rincones sencillos que ayudan a entender su pasado rural.
El origen del topónimo Torrejón de la Calzada parece proceder de Torrejoncillo, nombre relacionado con su fundación por pobladores procedentes de Torrejón de Velasco. El añadido de la Calzada podría aludir a unas ventas situadas en la zona colindante con Torrejón de Velasco, junto al trazado de una posible calzada romana que habría comunicado Toledo con Alcalá de Henares.
Gentilicio: Torrejoncienses/as

El término municipal de Torrejón de la Calzada, a pesar de su reducido tamaño, conserva una notable riqueza arqueológica. Buena parte de los yacimientos documentados se localizan en el entorno del llamado valle de Humanejos, espacio relacionado con el antiguo despoblado del mismo nombre, cuyo territorio se extiende en gran medida por el actual término de Parla.
Entre estos restos destaca la denominada villa de Humanejos, que puede adscribirse a época romana imperial. En la zona se han encontrado materiales como restos de terra sigillata, elementos constructivos y un molino de mano circular conservado en el Ayuntamiento de Parla. También se ha relacionado con época romana la posible calzada que habría dado parte del nombre al municipio, cuyo trazado pudo comunicar el entorno de Madrid con Toledo, pasando por Getafe, Torrejón de la Calzada, Torrejón de Velasco e Illescas.
Aunque no puede afirmarse que el núcleo actual tenga un origen romano directo, sí parece probable que el territorio estuviera ocupado por asentamientos estacionales o pequeños enclaves vinculados al aprovechamiento agrícola y al tránsito por antiguos caminos. La existencia de una posible vía secundaria hacia Toledo, reutilizada en época medieval, refuerza esta idea de un espacio de paso, situado entre áreas de influencia importantes.
Durante la Edad Media, la zona debió conocer tanto la presencia musulmana como la cristiana. Su posición entre las cuencas del Guadarrama y del Tajo, dos espacios de gran valor estratégico, favoreció la existencia de pequeños enclaves rurales. Algunos pueblos cercanos, como Griñón, Cubas, Humanejos o Torrejón de Velasco, se han relacionado con fundaciones o poblamientos de origen musulmán.
Durante el Siglo XI, tras la conquista cristiana de Madrid en 1083 y la toma de Toledo en 1085 por Alfonso VI, toda la comarca quedó incorporada progresivamente al ámbito castellano. La zona de Torrejón de la Calzada formó parte de ese espacio de transición entre Madrid, Toledo y La Sagra, donde los antiguos caminos y los cursos fluviales seguían teniendo una gran importancia estratégica.
A partir de este momento comenzó la reorganización cristiana del territorio. No obstante, el actual núcleo de Torrejón de la Calzada todavía no aparece configurado como población diferenciada, aunque el entorno debió mantener pequeños asentamientos rurales o enclaves vinculados al camino.
Durante el Siglo XII, el territorio de Torrejón de la Calzada quedó integrado en la Tierra de Madrid. En esta misma área se encontraban otros lugares próximos como Casarrubuelos, Cubas, Griñón, Humanejos y Torrejón de Velasco, entonces conocido como Torrejón de Sebastián Domingo.
En la segunda mitad de siglo, la línea defensiva del Guadarrama, representada por castillos como Calatalifa, Canales u Olmos, fue perdiendo importancia, mientras ganaba peso la vía Madrid-Illescas-Toledo. Este desplazamiento del tráfico y de los intereses territoriales favoreció la repoblación de la comarca de La Sagra y de los espacios cercanos.
Aunque Torrejón de la Calzada aún no aparece como núcleo consolidado, el territorio formaba parte de un paisaje en proceso de reorganización, articulado por caminos, labores agrícolas y pequeños enclaves rurales.
Durante el Siglo XIII, la zona quedó claramente vinculada al alfoz madrileño. El documento de 1208, que fijaba los límites entre la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia y la Tierra de Madrid, mantuvo la adscripción madrileña de los pueblos del entorno de Torrejón de la Calzada, que no fueron objeto de litigio entre ambas jurisdicciones.
En 1222, por privilegio de Fernando III el Santo, el lugar quedó incluido dentro del alfoz de Madrid y, más concretamente, en el sexmo de Villaverde, uno de los tres distritos rurales que componían este territorio. En dicho sexmo se integraban también lugares como Villaverde, Casarrubuelos, Humanejos, Fuenlabrada, Getafe y Perales.
Este dato es importante porque diferencia la historia medieval de Torrejón de la Calzada de la de otros pueblos vinculados a la expansión segoviana. Aquí el peso principal correspondió a Madrid, dentro de su organización rural y jurisdiccional.
Durante el Siglo XIV, el entorno continuó vinculado a la Tierra de Madrid, aunque algunos núcleos próximos fueron cambiando de situación jurisdiccional. Torrejón de Sebastián Domingo, origen del actual Torrejón de Velasco, acabaría relacionado con la familia Velasco, lo que daría lugar al cambio de nombre de la localidad.
No hay constancia clara de que el núcleo actual de Torrejón de la Calzada existiera todavía como población estable. Sin embargo, el territorio seguía siendo utilizado por su valor agrícola, por los caminos que lo atravesaban y por su proximidad a lugares ya consolidados.
Es posible que en estos siglos existieran pequeños enclaves o dependencias rurales que más tarde quedarían despoblados. La documentación posterior hace referencia a la existencia de una antigua iglesia y de un lugar habitado antes de la fundación moderna, lo que sugiere una ocupación previa, aunque difícil de precisar.
Durante el Siglo XV, la zona aparece relacionada con varios yacimientos de época bajomedieval y moderna. Entre ellos se citan lugares como Carnicería de Santiago, Barro de Prado y Casilla, donde se han localizado restos cerámicos, tejas, ladrillos y, en algún caso, una necrópolis con tumbas de lajas de piedra.
También se documenta la existencia de la iglesia de San Cristóbal. En 1427, durante una visita ordenada por el arzobispo de Toledo a las parroquias de la región de Madrid, se menciona esta iglesia, situada en el término. El dato es muy significativo, porque se indica que el beneficio curado no se atendía de forma regular al no existir ya pueblo. Esto permite pensar que en el lugar hubo una población anterior que había quedado despoblada, conservándose únicamente el templo por la mayor solidez de sus materiales.
A finales de siglo, la familia Arias Dávila, señores de Torrejón de Velasco y más tarde condes de Puñonrostro, mantenía numerosos conflictos con el Concejo de Madrid. Estas tensiones serían fundamentales para entender el origen del actual Torrejón de la Calzada, pues Madrid apoyaba a quienes querían abandonar señoríos cercanos y establecerse bajo su protección.
Durante el Siglo XVI, se produjo el origen del actual núcleo de Torrejón de la Calzada. Hacia 1530, varios pobladores procedentes de Torrejón de Velasco decidieron establecerse en sus inmediaciones, junto a la antigua calzada y en una zona conocida por las ventas existentes. Entre los fundadores se citan nombres como Francisco de Pero Abad y Bartolomé de Harija.
El nuevo asentamiento, conocido entonces como Torrejoncillo de la Calzada, surgió en un contexto de fuerte tensión con los señores de Torrejón de Velasco, pertenecientes a la familia Arias Dávila o de Ávila. Los nuevos pobladores buscaron la protección del Concejo de Madrid y del Consejo Real, intentando evitar la dependencia señorial.
El pleito entre los condes de Puñonrostro, los vecinos de Torrejoncillo de la Calzada y el Concejo de Madrid permite conocer parte de los orígenes del pueblo. En las provisiones reales de 1531 y 1532 se recoge que el lugar había estado poblado antiguamente, que contaba con iglesia, ejido y dehesa, y que se habría despoblado por una epidemia de peste. En el momento de la nueva fundación ya se estaban levantando casas y existían doce o quince vecinos.
El núcleo nació, por tanto, como una pequeña población caminera, formada en torno a ventas, posadas o mesones situados junto al camino de Madrid a Toledo. Su posición favorecía el tránsito de viajeros, aunque nunca llegó a adquirir la importancia de otros pueblos cercanos.
Durante esta centuria, Torrejón de la Calzada no aparece en las Relaciones Topográficas de Felipe II, probablemente por su reciente fundación, su escaso tamaño o la persistencia de pleitos relacionados con su origen. Por comparación con los pueblos del entorno, puede deducirse que era una pequeña comunidad agrícola, asentada en un terreno llano, húmedo y dedicado sobre todo al cereal.
Durante el Siglo XVII, Torrejón de la Calzada siguió siendo un lugar muy pequeño, dependiente en muchos aspectos de su entorno más cercano. La falta de archivos municipales y parroquiales, agravada por el incendio del archivo municipal en 1708, dificulta conocer con detalle su evolución.
Los datos conservados indican una población estable y reducida. En 1643 se contabilizan 21 vecinos, y en 1694 la cifra asciende a 29. La mayor parte de sus habitantes se dedicaba a la labranza, con una economía basada en cultivos cerealistas y en una ganadería muy limitada.
Durante esta centuria no parece que se produjeran grandes cambios urbanos. El caserío debió mantenerse modesto, con construcciones de tapial, ladrillo, piedra ocasional y cubiertas de teja o paja, semejantes a las de otros pueblos de la zona de La Sagra madrileña.
Por su situación junto a un importante eje de comunicación, el pueblo pudo sufrir las consecuencias del paso de tropas, viajeros y cargas, especialmente en momentos de conflicto. El vecino castillo de Puñonrostro, en Torrejón de Velasco, siguió teniendo importancia en la comarca, aunque Torrejón de la Calzada permaneció como un núcleo menor, agrícola y caminero.
Durante el Siglo XVIII, las fuentes documentales permiten conocer mejor la realidad de Torrejón de la Calzada. El Catastro de Ensenada, de 1751, describe el pueblo como un lugar de realengo perteneciente a la jurisdicción de la Villa de Madrid. Lindaba al norte con el despoblado de Humanejos y al sur con el de Moratalaz.
En esta fecha contaba con una población muy reducida: alrededor de 24 vecinos, aunque el libro de personal menciona 34 de todas clases. Habitaban en unas 26 o 28 casas de pobre construcción, dedicándose sobre todo a la agricultura y, en menor medida, al pastoreo. La tierra producía trigo, cebada, centeno, avena, garbanzos, guisantes, habas y algarrobas, además de algunos frutos de viñas, olivares y árboles frutales.
El pueblo disponía de pocas propiedades comunales. Contaba con un prado, en parte perteneciente al municipio y en parte al conde de la Oliva, aunque estaba arrendado. La ganadería se reducía a algunas cabezas de lanar y al ganado de labor.
La iglesia de San Cristóbal no tenía sacerdote propio, sino que dependía de Torrejón de Velasco, desde donde acudía un cura en los días festivos para celebrar misa y administrar los sacramentos. También de Torrejón de Velasco procedían servicios básicos como el médico o el cirujano, lo que refleja la fuerte dependencia cotidiana entre ambos municipios.
La Descripción de Lorenzana, de 1786, confirma esa situación modesta. La población había aumentado hasta unos treinta vecinos, todos ellos del estado llano y dedicados al campo, aunque algunos complementaban sus ingresos con el acarreo de paja a Madrid. El municipio carecía de industria, de comercio relevante, de médico, de boticario y de escuela propia, por lo que los niños acudían a Torrejón de Velasco para recibir enseñanza.
Pese a estas carencias, se menciona la existencia de una ermita dedicada a San Antonio Abad y de la fuente de la Peñuela o Pañuela, muy apreciada por la calidad de sus aguas. Esta fuente, situada cerca del núcleo y rodeada antiguamente por álamos blancos, fue valorada incluso por médicos de la época por la suavidad de sus aguas.
En estos años, el pueblo seguía siendo conocido coloquialmente como Las Ventas de Torrejón, recuerdo de su origen caminero y de las antiguas posadas que habían dado forma al asentamiento.
Durante el Siglo XIX, Torrejón de la Calzada inició la centuria bajo los efectos de la Guerra de la Independencia. Su situación junto a la vía de comunicación entre Madrid y Toledo hizo que el pueblo fuera ocupado y devastado por las tropas francesas, que posteriormente lo abandonaron.
Tras la guerra, la población se mantuvo muy reducida. Sebastián Miñano menciona 29 vecinos y 110 habitantes hacia el final del primer tercio de siglo. El pueblo seguía vinculado a la provincia de Madrid y al partido judicial de la capital, aunque mantenía dependencia eclesiástica del arzobispado de Toledo y su parroquia continuaba como anejo de la de Torrejón de Velasco.
La reforma territorial de Javier de Burgos, en 1833, incorporó definitivamente la localidad a la provincia de Madrid dentro de la nueva división provincial. Esta reforma tuvo especial importancia en la comarca, porque dividió la antigua unidad histórica de La Sagra entre Madrid y Toledo, quedando el sector norte como la llamada Sagra madrileña. Más adelante, Torrejón de la Calzada quedó integrado en el partido judicial de Getafe.
A mediados de siglo, Pascual Madoz describe el municipio con 32 vecinos y 194 habitantes. El caserío estaba formado por unas treinta casas de inferior construcción y escasas comodidades, distribuidas en varias calles elementales. En las afueras se encontraban el cementerio y una fuente de buenas aguas. Junto a la iglesia parroquial de San Cristóbal se citan edificios básicos como la casa del Ayuntamiento, la cárcel y la escuela de primeras letras.
La economía seguía siendo agrícola, basada en cereales, legumbres y algo de ganadería de labor. La carretera de Madrid a Toledo continuaba siendo el principal eje de comunicación, mientras que los caminos vecinales enlazaban el pueblo con las localidades próximas.
A finales de siglo, el número de casas había aumentado hasta unas 49, aunque la población seguía siendo modesta. Se mencionan entonces tres ermitas: San Nicolás, Buen Camino y Vera Cruz, además de la casa rectoral, dos posadas y la escuela de instrucción primaria para niños de ambos sexos.
El núcleo urbano se organizaba en torno a pocos ejes: la calle Real, correspondiente a la carretera de Toledo; la calle de San Antonio, actual vía hacia Torrejón de Velasco; y un tercer eje vinculado a la plaza de la Constitución, donde se encontraba el Ayuntamiento. No era un casco compacto, sino un asentamiento alargado y algo disperso, con grandes vacíos, huertas y construcciones separadas.
La arquitectura popular estaba formada por casas sencillas de tapial, ladrillo o piedra, encaladas o revestidas, con corrales, patios interiores, cubiertas de teja árabe y grandes portones para carros y caballerías. Esta imagen rural, austera y blanca, vinculaba Torrejón de la Calzada con otras poblaciones de la comarca de La Sagra.
En 1862 se proyectó la carretera de tercer orden entre la carretera de Toledo y Torrejón de Velasco, pasando por Torrejón de la Calzada. Esta vía mejoró la comunicación entre ambos municipios y facilitó la salida de productos agrícolas, especialmente en épocas de lluvia, cuando los caminos eran difíciles de transitar.
Durante el Siglo XX, Torrejón de la Calzada mantuvo durante décadas un crecimiento lento pero constante. En 1900 contaba con 171 habitantes, cifra que apenas varió hasta 1930. Tras la Guerra Civil, la población aumentó ligeramente, alcanzando 204 habitantes y llegando a 232 a mediados de siglo.
Durante la Guerra Civil, el pueblo fue tomado por las tropas sublevadas en octubre de 1936, dentro de las operaciones que afectaron a varios municipios del sur madrileño. Como en otros pueblos de la zona, la posguerra estuvo marcada por la reparación de desperfectos, la instalación de servicios básicos y la construcción de pequeñas dotaciones públicas.
En estos años se levantaron las escuelas de una sola clase, que sirvieron al municipio hasta la construcción del antiguo colegio San José junto a la iglesia parroquial. También pertenecen a esta etapa la pequeña clínica de la plaza del Ayuntamiento y la Casa Consistorial en su aspecto tradicional, antes de las ampliaciones posteriores.
El Ayuntamiento, de carácter popular, se convirtió en uno de los edificios más representativos del pueblo. Consta de dos plantas, muros de ladrillo encalado y piedra, cubierta inclinada de teja curva y un soportal de arcos de medio punto apoyados en gruesos pilares. Su presencia da personalidad a la plaza y conserva una imagen muy reconocible del antiguo Torrejón de la Calzada.
También en la posguerra se abordaron actuaciones forestales, como la creación del coto escolar Emilio Alvargonzález, con pino piñonero, en un municipio prácticamente carente de arbolado.
A partir de los años cincuenta y sesenta comenzó una lenta transformación. La vivienda unifamiliar empezó a crecer de forma moderada, especialmente en torno a la avenida de José Antonio y las vías principales. En los años setenta, el crecimiento se intensificó: la población pasó de 473 habitantes a 748 en 1981, y siguió aumentando en la década siguiente hasta superar los 1.500 habitantes en 1991.
En 1976 se redactaron unas Normas Subsidiarias que preveían el crecimiento del municipio en torno al antiguo casco, la carretera de Toledo, la M-404 y el camino hacia Torrejón de Velasco y Cubas. También se reservaron áreas para usos industriales, terciarios, equipamientos y zonas verdes.
Durante las décadas finales del siglo XX aparecieron nuevas dotaciones, como el gimnasio o polideportivo cubierto, la ampliación del Ayuntamiento y diversos equipamientos sociales y culturales. La ampliación de la Casa Consistorial, realizada en los años ochenta, respetó las características del edificio original y añadió nuevos espacios municipales, entre ellos el salón de plenos.
El casco urbano comenzó a transformarse con rapidez. La antigua carretera de Toledo, que atravesaba la población, actuaba como eje principal pero también como barrera interna. El crecimiento se produjo en varios sectores poco articulados entre sí, mediante viviendas unifamiliares, bloques de vivienda colectiva, pequeñas promociones y áreas industriales situadas junto a las principales vías de comunicación.
La agricultura, aunque todavía ocupaba buena parte del término municipal, fue perdiendo importancia frente a la construcción, la industria y los servicios. Muchas tierras quedaron sin cultivar a la espera de cambios de uso, mientras surgían fábricas, invernaderos, instalaciones industriales y nuevos desarrollos residenciales.
En las primeras décadas del Siglo XXI, Torrejón de la Calzada ha continuado su transformación en un municipio residencial e industrial del sur metropolitano madrileño. Su situación junto a importantes vías de comunicación, especialmente la antigua carretera de Toledo y la M-404, ha favorecido el crecimiento urbano, la llegada de nueva población y la implantación de actividades industriales y terciarias.
Las Normas Subsidiarias aprobadas en 2001 intentaron ordenar este crecimiento, adaptándose a las previsiones regionales y a la inclusión del municipio, junto con Cubas de la Sagra y Casarrubuelos, en una propuesta de desarrollo conjunto vinculada a la idea de una ciudad lineal. El objetivo era mejorar la conexión entre estos núcleos, ordenar los nuevos ensanches, reservar suelo para equipamientos y proteger ciertos valores patrimoniales y ambientales.
El municipio ha seguido creciendo mediante promociones de vivienda unifamiliar, nuevas áreas residenciales, suelo industrial y dotaciones públicas. Entre los equipamientos recientes destacan el nuevo polideportivo cubierto, el centro de salud, nuevos centros educativos, espacios socioculturales y zonas verdes.
Al mismo tiempo, la expansión urbana ha provocado la pérdida de buena parte de las antiguas tipologías rurales. Las casas tradicionales, los grandes portones, los patios, las huertas y los vacíos interiores han ido desapareciendo o quedando como pequeñas supervivencias dentro de un tejido urbano cada vez más transformado.
Hoy Torrejón de la Calzada conserva pocas huellas visibles de su pasado, pero mantiene elementos significativos como la iglesia parroquial de San Cristóbal, la Casa Consistorial, la fuente de la Peñuela, algunos restos de arquitectura popular y la memoria de su origen vinculado a los caminos, las ventas y la antigua relación con Torrejón de Velasco.
Su historia resume la evolución de muchos pueblos pequeños del sur madrileño: de lugar agrícola y caminero, nacido junto a una antigua vía de comunicación, a municipio residencial e industrial integrado en la dinámica metropolitana de Madrid.

Comenzamos la visita dejando estacionado el coche en la confluencia de la Calle de la Iglesia con la Calle de 12 de Octubre, en un pequeño solar habilitado como parking, aunque en días de lluvia no muy recomendable por el barro que puede haber.
La Iglesia Parroquial de San Cristóbal Mártir se encuentra en una posición algo apartada respecto al actual centro administrativo de Torrejón de la Calzada, situada junto a la carretera de Torrejón de Velasco y en el extremo oriental del núcleo urbano. Esta ubicación resulta llamativa, ya que el templo no forma conjunto inmediato con la Plaza de España ni con el Ayuntamiento, como suele ocurrir en muchos pueblos madrileños.
Aunque el edificio que ha llegado hasta nuestros días fue prácticamente rehecho a mediados del siglo XX, sus orígenes son mucho más antiguos. Según recoge la documentación histórica, en este lugar existía ya una iglesia o pequeña ermita antes de la propia formación de Torrejón de la Calzada como núcleo poblado en la primera mitad del siglo XVI. Un documento de 1427, correspondiente a una visita eclesiástica ordenada por el arzobispo de Toledo, menciona ya la existencia de una iglesia dedicada a San Cristóbal en un lugar entonces despoblado.
Aquel primer templo debió de ser una construcción de tradición mudéjar toledana, sencilla y de dimensiones reducidas, posiblemente formada por una nave rectangular y una cabecera poligonal. Según las hipótesis recogidas por el COAM, sus muros combinarían ladrillo y cajones de mampostería, con una cubierta de madera. De aquel edificio primitivo se habrían conservado algunos elementos o materiales integrados posteriormente en las ampliaciones del templo.
Tras la fundación de Torrejón de la Calzada, la iglesia fue reformada y ampliada durante los siglos XVI, XVII y XVIII. En el siglo XVI se añadió una nave más amplia y se enriqueció el templo con nuevos elementos litúrgicos. Entre ellos destaca un retablo donado en 1545 por el presbítero Diego Martínez Abad, descendiente de uno de los fundadores del lugar. En el siglo XVII se construyó la Capilla de la Purísima Concepción, también conocida como Capilla de los Fundadores, costeada por Andrés Enríquez de Villegas, catedrático de Prima de Teología en la Universidad de Alcalá de Henares y descendiente asimismo de los primeros pobladores.
Durante los siglos siguientes, el edificio fue acumulando añadidos, capillas y transformaciones interiores. La planta, según los planos de 1862, mostraba ya un templo de nave única, cabecera ligeramente poligonal y varias dependencias laterales, resultado de las sucesivas ampliaciones. A finales del siglo XIX se describía como una iglesia espaciosa, con varios altares, entre ellos el mayor y el de la Purísima Concepción.
A comienzos del siglo XX, sin embargo, el estado de conservación del edificio era delicado. Los muros presentaban grietas y desplomes, especialmente en el ángulo sureste, por lo que fue necesario colocar refuerzos provisionales. Durante la Guerra Civil, la iglesia fue utilizada como lugar de atrincheramiento y sufrió daños por fuego de artillería, lo que agravó notablemente su deterioro y dejó el conjunto en peligro de ruina.
En 1943, el arquitecto Gaspar Blein Zarazaga redactó un primer proyecto de reconstrucción, centrado en recuperar los elementos más característicos del antiguo edificio y reforzar su estructura. Sin embargo, la falta de recursos económicos del municipio, que en 1940 contaba con apenas 204 habitantes, hizo que aquel expediente quedara paralizado.
La reconstrucción definitiva llegó entre 1959 y 1960, bajo la dirección del arquitecto Javier Barroso Sánchez-Guerra, ya por encargo del Obispado de Madrid-Alcalá. En esta intervención se rehizo prácticamente la iglesia, especialmente la fachada principal, los muros laterales, parte del presbiterio, la capilla contigua y todas las cubiertas. También se reconstruyó la espadaña y se abrió la actual portada principal en el muro de los pies, ejecutada en ladrillo y piedra. Con ello, esta entrada pasó a asumir el papel de acceso principal del templo dentro de la reorganización realizada a mediados del siglo XX.
El aspecto actual del edificio responde, por tanto, a esa reconstrucción de mediados del siglo XX, aunque mantiene una imagen historicista inspirada en la arquitectura tradicional madrileña. Sus fachadas combinan ladrillo visto y mampostería de piedra, con verdugadas y recercados de ladrillo que organizan los paramentos. Destaca la fachada principal, situada a los pies del templo, con la espadaña de ladrillo reconstruida, sus dos vanos para campanas y una portada de madera protegida por un pequeño pórtico cubierto con teja curva y apoyado sobre columnas.
En el lateral de la Epístola se conserva además un segundo acceso porticado, integrado en el cerramiento del recinto. Este elemento contribuye a reforzar la imagen tradicional del conjunto, aunque la portada principal actual se sitúa en la fachada de los pies.
A pesar de su reconstrucción moderna, la Iglesia de San Cristóbal Mártir conserva una notable importancia histórica para Torrejón de la Calzada, no solo por ser el principal edificio religioso del municipio, sino también porque su emplazamiento remite al antiguo núcleo anterior a la consolidación urbana del pueblo actual.
Desde la iglesia se tienen dos opciones para conocer los rincones más significativos del pueblo. La primera consiste en dejar estacionado el coche donde lo dejamos al inicio de la visita y recorrer a pie los aproximadamente tres kilómetros de ida y vuelta necesarios para completarla. Para ello, seguiremos caminando por la Calle de la Iglesia hasta encontrarnos con la Calle de 12 de Octubre, donde giraremos a la derecha. Continuando por esta última calle llegaremos a la Plaza de España, totalmente peatonal, donde se encuentra el Ayuntamiento.
La segunda opción, no recomendable salvo en caso de calor intenso, sería estacionar el coche por las inmediaciones de la Calle Real y llegar caminando hasta la Plaza de España, toda vez que encontrar lugar de aparcamiento en las calles adyacentes a la plaza es bastante complicado.
El edificio, identificado en su fachada como Casa Consistorial, presenta una composición sencilla, con soportales en la planta baja, balcón central y cubierta de teja. Sus muros aparecen enfoscados en blanco, con zócalo de piedra en la parte inferior.
Aunque no se trata de un edificio monumental, forma parte del centro administrativo del municipio y constituye uno de los puntos de referencia de la visita.
Desde la Plaza de España salimos a la Calle Real, donde giraremos a la derecha para encontrarnos, en el número 23 de la misma, con la Casa de la Cultura, construida en 1991 bajo proyecto del arquitecto Rodrigo Guarch Gil.
El edificio presenta una fachada de composición simétrica, organizada en torno a un cuerpo central ligeramente destacado, donde se abre un gran arco bajo el reloj. A ambos lados se disponen galerías porticadas y balcones con arquerías, apoyados sobre columnas blancas, que aportan al conjunto una imagen historicista con ciertos ecos neomudéjares o neoárabes.
En sus fachadas se combinan paños enfoscados en blanco con ladrillo visto y recercados decorativos de carácter geométrico, buscando una apariencia tradicional y ornamental. Aunque se trata de una construcción contemporánea, su diseño recurre a elementos como los soportales, los arcos, la cubierta de teja y el reloj del cuerpo central para dotar al edificio de mayor presencia urbana.
En su interior se ubica un gran salón de actos, con una capacidad cercana a las 400 personas, además de aulas donde se imparten cursos de idiomas, manualidades y otras actividades culturales.
Desde la Casa de la Cultura continuamos caminando, procurando cruzar a la acera opuesta, para que en la primera rotonda que encontremos podamos girar a la derecha por el Camino de Cubas. Seguiremos por este camino hasta llegar a la Calle Altair, donde giraremos a la izquierda, para encontrarnos de frente, después de cruzar la Calle Aldebarán, con la Fuente de la Peñuela.
Este antiguo punto de agua aparece ya mencionado en el siglo XV, según recoge el COAM, lo que permite relacionarlo con los lugares tradicionales de abastecimiento del municipio. A lo largo del tiempo ha sufrido numerosas transformaciones, aunque su función original fue la de suministrar agua a los habitantes del entonces pequeño núcleo de Torrejón de la Calzada.
El conjunto actual presenta una estructura sencilla, formada por un frente de piedra de trazado ligeramente curvo, del que parte el caño principal, con una pequeña pila situada bajo el mismo. Delante se disponen dos pilones sucesivos de piedra; el más alejado, por su mayor desarrollo y disposición, podría corresponder al antiguo espacio utilizado como lavadero.
A pesar de las reformas sufridas y de su aspecto actual, la fuente mantiene un notable valor como testimonio de la vida tradicional del municipio, cuando estos espacios cumplían una función práctica esencial relacionada con el abastecimiento de agua, el lavado de ropa y las tareas cotidianas de los vecinos.

Fuentes: Folletos Comunidad de Madrid, WEB Ayuntamiento, COAM, ChatGPT y Paneles explicativos
![]() Ayuntamiento
Plaza de España, 3 28991 - Torrejón de la Calzada Tfno: 91 816 00 01
Distancia a Madrid: 29,3 Km Municipios colindantes
Parla EN COCHEDirigirse por la A42 hasta salida 26 Torrejón de la Calzada ![]() AUTOBUSES460 Madrid (Plaza Elíptica)463 Madrid (Plaza Elíptica) 464 Madrid (Plaza Elíptica) 466 Parla (C/Real) |
